viernes, 21 de enero de 2011

La cabra

Es, tengo entendido, la segunda ocasión en que una cabra pone en jaque a toda la población costera de Valle Gran Rey, en La Gomera. Lugar de bastante turismo extranjero que, en asunto de animales, suele tener mucha más sensibilidad  que el nativo, por lo que en las respuestas dadas a los diferentes medios de comunicación hallamos un variopinto muestrario, pero casi todo a favor de que algo habrá que hacer en defensa del pobre animal. Puede que este ejemplar caprino haya emulado al anterior escalador no con el ánimo –Dios me libre– de poner fin a su vida, sino para sentirse protagonista en los informativos –es un decir– de la televisión autonómica canaria. De los que tanto hemos escrito y que persisten en no variar un ápice del guión (¿con o sin tilde?) establecido, es decir, 40 minutos de noticias (?) distribuidos de la siguiente manera: sucesos (amplísima gama en sus variantes más insospechadas), 20 minutos; exaltación del señor presidente (inauguraciones, primeras piedras, ordeño, romerías, medias maratones…), 5 minutos; deportes, 5 minutos; el tiempo, 3 minutos; autobombo y autocomplacencia, 2 minutos; lo que pasa en el resto del mundo (catástrofes, homicidios, incendios, violaciones, robos…), 5 minutos.
No nos llama la atención, volviendo a nuestro caso, que una segunda cabra se haya subido al enorme acantilado que se halla justo enfrente del puerto de Vueltas, entre la playa y el lugar conocido como Argaga. Y la pobre se atascó de tal manera que ni sube ni baja. Algo realmente difícil, pues del asombroso equilibrio del animal y su pasmosa facilidad para estar trepado en lugares sorprendentes mucho se ha escrito. Alegan algunos que es posible que haya parido en las alturas, pues un ‘viejito’ manifestó haber escuchado los balidos, aunque aseguraba que de haberse producido el parto, ya las gaviotas habrían dado buena cuenta de la(s) criatura(s), que la duplicidad es fenómeno bastante normal en este ganado. Bueno, su expresión fue mucho más contundente: “ya se los mamaron”.
¿Cuáles pueden ser las razones para el proceder de la cabra? ¿Qué pasó por la cabeza del pobre animal para adoptar tan drástica determinación? ¿Le habrá denegado Ruymán, el alcalde, alguna asignación para el forraje? ¿Fue una protesta en toda regla por no haberla invitado a Fitur? Vaya usted a saber. Lo cierto es que el cuadrúpedo se halla inmerso en una terrible encrucijada.
Salvo el particular antes mentado de alcanzar publicidad televisiva, y pendiente de las diligencias que surjan de la investigación policial abierta al efecto y los  posteriores dictámenes judiciales, se me ocurre que pueden ser varios los motivos que indujeron al rumiante a transitar tales peligrosos andurriales. Si cualquiera de ellos puede aportar pistas al ímprobo trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad, me daré por satisfecho. Me ha llegado el comentario (es mero rumor) de que al cabrero no está colaborando como debería ser menester por cierto problema de infidelidad (comprenderán que no queda bien decir de cuernos, no sea que la susodicha se lo tome a pecho y cometa una locura de difícil reparación. Aparte de que, insisto, nada hay confirmado al respecto):
a) Que haya visto, por despiste del cabrero, alguna serie televisiva del estilo de ‘a vista de pájaro’ y haya querido actuar como sus homónimas montesas. Puede, para reforzar esta línea, que el runruneo pertinaz e insistente del helicóptero en el que Fernando Delgado se ‘pasea por los nubes’, se haya grabado en alguna neurona descarriada haciendo cortocircuitar sus dendritas, lo que le indujo a comportarse como una cabra loca.
b) Que haya estimado que era buena opción jugar a lo de ‘al filo de lo imposible’, a cuya situación llegó tras visionar un programa completo de ‘la gala’, con la actuación estelar de Pepe Benavente, y al escuchar lo del gallo sube, un error en la interpretación del verdadero sentido de la letra le hizo cometer tamaña osadía.
c) Que Tino ‘el pachón’, asiduo de ese entorno gomero, en una de sus tantas estancias y mientras se hallaba pescando, haya hecho cualquier reflexión en voz alta de la práctica del parapentismo que se realiza en su pueblo, y el mío (Los Realejos), desde ese lugar encantador que es La Corona, sin percatarse de que ese día no funcionaba la línea interior del servicio marítimo del Benchi Express y la cabra, que lo escuchaba atentamente, tanto se animó que quiso poner en práctica las enseñanzas escuchadas.
d) Que sabiendo del ganado que pastorea por los programas televisivos tipo ‘Gran Hermano’, haya creído conveniente que la presencia de otra cabra no implicaría mayor complicación en la convivencia. Aparte de la indudable ventaja de poder disponer de leche fresca por la mañana. Y de existir otros concursantes canarios, el gofio estaría asegurado.
e) Es la que tiene menos visos de verosimilitud, pero no me resisto a exponerla (con las debidas reservas). En una animada tertulia suscitada en uno de los bancos que está por fuera de la iglesia, el más cercano a la oficina de CajaCanarias, se comentaba que la cabra era militante socialista de la agrupación santacrucera. Que se volvió loca de tanto escuchar a Corrales, Viciana, Alonso, Pérez, y tras cuestionarse qué hacía ella en ese Partido, se mandó a mudar –a nado, como Jonay– para La Gomera. Y se camufló primeramente con los hippies en la playa del Inglés. Pero vinieron a buscarla para que se adhiriera con su firma al recurso contra la creación de las gestoras. Y ya no pudo aguantar más. El resto de la historia es harto conocido. El destino de la cabra corre paralelo con el auto de la magistrada dado a conocer recientemente. Dicen que alguien le silbó ayer tarde (a la cabra) para que pusiera algún euro (las costas hay que pagarlas), y ella (la cabra) contestó en perfecto y nítido castellano (traducido vía pinganillo) que por una mala aplicación del derecho había llegado a la presente situación por lo que no estaba dispuesta a volver a corral alguno, antes muerta que renunciar a mis principios… Los extranjeros no daban crédito. En vista del espectáculo, de no resolverse la situación antes del final de esta semana, Casimiro piensa subir a dialogar con la susodicha y pactar una solución siquiera transitoria. Me alegro (por la cabra).