lunes, 3 de enero de 2011

Los sostenes de Eloísa

No es lo que ahora mismo estás pensando. Porque desde que viste el título te fuiste por la tangente, o más bien por la secante. Y mira que hallé ejemplos bien ‘notorios, significativos y sobresalientes’ en el buscador de imágenes de Google. Además, si observas adecuadamente la fotografía que he elegido, deberás coincidir conmigo en que esa mano da un cierto tinte de recato: cautela, reserva, honestidad, modestia. No sea como aquel que pensó que recatada significaba el haber sido catada en más de una ocasión (otro día te cuento el chiste). Pon tú las situaciones y ejemplos.
Como casi siempre parto el año en hora peninsular, no me dio tiempo en este último salto (el de 2010 a 2011) de poder contemplar las campanadas laguneras de La Concepción. Pero al día siguiente, anteayer, lo repitieron las consabidas dieciocho mil veces y me bastó una para sacar mis conclusiones. A estas alturas de la vida muy pocas otras cosas puede sacar uno. Pues bien, allí estaba Eloísa, esa chica guanchera que se está cargando ella solita el presupuesto de Willy (mira que tiene empleos ‘autonómicos’), con un escote –¿o era otra cosa?–  de tal corte que los pectorales de Artiles parecían voladores gufiones (esos que no explotan sino hacen fuuuu) al lado de aquellos ‘volcanes o palmeras con tronco’ de los Hermanos Toste. Y para más inri, como le pusieron pajarita y no la camiseta del ‘Frangollo’, ni bíceps, ni tríceps, ni cuádriceps. Tantas horas perdidas en la soledad de un gimnasio, para que un simple golpe de pecho(s) lo dejara oscurecido. Mira que has dado tumbos, Manolo, y fuiste a caer en el lugar menos indicado. Te eclipsaron totalmente. Ni tuviste instinto ni diste con la clave. ¿Cómico? ¡Ja, ja!
No hubo espectáculo a lo Sabrina, pero pudo comprobarse que los ‘vitalíneas’ funcionan. Toma ejemplo, Manolo y cambia de productos. Tal fue el protagonismo de la susodicha que casi nadie atinó a ver cómo el minutero se acercaba a las doce. Los espectadores de ‘La nuestra’ –la de Artiles no, la otra– no miraban la esfera sino los globos y más de una uva se echó a perder toda espachurrada. ¡Ay, cabezas!
Pues sí, amigos, habrá que convenir que tiene Eloísa muchos sostenes. Y no es una contradicción lo que escribo, pues el vocablo sostén, según el Drae, tiene las siguientes acepciones: 1. m. Acción de sostener. 2. m. Persona o cosa que sostiene. 3. m. Apoyo moral, protección. 4. m. Prenda de vestir interior que usan las mujeres para ceñir el pecho. 5. m. Mar. Resistencia que ofrece el buque al esfuerzo que hace el viento sobre sus velas para escorarlo. Y a estas alturas del escrito te habrás percatado de que goza la muchachita de muchos apoyos y protecciones. Porque auxilios y/o atributos de las otros –o de los de ella– se precia de no hacerle demasiada falta para que el producto –¿o los productos?– se expanda más que generosamente, lo justo y necesario. ¿Para qué apretar, estrechar, comprimir, oprimir, constreñir, aplastar, ahogar o siquiera rodear? No, señor, que entre y circule el aire libremente, sin tapujos, sin limitaciones.
Cada vez estoy más convencido de que el talento, en este caso femenino, es directamente proporcional a las aberturas que permiten nítidos y transparentes escaparates. Ni siquiera una bonita voz es atractivo suficiente para el triunfo de alguien que pretenda abrirse paso en el mundo de la canción. No, para dar el do de pecho hacen falta otras cualidades, otras razones de más peso, otros atributos, otros argumentos.
De todas maneras, como uno tiene ya cierta edad se permite hasta dar consejos. Y el de hoy es que aprovechen y ‘agencien’ todo lo que puedan. Hagan acopios de reservas, porque no pasará mucho tiempo para que el negocio comience a desinflarse. Y esa tele que a los mismos utiliza para un roto que para un descosido, acabará por quemarlos sin remisión. Luego, ni las fiestas de los pueblos. Sí, también La Guancha. ¿Ejemplos? A cientos. Y esa edad a la que aludí, también me legitima para indicarles que lo que hoy se presenta túrgido, a la vuelta de la esquina se torna marchito. Que se lo pregunten a la pasa. Otros ejemplos no, por favor, que me deprimo.
Estos días pasados he caminado por los alrededores de ‘La Pirámide’, en Guajara. Cuando hace unos años transité por aquellos parajes ni siquiera había tranvía. Y me pregunto qué hizo allí un numeroso grupo de ilusionados estudiantes. Hombre, a decir verdad hay algunos por diferentes medios de comunicación. Pero creo que tanto ellos como algunos que seguimos otros derroteros, pensamos que en la actualidad existen otros ‘condicionantes’ y aunque aún no dispongamos de las ventajas del tren rápido de Melchior, la velocidad supersónica de dos bien dispuestos órganos glandulares es aval más que suficiente para escalar cuanto peldaño ose inmiscuirse en el trayecto. Pues que dure. Y ya saben que la cosa dura hasta que se ablanda. ¡Ay, Humberto, los vericuetos de la lengua!