sábado, 13 de noviembre de 2010

Recuerdos

Hace ya un tiempo comenté algo de la digitalización de la hemeroteca de La Vanguardia. Y creo recordar que aludí a ciertos temporales habidos en Tenerife en décadas pasadas. Hoy te traigo unas pinceladas –las entiendo de interés– que nos relatan informaciones de estos peñascos y que el periódico catalán se hizo eco en aquel entonces. Proceden de la desparecida agencia Cifra.
La añoranza de una vida entre plataneras (Casona de La Gorvorana) y los frescos de Bonnín allí existentes (espero) me indujeron a este primera:
El pintor acuarelista tinerfeño Francisco Bonnín, presenta unas cuantas acuarelas que reproducen distintos aspectos del paisaje, vario y polícromo, de la isla de Tenerife (Canarias). No es la primera vez que Francisco Bonnín expone algunas de sus obras en nuestra ciudad, y es por eso que no vamos ahora a enjuiciar su destacada personalidad artística, por ser ésta sobradamente conocida y justipreciada de cuantos se interesan por el bello arte de la pintura y la acuarela. En su actual exposición, Bonnín nos ofrece varios apuntes muy logrados  que el artista ha realizado teniendo por escenario la visión magnífica del Realejo Alto (Tenerife). Estas composiciones de Bonnín reflejan fielmente en su colorido toda la radiante luminosidad del ambiente donde han sido creadas. El artista se siente atraído, sugestionado por esa claridad y esa luz que fluye por doquier del paisaje de su tierra, y con raro acierto la capta, y reproduce impecablemente en sus cuadros. De ahí esa sensación de realidad viva que estas acuarelas de Bonnín, con su pureza de líneas y pulcritud de colorido, nos producen. El pintor detalla vigorosamente todos los rasgos característicos del modelo que tiene ante sus ojos y recoge con fidelidad los contrastes de tono que le ofrece tan pródigamente ese alucinante tornasol, ebrio de luz, que es el paisaje tinerfeño. Entre las obras expuestas, merecen citarse las que el artista titula “El valle del Realejo”, “Lavanderas”, “El lagar de la Piñera” y “Vendimiador de la Cruz Santa”. (28 de febrero de 1936, página 9)
En un accidente acaecido en La Palma durante el transcurso de unas prácticas militares, se vieron involucrados, entre otros, unos realejeros:
Santa Cruz de La Palma, 10.
Un brigada, un sargento, dos cabos y nueve soldados del batallón de infantería La Palma, número 39, de guarnición en esta plaza, han resultado heridos cuando realizaban unas prácticas esta mañana en los Guinchos de Bajamar. Al ser lanzada una bomba tipo “Lafite”, hizo explosión antes de tiempo, alcanzando a trece hombres que fueron trasladados al hospital de los Dolores, de esta ciudad. Los heridos, son: El brigada Pablo Dorta Luis, herido leve; el sargento Eusebio Guillerat Carrasco, menos grave; los cabos Manuel Plasencia Pérez de Realejo Bajo, menos grave, y José Maderas González, del Puerto de la Cruz, leve, y los soldados Salvador García Quintero, de Realejo Alto, menos grave; Sebastián González León, de Adeje, leve; Pablo Hernández Méndez, de Güímar, leve; Ángel González Felipe, de Realejo Bajo, leve; Santuario Hernández González, de La Victoria, leve; Julio Guanche, de Tacoronte, leve; Bartolomé Hernández Ramos, de Tejina, grave; Aurelio Gómez Benítez de Güímar, leve, y José Hernández Cabrera, de Tejina, leve. (11 de julio de 1951, página 4)
Va la tercera de un óbito:
Fallecimiento de una centenaria
Santa Cruz de Tenerife, 17. En la localidad de Realejo Bajo, al norte de la isla, falleció la vecina Lucía Luis González, de 101 años. Deja siete hijos, veintisiete nietos, setenta y siete biznietos y cuatro tataranietos. (18 de enero de 1954, página 4)
Y la última, de la labor turística en Tenerife:
Santa Cruz de Tenerife, 12. El Cabildo Insular, organismo que tiene a su cargo la orientación turística en Tenerife, esta realizando una meritoria labor. Está en marcha un plan de construcción de paradores y miradores que jalonan los diversos circuitos turísticos de Tenerife. En Vistabella, kilómetro cinco de la carretera de Santa Cruz a La Laguna, se halla en plena ejecución un balcón mirador desde el que se divisa el panorama de la capital con el puerto, sobre la amplia planicie ribereña, con el fondo de la abrupta cordillera de Anaga. En Las Mercedes, además de los miradores de La Cruz del Carmen y Pico del Inglés desde los que se divisan las dos vertientes de la isla y los valles que descienden hacia Tahodio y Punta del Hidalgo, se proyecta otro más hacia el naciente, en la ruta de Taganana. Además, en la carretera norte, se construirá uno en El Pinito, desde donde podrá contemplarse todo el famoso valle de la Orotava, con su grandioso panorama, y en las lomas de Tigaiga, lugar opuesto del mismo valle, será construido otro en la Cruz de la Corona, que tendrá acceso por la carretera de los Realejos a Icod el Alto y la Guancha. También en la carretera de Icod a El Tanque se proyecta otro desde el que se divisará Garachico, con la corriente de lava que cegó su puerto. Además de estos miradores situados en los lugares más estratégicos de la isla, el programa del Cabildo insular comprende la instalación de cinco paradores restaurantes. Uno de ellos estará en el pintoresco monte de las Mesas; otro se instalará en la Cruz del Carmen, y un tercero en el Monte de la Esperanza, cerca del lugar conocido por “Las Raíces”, lugar histórico, ya que allí, poco antes de la iniciación del glorioso Movimiento nacional, el general Franco, entonces, comandante general del archipiélago, se reunió con los jefes y oficiales de la guarnición de Tenerife. Por último, figura en el esbozado plan del Cabildo la construcción de cinco paradores hoteles. Finalmente, en las Cañadas del Teide se está construyendo por la Dirección General de Turismo el más importante de los paradores de Tenerife, sobre el llano de Ucanca, de extraña y magnífica belleza, frente al famoso volcán. Esta obra se debe a la iniciativa del ministro de Información, señor Arias Salgado, y del subsecretario del mismo Departamento, señor Cerviá. (13 febrero 1954, página 3)
Seguiremos indagando. Mañana, la crónica del accidente de un camión en Las Cañadas. De lo tiempos en que estos vehículos transportaban excursionistas sentados en unas tablas dispuestas en sus carrocerías. Eran típicas las que iban a Candelaria. Y el amigo Salvador García me señala que su madre, aún soltera, iba en el camión siniestrado, que conducía el padre de Cristóbal Díaz Tena (y de Nenita, y de Miguel, y de Elicio, y de Tito…). Feliz fin de semana.