lunes, 27 de diciembre de 2010

¡Qué DULCE!

He dejado transcurrir estas fechas del bien quedar y mejor comer. Y desde el 22 del corriente, día en que el gordo cayó en Garachico, y, casi simultáneamente también, cayó en mis manos el contenido de una entrada en el blog de una parlamentaria, a saber el de ella misma mismamente, la ínclita Dulce Xerach, la que va y viene a (desde) Harvard con poco más o menos la misma frecuencia que visita la sede de Teobaldo Power –¡uf!, qué largo–, siento un ligero malestar en el estómago. No es para menos. Casi una semana atragantado. Y no precisamente del ‘entullo’ navideño. Ni de los dulces y ricos pasteles realejeros de doña Paula. Recomendados por mi amigo Salvador para deleite de paladares.
Lo atisbé (el comentario) por vez primera en el blog de Bruno Álvarez (La tertulia villera). Que es, como sabemos los de este Norte, un blog multiusos. Y ese miércoles lotero, Dulce nos sorprendía con “La calle y nosotros”. Y aclaraba: Con ‘nosotros’ me refiero a los 60 privilegiados parlamentarios canarios. Desde el inicio, sin analgésico alguno. Ni siquiera la consabida sal de fruta fue capaz de librarme del sopor, de la acidez, de la pesadez. Qué profundo el pensamiento de nuestra representante política. Cuántos días de mirar el techo, de colocarse bien los tapones (para no oír –escuchar no lo hace jamás– al portento del presidente, ¿o presidentes?) y de darle vueltas al magín. Y al fin le salió, fue capaz de reconocerse como una de las favoritas, de las mimadas de ese conglomerado o club de los 60.
Pero mi gozo en un pozo. Tres líneas más abajo se pregunta, cual alma en pena: ¿Podemos hacer algo más nosotros que somos simples parlamentarios? Así de simple, así de sencillo. Menos mal, Dulce, menos mal. Permíteme que pregunte yo ahora: ¿Te imaginas que fueras algo más que una simple parlamentaria? ¿A dónde llegarían tus privilegios? Hay, infieres, más manifestaciones en la calle cada día. Y algún osado se atreve a llamarlos ladrones. Qué desfachatez, porque tú te cuestionas si realmente están (los 60) separados de la calle. Más aún, quizás los comprendan (a los alborotadores), pero están tan atados de pies y manos. Qué pobrecitos, si apenas alcanzan el fin de mes. Y puede que sin aguinaldo en la presente. Mira, Dulce, voy a transcribir el resto de tus preguntas:
Me pregunto si con tanta decisión presupuestaria que nos llega desde fuera somos realmente una democracia, incluso me pregunto si alguna vez lo fuimos del todo. Me pregunto si con tanto agobio por tantos lados somos capaces unos y otros de pensar con claridad y tranquilidad.  Me pregunto si realmente los que tienen mucho más poder que nosotros ( los simples parlamentarios canarios de a pie de todos los partidos ) se dan cuenta de la necesidad total de cambio de sistema. Me pregunto si se dan cuenta de que la sociedad sí está cambiando. Me pregunto si tendremos fuerza y energía para aguantar todo lo que nos queda por pasar como sociedad y para superarlo. Y me pregunto tantas cosas más...
¿Sabes, Dulce, por qué lo puse todo de un golpe? No, por favor, no pienses, deja tu mente en blanco, yo lo intentaré hacer por ti. Qué menos podría este humilde servidor hacer por tan egregia política. No quiero que desperdicies tus dulces momentos en nimiedades tales. Te diré, Dulce, que no iba a ser capaz de ir poco a poco, al detalle. Por eso lo copié de un tirón, lo pegué y piqué con el cursor en la K (de cursiva). Es que me caían gruesas lágrimas y temía que se produjera un cortocircuito cuando se colaban por los resquicios del teclado. Sentí miedo, Dulce. Pero al tiempo me afloraban esos tiernos sentimientos que supiste rescatar con tus bien hilvanadas líneas. ¿Será, estimada Dulce, una democracia la que te permite ir a sentarte en una bancada parlamentaria a no hacer absolutamente nada (salvo redactar lo que tú sabes) y cobrar bien cada final de mes –¿o unos días antes?– sin rebajas ni descuentos? Y escribes de agobios, Dulce. ¿De cuáles? Agobio es el que pasé yo hace unos días cuando desapareció mi blog. Por el que no cobro un euro. Qué diferencia con el tuyo.
Por supuesto, Dulce, la sociedad está cambiando. Y tanto. Si yo te contara. Claro, ustedes (los 60) se encierran entre cuatro paredes y sufren cual monjas de clausura, y al final, simples parlamentarios, privilegiados o no, cuando salen a la calle no son capaces de pensar con claridad, con tranquilidad, con serenidad, con ecuanimidad, con luminosidad, con equidad, con integridad, con imparcialidad, con legitimidad… ¡Oh!, Dulce, qué fatalidad. Coincido contigo en que hay que cambiar el sistema. Y como ustedes (los 60) no van a ser capaces de semejante proeza, porque ya no tienen fuerza ni energía para acometerla, déjenlo antes de que el esfuerzo mental les cause daños irreversibles.
Nosotros, simples votantes (y por lo tanto, con mucho más poder que ustedes), tenemos que darnos cuenta de que algo hay que cambiar. No se puede seguir pagando con nuestro dinero a tanto aprovechado que sufre, parlamentariamente hablando, con la lectura de la prensa (qué tostón), con jugar (qué aburrido) con su iPad en la soledad de esos incómodos asientos, de hablar con los amigotes (el móvil no lo pagan ustedes) o con dar uso al portátil con entretenimientos blogueros o leyendo correos electrónicos. Hay que cortar por lo sano. Con mi propuesta lo mismo te premia Paulino haciéndote un huequito en el Senado. Esa cámara sí que es un portento.
Me dijo un compañero (político) tuyo que solo (¿con o sin tilde?) buscas notoriedad. Es de tu propio grupo (CC) y te tiene en buena estima. No, de Tacoronte no es. Pues si te fijas bien en la fotografía que ilustra esta entrada, este pobre diablo realejero, dueño de nada, te concede la misma que proporcionalmente te corresponde por el espacio ocupado. ¿Cómo, que no estás? Bueno, mujer, consuélate: los 59 simples parlamentarios restantes, tampoco. Pero, y es mi sino y mi sin embargo, no puedo reprimirme, pues ante tales portentos me sale la vena de maestro de escuela. Y no te hagas ilusiones porque este blog es mucho menos conocido que el tuyo, por lo que el número de lectores es tan escaso que tu popularidad va a seguir ocupando el lugar que tan bien merecido tienes. Ni más ni menos: el de una simple parlamentaria.
Bueno Dulce, te dejo. Debo ir a trabajar. Los jubilados también tenemos nuestras obligaciones. El depender de una decisión presupuestaria que me viene de fuera me cuesta horrores. Sigue escribiendo, pero cultívate en tus ratos libres. Los maestros solemos aconsejar a los chicos que lean lo que escriben. Siento que hayas ido a la escuela de Rivero, porque ahí todo el mundo se copiaba. La consecuencia es que abundan los clones regados por infinidad de edificios oficiales. Para terminar, te pongo un ejemplo personal: desde el IES en que trabajé los últimos cursos, solicité un escrito para el periódico escolar a un director general. Ni siquiera fue capaz de pasarle el encargo a cualquiera de sus varias secretarias. Veo que lo cogiste, Dulce: pisa morena, pisa con garbo.
Hasta mañana. Día importante el 28 de diciembre. Inocente que sigo siendo.