viernes, 31 de diciembre de 2010

La Gomera en el recuerdo (10)

“Los campesinos de la isla se comunican a grandes distancias mediante silbidos estridentes cuyas inflexiones y sonidos permiten expresar todas las ideas y mantener animados diálogos. No se trata de la emisión  de sonidos convencionales, sino de palabras y frases completas que constituyen un verdadero lenguaje de abundante y variada terminología. Las palabras cortas se hacen más sonoras para facilitar la audición mediante un prefijo que las alarga y aclara. Cada silbador posee su estilo característico, como cada persona su forma habitual de expresarse. Una habilísima combinación de los labios, la lengua y los dedos de ambas manos produce el vibrante sonido que, a veces, recorre distancias superiores a los cuatro kilómetros.
El hacerse entender por medio del silbido depende de una práctica que se remonta a varias generaciones, ya que este lenguaje se transmite de padres a hijos como el más frecuente y eficaz medio de comunicación entre quienes se encuentran separados por los profundos barrancos de la isla o realizando labores agrícolas en parajes solitarios, a distancia considerable del hogar o de los núcleos urbanos. Se aprende el silbo en la niñez, como se aprende a hablar articulando torpemente los primeros vocablos. La técnica es difícil hasta conseguir adiestrarse en el lenguaje, mediante tres etapas: ‘aclarar el silbo’, primero; ‘explicarlo’, luego, y, por último, ‘educar el oído’. Las mujeres se expresan también por este curioso procedimiento, pero los hombres alcanzan mayores distancias. Cuando la mujer gomera se adiestra en el lenguaje silbado, percibe más claramente que el hombre la articulación de los sonidos y las modulaciones de las frases.
Se desconoce el origen de este lenguaje silbado de los gomeros; tan arcaico, sin embargo, que al pisar los conquistadores españoles tierra isleña los aborígenes silbaban en guanche, haciéndolo en la lengua de Castilla cuando el contacto con los peninsulares les permitió familiarizarse con nuestro idioma. Las antiguas fuentes narrativas sobre la conjuración y muerte de Hernán Peraza, señor de la Gomera, por los naturales de la isla, interrumpiendo trágicamente su idilio con la hermosa indígena Iballa, demuestran que los conjurados acudieron a la llamada que en lenguaje silbado les hacían los promotores del suceso.
El ilustre antropólogo francés doctor Verneau, que investigó durante muchos años las fuentes históricas del archipiélago canario, dejó escritas sus impresiones sobre el lenguaje silbado de la Gomera: Al comenzar mi viaje por esta isla –escribe– oía silbar en todas direcciones. Primero creí que se trataba de simples señales convenidas; pero no tardé en observar que los sonidos variaban en su timbre, ritmo, etc., siendo ora suaves, melodiosos, graves, agudos, desgarradores; otra cadenciosos, imperativos, como si el hombre que los emitía comunicara órdenes; ya, por fin, tristes, suplicantes. Hallábame deseoso de penetrar ese misterio, sin sospechar todavía la verdad, pero era indudable que se había establecido una verdadera conversación entre mi guía y los isleños de las cercanías, respecto de mi persona. Recomendó el doctor al guía que no revelara su profesión de médico para evitar consultas, pero el acompañante, lejos de obedecerle, había contestado con el silbo a todas las preguntas de sus paisanos. El doctor encontró, a su llegada al primer caserío, una nutrida procesión de enfermos que solicitaban sus servicios.
Hubo un tiempo en que los impuestos del Tesoro público se pagaban en la Gomera cuando el contribuyente le venía en gana, pues apenas ponía pie en la isla el exactor, una vasta corriente de solidaridad se encargaba de hacer llegar la noticia a los más apartados rincones, en alas del lenguaje silbado; la resistencia pasiva negaba pan y posada al funcionario, obligándole a regresar mohíno al barco que en mala hora le trajo desde la capital, en cumplimiento de una función necesaria, pero impopular y difícil.
Cuando el Rey don Alfonso XIII visitó las islas Canarias, mostró curiosidad por escuchar el lenguaje silbado de los gomeros. Dictó el Monarca unas frases, que inmediatamente fueron transmitidas e interpretadas sin un solo error por dos silbadores colocados a considerable distancia. Durante la guerra civil española, los gomeros utilizaban el silbo para comunicarse entre sectores distantes de los propios frentes de combate. Estos diálogos animados y jocosos cambiaban su alegría en dramatismo cuando la amarga réplica de un paisano silbaba su triste nostalgia al otro lado de las trincheras.
Como en el lenguaje ordinario, el silbo de los gomeros se diferencia en tonalidades y en estilos individuales. Cuando pasábamos una cinta –escribe André Classe en la revista ‘Scientific American’–, los silbadores, invariablemente, reconocían y reclamaban su propia obra, ponderándola como mejor y más clara que la de los demás: ‘Ah, ése es mi silbo’, exclamaban satisfechos.
En las noches serenas de la isla, el lenguaje silbado de los gomeros llena los valles y las montañas de viejas resonancias, que alteran la placidez de los campos en calma… Pero este raro lenguaje no representa solamente una manifestación pintoresca de lejanas tradiciones, sino la eficacia de un sistema de comunicación entre gentes que viven distanciadas por la bravura del paisaje, ya que el triunfo de la montaña sobre la llanura es definitivo en la pequeña e interesante isla atlántica”.
Y hasta aquí el artículo, la crónica de Francisco Rodríguez Batllori (año 1958). Muy interesante. ¡Ah!, sigo esperando referencias del cronista. Anímense, no sean remolones.
Cuidado esta noche con los excesos. No hagan como Domingo González Arroyo, el marqués de La Oliva, que quiso comenzar el ‘vuelco’ electoral antes de tiempo.
Mañana finalizaremos esta primera tanda de crónicas ‘gomeras’.