jueves, 20 de enero de 2011

Tertulias

Hace bastante tiempo escribí una de mis tantas boberías, que publicó el periódico La Opinión, en la que expresaba mi parecer del manido trámite de las tertulias en los medios de comunicación audiovisual. Han transcurrido más de seis años y hemos mejorado a peor.
Decía –mejor, escribía– al respecto: Demasiadas. Y con mucho inepto insuficientemente preparado. Doctor en nada pero especialista en todo. Adalides del “a grosso modo” y del no menos sugerente “de motu propio”. Cuyo modus vivendi parece ser el parloteo continuado. Y los políticos han encontrado tremendo filón. En las dieciocho mil emisoras locales de radio y televisión que pululan por esos éteres.
He escuchado a más de un concejal de los consistorios de este Norte –alcaldes incluidos– que no pueden estar pendientes de las llamadas, porque distraen sus múltiples ocupaciones. En aquel entonces y ahora mismo. Sobre todo si pertenecen a los equipos de gobierno. Otro cantar bien diferente es que los de la oposición dispongan de minutos para la presencia oportuna o la consabida llamada telefónica. Y añadía un servidor: Estoy completamente de acuerdo. Generosos sueldos se han asignado como para estar con sofismas radiofónicos durante las horas que deben ocuparse –y preocuparse– en otros menesteres.
Sobran tertulias. Porque hemos convertido este magnífico recurso periodístico en cajón de sastre en el que cabe de todo. Y cuando se mezclan churras con merinas, mal asunto. Hay emisoras que abusan de ellas en su programación. Aunque si meditas un rato, acabas por darle la razón, pues es tan barato el montaje y tan sencilla la planificación que es muy difícil no caer en la tentación. Es la actitud de esperar sentados –la misma que bien explota el Partido Popular y Mariano Rajoy–, porque la fruta cae sola. Basta un par de micros y sus respectivas sillas, y/o, en su defecto, acudimos al teléfono.
No todas ellas son bodrios. Afortunadamente. Pero existen ejemplos bien significativos que parecen dar la razón a los que sostienen la hipótesis de elaborar un código de contenidos televisivos. Entiéndase que la imagen es componente perjudicial añadido. Aunque abogo para que en tal supuesto no debería dejarse a un lado las emisoras de radio.
Algunos tertulianos de nuevo cuño se permiten la osadía de invocar el derecho constitucional de la libertad de expresión. Pero como es un concepto que han escuchado de terceros, pues jamás han acudido a la lectura del artículo 20 de la vigente Constitución Española, se olvidan de que hay una segunda parte. En la que el adjetivo veraz adquiere fundamental importancia. Y en la que se estipulan límites a las sandeces manifestadas (por ser educado y suave), como el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.
Ayer mismo estuve, mientras tecleaba unas letras, escuchando una de esas tertulias mañaneras. La emisora es lo de menos, ya que las hay en todas, lo que te permite escuchar varias veces al mismo político soltando la misma cantinela. Ya sabes, palabra de Paulino, que las entrevistas solo se conceden a las autoridades de rango superior, mensaje que remitió a Soria y Pérez para que esperen pacientemente por si un día alcanzan la tan codiciada presidencia. Era la que te contaba una animada conversa entre concejales de ayuntamientos norteños. A los que yo debo presuponerle unos céntimos de ecuanimidad y a los que debo exigirle acciones enfocadas a levantar esta zona de la isla del ostracismo, de la crisis, y del parón. Y que encaucen sus fogosas acometidas en, por ejemplo, luchar por la potenciación de Puerto de la Cruz y que vuelva a ser el revulsivo necesario para la creación de puestos de trabajo. Pues no, se enfrascan en discusiones bizantinas de quién debe ser el responsable de tal o cual proyecto y de otras nimiedades que a nada conducen, salvo la sensación que te queda de no saber si realmente son conscientes del cargo que ostentan.
Me extrañó un detalle. Se llegó a decir que en Radio La Guancha no permiten que un oyente rebata, discuta, cuestione, verbigracia, una intervención de la alcaldesa. Como el líder nacional del PP: no se admiten preguntas. Dicho de otra manera, doña Elena va a la susodicha radio municipal, sostenida con fondos públicos, y arremete contra cualquier concejal de la oposición. El afectado, que lo está escuchando, descuelga su teléfono y se pone en contacto con la emisora. Y no lo dejan decir ni pío. Bien, aparte de contarlo en otra emisora, ¿se ha hecho algo más? ¿Ruego, pregunta, moción, denuncia en el juzgado? Porque si el hecho es tal y como se cuenta, estamos ante una situación similar a cuando se niega información de cualquier expediente. Y al Cabildo de El Hierro (equipo de gobierno) lo acaban de condenar por un hecho semejante (obstaculizar la entrega de documentación requerida para su estudio).
Y finalizo con otra cuestión: los dobletes. Ya se barajan nombres de candidatos. La doble opción de Cristina Tavío es un hecho. Lo comenté hace unos días. Aspirantes socialistas afloran. Para el Parlamento se alternan entradas y salidas. Dolores Padrón está en la lista de los que posiblemente continúen. ¿Habrá doblete otra vez, Lola? ¿Has pensado, José Miguel, si este hecho (me cuestiono si es serio) suma en realidad o más bien hace que el elector se lo piense unas tropecientas veces? ¿Para que se jactan los partidos políticos de tener militantes a porrillo? ¿Solo vale la mayoría para pegar carteles? ¿Quieren que también piense que la política vale exclusivamente para sueldos y prebendas? ¿El que vale, vale doble, y el que no p´a maestro de escuela? ¿Cómo? No, Gallardón no se presenta en El Realejo.
Hasta mañana.