jueves, 28 de octubre de 2010

Un mártir crusantero

Medio revueltas bajan las aguas en Los Realejos. Sobre todo las que proceden de La Cruz Santa. Y si al menos pudiesen ser aprovechadas en la balsa, nos quedaríamos satisfechos porque este bien escaso debe mimarse en exceso. Pero, desgraciadamente, no se trata del líquido elemento sino de la batalla electoral ya abierta de manera desenfadada. Nuestro alcalde sigue culpando a diestro y siniestro pues observa que el vivero se le puede secar. Intuye que no las tiene todas consigo y reparte cachetones por doquier. Eso sí, él no fue.
Ya hemos comentado, y en diferentes medios lo hemos podido seguir, el afer de ese controvertido proyecto que nadie, sin embargo, sabe bien de qué se trata. Oswaldo pretende vender el de un conjunto de medidas tal que el populoso barrio va a cambiar su fisonomía de una manera radical. Lo ha manifestado por activa y por pasiva en cuanto medio de comunicación se ha puesto a su alcance. No obstante, dado que los grupos de la oposición manifiestan sin cortapisas de ningún tipo que no es oro todo lo que se vende, entiendo que se impone –no es la primera ocasión que lo propongo– un ménage à trois (sin connotaciones sexuales) dado que el tête à tête parece no funcionar. De tal suerte, exponiendo ideas cada cual y debatiéndolas en lugar conveniente, puede que obtengamos conclusiones que nos permitan primero discernir y luego debatir y opinar con el debido conocimiento de causa.
En la última –¿o penúltima?– aparición escrita, Amaro persiste, erre que erre, en que Domínguez y Regalado son unos demonios no dispuestos a que les practiquen un exorcismo. Y uno, ignorantón perdido, no se imagina a dos líderes políticos con serias aspiraciones a desbancar este (des)gobierno de CC, enfrascados en hacer todo lo posible por perder una masa significativa de votos. Por lo que me inclino a pensar que el alcalde oculta datos importantes y que por enigmáticos intereses quiere guardar a buen recaudo. Me gustaría –creo que a todos los realejeros también– que desde la alcaldía se respondiera, abiertamente y sin tapujos, a las sugerentes preguntas que Manuel Domínguez le lanza en su última misiva titulada ‘Amaro, un mártir de La Cruz Santa’, y que me dio pie para titular esta entrada del blog. Hay cuestiones que los realejeros (sobre todo los vecinos de La Cruz Santa) necesitamos estar al tanto. El silencio de Oswaldo solo viene a acrecentar nuestras dudas. Y la callada por respuesta, me temo dé la razón y la legitimidad a quienes se han opuesto a esa nueva aventura que afectaría muy gravemente las ya depauperadas arcas municipales.
Partido Popular y Partido Socialista castigan a La Cruz Santa, alegan los de Coalición Canaria. Y aquellos retan a estos a que expliquen el porqué no se han acometido diversas actuaciones dentro del propio núcleo en litigio. Yo tengo mi propia teoría para estas cuestiones. Cuando un equipo no es tal, cuando la mediocridad es moneda de cambio, cuando al propio jefe de filas parece fallarle la memoria, cuando la apatía y la desgana (menos a la hora de cobrar) se han adueñado del conjunto (algo así como lo del Tenerife en el fútbol), ni siquiera un fichaje estrella va a salvarnos del desaguisado. Y entiendo, asimismo, que el propio comité local de CC le ha visto las orejas al lobo y se debate en un mar de dudas. Cuánta razón tenías, Isaac, en aquella conversación sostenida en La Marzagana hace ya unos cuantos años. Por razones obvias, tú lo conoces mejor que yo.
Una cuestión postrera: este asunto crusantero parece haber contagiado a Oswaldo Amaro de la teoría de su pupilo Tomás Pérez. A saber, los socialistas no hicieron nada. No le bastó, por lo visto, con el enorme listado que le presentaron los ediles que llevaron a cabo la difícil tarea de iniciar la radical transformación de este municipio desde aquel lejano 1979. Puede que aún no haya terminado su lectura. Lo que sería buen síntoma. Como en algo tuve la oportunidad de intervenir, debo alegar en mi descargo que si de algo me arrepiento es de haber sido partícipe del inicio de la construcción del actual edificio que alberga las Casas Consistoriales. Porque lo mismo que le ocurrió a José Vicente González (despachitis acomodaticia y aguda) parece padecer el actual alcalde, enfermedad a la que se le suman otras bien conocidas por todos y que le hacen retirase del terreno de juego en los momentos más inoportunos dejando al equipo en inferioridad de condiciones (¿más todavía?). Me temo que vayan a bajar de categoría para la próxima temporada. Y en vez de jugar con la UD Realejos, lo hagan con la UD Cruz Santa. Con vehemencia deseo que no reciban patadas y que ellos utilicen el fair play que ustedes no han sabido aplicar.
Hasta mañana.