jueves, 6 de enero de 2011

El rocódromo de Fidela

Fidela Velázquez sería una buena alcaldesa para San Juan de la Rambla. Lo escuché hace unos días en Las Aguas. Y me lo dijo, agárrense, un vecino de Los Quevedos. Porque manifestó estar hastiado de los procedimientos del actual alcalde y séquito acompañante. Parece, prosiguió, que seguimos anclados en las actitudes de años que creíamos idos, en los que el ayuntamiento era el cortijo particular de unos cuantos. Puede que el ejercicio continuado desde 1987 de Manolo Reyes, y su afán de borrar a los que él denomina caciques de abajo, sin percatarse –algo bastante improbable de que algún día se le pueda encender la bombilla– de que lleva años actuando en la misma dirección que criticaba como principal argumento cuando se hizo efectivo el traslado de las casas consistoriales, lo tenga algo (por decir algo, y valga la “rebuznancia”) obcecado.
Uno que se dedica a leer para intentar mantenerse informado en las diferentes fuentes que halle a su alcance, y que ya tiene la suficiente edad como ser capaz de discernir ante criterios dispares, se percata de que San Juan se merece, efectivamente, algo más. Como también gozo de la ventaja de tener más de un conocido –digámoslo así, que expresaría mi alcalde en cualquier declaración pública– en la bella población norteña, observo atónito que la cerrazón de un equipo de gobierno no puede llegar al extremo de no asumir propuestas beneficiosas para todos los rambleros por el mero hecho de que provengan de los concejales de la oposición. Puede que los dirigentes de CC (lo de AIS lo entiendo como una solemne memez) crean que el voto es la llave para hacer y deshacer al antojo de turno. Es un pecado que se estila, para más inri, es otros lugares. Creen, por lo visto, que el voto de aquellos que se decantaron por otra opción política es mero documento arrojado a una papelera. Y el hecho es más grave aún cuando desde los propios resortes de ese poder que creen omnímodo, se permiten el ‘lujo’ de poner en solfa no solo las acciones de unos concejales democráticamente elegidos, sino que, incluso aprovechándose de cargos de libre designación y utilizando tribunas cuanto menos dudosas, se atraviesa la raya para caer en la inmoralidad más indecente.
He tenido la oportunidad de comprobar cómo se han puesto ofertas sobre la mesa a la consideración del Pleno (en aquellas sesiones que el señor tiene a bien convocar a sus vasallos), que ni se toman con el debido respeto ni se les presta la más mínima atención. Puede que se trate de un problema de comprensión lectora, pero uno, que también tuvo la oportunidad de participar en eso de la ‘res pública’, sabe que por arriba de las ignorancias políticas están los funcionarios cualificados que deberán aclarar cuantas dudas se planteen. Ni por esas.
Fidela propuso (mejor, Eulalia Toledo, también concejala socialista), entiendo que con muy buen criterio, y a instancias de un grupo de jóvenes, la construcción de un rocódromo. Pero chocó con las rocas, perdón, con las duras seseras de quienes no quieren ver más allá de sus narices. Da la impresión de que pensaron que para escalar ya estaban ellos. La juventud, sobre todo la que aún no tiene derecho al voto, que corra por el barranco arriba. Bueno, y se desciende practica dos deportes al mismo tiempo. Por lo tanto, Fidela, si lo piensas con detenimiento, Manuel Reyes ha creído que ya hay rocódromo suficiente en el salón noble del edificio consistorial. Y duros de mollera (cabezón, testarudo, aferrado, obstinado, terco, torpe, tozudo, porfiado…, qué riqueza de lengua), haberlos, haylos.
Si analizamos estos tres años y medio largos de mandato en el ayuntamiento de San Juan, nos damos cuenta de que si algo ha caracterizado a Fidela –y su grupo– es la constancia. Ejemplos de aburrimiento y de tirar la toalla encontramos a menudo. Y ese empeño en la brega terminará por dar sus frutos. Siempre se ha dicho que pueblo pequeño, infierno grande. Pero no es menos cierto que nuestras gentes están cada vez mejor preparadas. Sí, también en política. Y las próximas elecciones, la de este inminente mayo, dilucidarán qué alcaldes queremos en los pueblos. Porque los interesados quieren vender la “nefasta” gestión de Zapatero a nivel nacional. Y entre ellos, asimismo, los (ir)responsables que habiendo engordado al máximo el capítulo I de los presupuestos (personal: generosamente el de confianza) y exprimido al máximo el VI, correspondiente a las inversiones (creo que era así, ha pasado tanto tiempo), pretenden salvar su nefasta gestión haciendo propias las obras correspondientes a los denominados Plan E (Plan Zapatero, que para esto –qué casualidad–, sí que fue bueno). Y colgarse medallas ajenas también se ha convertido en hábito.
Lo mismo, Fidela, el rocódromo (el que tú propones, el de la juventud; el otro ya existe y es, como mínimo, de granito) será una realidad en un futuro más o menos cercano. Y no te extrañe que una mañana aparezca con algún deterioro por los cabezazos, estilo Santiago de Compostela, que se den indeterminadas crismas. Eso, los salvadores de la patria y sus voceros adláteres. Lo mismo me reiteré en la oración anterior. Ya pierdo el tino. Debe ser por el frío. Tendré que calentar la fragua.
Hasta mañana, en que procuraré no machacar en hierro frío. O a lo peor sí.