jueves, 27 de enero de 2011

La Gomera en el recuerdo (12)

El Auxiliar fue un periódico editado en Santa Cruz de Tenerife, que se hizo eco de la problemática de la primera enseñanza (instrucción primaria) durante la segunda mitad del siglo XIX. Fue su director Juan de la Puerta Canseco y se imprimía en el establecimiento tipográfico de A. J. Benítez. En un periodo en el que la escuela no era, ni por asomo, una prioridad, las referencias a la situación en la isla de La Gomera no podían quedar al margen. Retomo, pues ‘La Gomera en el recuerdo’ para introducirnos, a través de las oportunas pinceladas, en lo que ocurría en una sociedad sumida en la pobreza, el abandono y la incomunicación. Y lo hago, a modo de muestra, con detalles acontecidos en la década postrera del siglo aludido, para que la óptica de los 120 años transcurridos pueda no solo despejar dudas sino establecer las comparaciones que se estimen convenientes.
Los Ayuntamientos de la Gomera continúan mirando con la mayor indiferencia el cumplimiento de sus obligaciones para con la primera enseñanza, y los Maestros de aquella isla no pueden soportar por más tiempo su tristísima situación. Agulo debe á estos desgraciados funcionarios 69 mensualidades, Alajeró 63, Arure 63, Hermigua 51, Valle-hermoso 48 y S. Sebastián 42. Escusamos comentarios. Sr. Gobernador ¿no habrá medio de meter en cintura á estos Ayuntamientos que tanto se desvelan por la cultura de sus administrados? (El Auxiliar, 31 de marzo de 1890, página 5)
En la sección de ‘Remitidos’ de El Valle de Orotava (La Orotava, 18 de abril de 1890, páginas 3 y 4) se indica que como nuestro colega La Nueva Era tantos elogios ha tributado al Sr. Gobernador civil, por su gestión en el pago de los haberes de los maestros de primera enseñanza en esta Provincia, le rogamos se fije en el siguiente comunicado, en el cual se delatan abusos gravísimos que el Sr. Gobernador única y exclusivamente puede extirpar, á fin de que una sus súplicas á las nuestras para ver si obtenemos que el Sr. Fernandez cobre lo que el Ayuntamiento de San Sebastián de la Gomera le adeuda hace tanto tiempo.
El extenso comunicado, dirigido al Sr. Gobernador civil don Arturo Antón, y firmado en Icod (15 de abril de 1890) por R. Fernández (que se identifica en el texto como el maestro afectado de San Sebastián de La Gomera), es de los que podemos denominar que no tiene desperdicio y nos viene a señalar la notoria despreocupación de las autoridades por tan importante faceta. Observarás que hace alusión al suelto de El Auxiliar al principio reseñado. De su lectura, que te recomiendo, podemos deducir el porqué de aquel viejo dicho de ‘pasar más hambre que un maestro de escuela’. Como estimo un delito el trocearlo, y solicitando comprensión por su amplitud, ahí va íntegramente:
“Muchas veces he tenido el honor de denunciar á V. S. la censurable conducta que ha venido observando el Ayuntamiento de San Sebastian de la Gomera, en lo relativo al importante y preferente ramo de la primera enseñanza. Durante tres años no he cesado de exponer á la consideración de V. S., ya verbalmente, ya en cartas particulares, ya en oficios, y en instancias y por medio de la prensa, los abusos que aquella corporación ha venido cometiendo para que el maestro no pudiera cobrar su sueldo, y los subterfugios de que se ha valido para eludir el cumplimiento, tanto de los mandatos soberanos, como de las órdenes dictadas por V. S. y por sus dignos antecesores. Y sin embargo de la evidencia y veracidad de los hechos denunciados, sin embargo de las repetidas desobediencias de ese Ayuntamiento, de sus excusas inadmisibles, y de sus promesas incumplidas, sigue adelante, muy fresco, orondo y satisfecho, en su obra de causar, como lo ha causado, la ruina del encargado de la instrucción y educación de la niñez, contemplando con fruición, porque si no lo evitaría, los sufrimientos de su precaria situación, y viéndole indiferente y con la sonrisa de la alegría en los labios, abandonar la localidad donde ha difundido la luz vivificante de la enseñanza durante muchos años, llevando en su abatida alma el acíbar de la ingratitud, en su corazón la lucha de encontrados sentimientos, en su pensamiento la torturante idea de que es víctima de negra injusticia, y de que sus ancianos padres, su esposa é hijos, que le acompañan, son mártires del más inicuo de los despojos; ¡seres queridos á quienes se les quita el pan que debían llevar á sus bocas para sostener la vida material, ganado por ese desventurado maestro en el santuario de la escuela!
Estas no son concepciones imaginarias, no son producto de mentes débiles, calenturientas y fantasmagóricas, no, Sr. Gobernador; es la realidad descarnada, tangible, evidentísima, porque ese maestro de San Sebastian, ese preceptor de la infancia durante diez y siete años, despojado del legítimo y sagrado fruto de su profesión, del sueldo que le da la Ley, de lo que constituye el único medio de subsistencia para él y su familia, soy yo: ese maestro sacrificado por un Ayuntamiento enemigo de la instrucción y educación popular, en el altar levantado á la diosa ignorancia á la que parece rinde natural y ferviente culto; ese maestro que antes y después de haber tenido que emigrar del pueblo donde venía ejerciendo su misión educativa (obligado por una corporación que por no cumplir un precepto de la Ley de Instrucción pública infringía otro de la Ley de Dios), tantas veces ha reclamado sus derechos conculcados, tantas veces pública y privadamente ha pedido justicia y protección á quien podía y debía, pero que ha sido voz que clama en el desierto; ese maestro, señor Gobernador, es, el que tiene la honra de dirigir á V. S. desde las columnas de un periódico, esta modesta y mal pergeñada carta. Parece imposible, si la realidad de los hechos no demostrara lo contrario, que el Ayuntamiento de San Sebastian y todos los de la Gomera puedan burlar impunemente las disposiciones supremas, los mandatos superiores encaminados á asegurar el pago á los maestros de instrucción primaria; parece mentira, que sin embargo del interés y empeño desplegados por el Gobierno de S. M., por la Dirección general, por esa Junta provincial y por V. S. á favor de la primera enseñanza; que no obstante las rígidas circulares de V. S., sus amenazas, las multas impuestas, el ultimátum de entregarles á los Tribunales por desobediencia grave y repetida á su autoridad, los Alcaldes y Ayuntamientos gomeros, creyéndose quizá ¡insensatos! escudados con el dictado fusionista, continúen con la intención (Dios se lo premie) de no pagar lo que á los maestros deben, de mirar las escuelas como cosa baladí y hasta innecesaria para la cultura de los pueblos que administran, sin hacerles cambiar de ideas la consideración de lo indulgente que V. S. ha sido con ellos; motivo y consideración que debía obligarles al cumplimiento de tan legítimos mandatos, mas aun que el temor de las penas y castigos que pudieran imponérseles.
Si V. S., como creo, lee los periódicos que se publican en la provincia de su mando, y entre ellos como de mayor excepción tratándose de primera enseñanza, El Auxiliar, por su carácter de periódico profesional, verá V. S. en el número 126, del dia 31 del pasado Marzo y en su sección de noticias un suelto que, con la abrumadora é inflexible lógica de los números, demuestra la verdad de mis asertos. En ese suelto se llama la atención de V. S. y se le pide con sobrada razón que meta en cintura a los Ayuntamientos de la Gomera que no obedecen en materia de escuelas y maestros ni á V. S., ni al Ministro, ni al Rey; pues hay alguno que debe mas de sesenta mensualidades, y otro, el de San Sebastian, que debe al firmante, cuarenta y dos. ¡Tres años y medio, Sr. Gobernador, que representan cerca de tres mil quinientas pesetas, y significan un cúmulo de amarguras y de dolores y de desesperación para el que tiene hijos y necesita ese dinero para proporcionarles el alimento!
Las Reales órdenes dictadas para que el R. D. de 16 de Julio del año anterior produzca los efectos deseados, dicen que el cobrar los maestros de instrucción primaria depende de los Gobernadores civiles, por manera que estas autoridades superiores tienen en sus manos la vida ó la muerte de los maestros, el que coman ó se mueran de hambre; y estas manifestaciones unidas al noble y decidido propósito, que anima á V. S. de obligar á los Ayuntamientos al pago de la mas preferente de las obligaciones de sus presupuestos, y que ya va dando satisfactorios resultados, será motivo para tener la esperanza y casi la certeza, de que ha sonado la hora de hacer justicia á la víctima del Ayuntamiento de San Sebastian”.
Te participo que las posibles faltas de ortografía en el texto transcrito pueden no deberse necesariamente al autor del mismo. Los denominados ‘duendes tipográficos’ en la época aparecían en las más insospechadas ocasiones. Y la complejidad en la composición de las viejas galeras en los remotos tiempos de los tipos de plomo, era más que evidente. En la actualidad, con los increíbles adelantos tecnológicos, es normal tender a olvidarnos de las penurias existentes en el pasado para editar un periódico de pocas páginas.
Continuaremos en otro momento. Hoy, afortunadamente, la situación de la enseñanza ha cambiado. Mucho, y a mejor. También en La Gomera, por supuesto.