martes, 1 de febrero de 2011

De gira

El pasado domingo nos fuimos mi mujer y yo de gira (excursión o viaje de una o varias personas por distintos lugares, con vuelta al punto de partida). Te la cuento:
Arrancamos el fotingo a eso de las diez de la mañana, o, como diría mi madre, (q.e.p.d.) “próximo a las diez”. Como por razones familiares las visitas al HUC se suceden con bastante frecuencia, esta vez tiré p´al otro lado, dirección a la Isla Baja. La lluvia, en determinados momentos con una inusitada virulencia, nos persiguió durante casi todo el recorrido. Una vez accedí a la autovía del Norte, las cascadas y saltos de agua ponían una nota pintoresca, aunque al personal de mantenimiento de carreteras les traiga en jaque tanta tormenta seguida. Las fotografías que inserto en la presentación del final te pueden ir dando debida cuenta del paseo. A la altura de El Rosario y Las Aguas, ¡madre mía del Rosario, cuánta agua! Y todita se perdía ladera abajo hacia la mar océana. Wladimiro sabrá. Lo mismo estaba arriba en San José platicando con Manolo y observando los chorros que bajaban por El Mazapé. Te puedes imaginar que cada vez que me bajaba, cámara en ristre, alcanzaba una ensopada de mucho cuidado.
Allá por donde construyen el hospital del Norte, ya en Icod, al mirar la carretera de acceso al mismo, volví a pensar que con estas curvas y entre la sirena de la ambulancia y la considerable velocidad, el pobre enfermo o se pone bueno del todo o acaba por echar la buchada. Aquel laberinto terminará por marear al propio conductor. Nada digamos del acompañante. Propongo al Cabildo que dote a los vehículos de buenos asideros (traduzco a los más autóctonos: agarraderas).
Los imponentes riscos del costado sur de Los Silos estaban asimismo bien surtidos de increíbles y copiosos manantiales. Arriba, a buen seguro que Tierra del Trigo se había tornado en ‘Tierra del Agua’, a tenor de las muchas pipas que saltaban en piruetas asombrosas. Tengo un par de fotografías, pero son de tan mala calidad que han quedado escondidas en el lugar más recóndito del disco duro. Ya en Buenavista le mandaba con ganas. Y toda la carretera por El Palmar hacia Masca estaba linda. Al fondo se recortaba la costa gomera de Playa Santiago, con la lomada de Tecina haciendo guiños ante el intento de aparición del astro rey. De ahí ese precioso arco iris que puedes contemplar. Ni que decir tiene que la presencia de turistas en el núcleo buenavistero, ponía el oportuno colorido por los alrededores de la iglesia masquera.
Estimaba yo que podía haber desprendimientos en la subida hacia Santiago del Teide, pero no. Eso sí, el número de coches en ambos sentidos era harto significativo. Con guiris al volante que, acostumbrados a excelentes autopistas allende los mares, transitaban con grandes dificultades.
En Santiago, el cortadito de rigor y la obligada visita a cierto lugar reservado en el que uno deja, normalmente, el producto de la actividad renal. Y el frío que hacía acto de presencia, porque esta población se las trae. Recuerdo una actuación (cuando uno militaba en cierto grupo folclórico, que no partido político) en Arguayo, en la que casi los dedos, ateridos y marchitos, no atinan a encontrar las pobres cuerdas del laúd.
Por Las Manchas, los almendros en flor. Pero esta año no me convencieron tanto como el pasado. Puede que el día no acompañara y el contraste del cielo azul en jornadas más placenteras brillaba por su ausencia. No obstante, tienes unas cuantas de muestra.
Arguayo, Chío, Guía de Isora y subí hasta Adeje por Los Olivos. Bajar de nuevo a la autopista y desviarme hacia Arona, no sin antes transitar por La Camella rememorando andanzas pretéritas de cuando mi hija vivía por aquellos contornos. Y desde Arona, tomar hacia Vilaflor por La Escalona. La temperatura, obviamente, desciende considerablemente a medida que asciendes hacia el pueblo más alto, eso dicen, de España (perdón, don José). Otras instantáneas en el Pino Gordo, cuyos aledaños ya han sido adquiridos por el Cabildo tinerfeño.
¿Y no comes?, se estarán preguntando a estas alturas de la excursión. Sí, llevábamos nuestra cesta con las viandas y el termo con el café con leche bien caliente. ¿Dónde? En Las Lajas. La sinfonía de gotas con que los pinos nos deleitaban a los pocos atrevidos, se mezclaba con el trinar de los pájaros que se acurrucaban entre las ramas. Ni siquiera los pájaros carpinteros nos distraían con su peculiar taca, taca. La temperatura rondaba los seis o siete grados, no más. Y en esas condiciones los hombres solemos tener inconvenientes añadidos al ir al cuarto de baño. No, detalles no.
A la altura de Boca Tauce volvió a hacer acto de presencia la niebla. Así que atravesar el Llano de Ucanca, Los Azulejos, la zona del Parador y Los Roques, amén de la lentitud por los curiosos que aparcan donde les venga en gana, bien poco se podía divisar, aunque las laderas de Guajara mostraban un generoso manto blanco. Afortunadamente no estaba cortada la vía al tráfico en el teleférico, como se nos había señalado en Vilaflor, así que pudimos seguir sin mayores contratiempos hacia El Portillo. Y menos mal que las autoridades habían aconsejado no subir por el fenómeno meteorológico adverso de la lluvia, que si no. Y todo una odisea el tramo desde El Portillo hasta unos kilómetros más adelante del cruce de Izaña, en dirección hacia La Esperanza. En estas situaciones uno se percata de lo civilizados que somos y de las cantidades industriales de algo denominado educación cívica que portamos en todo tipo de aglomeraciones. Evito mayores comentarios porque me imagino que el que más y el que menos también los habrá tenido que soportar, pero el encontrarte un vehículo parado en mitad de la calzada porque algún pasajero se ha bajado para montar su muñequito de nieve en el capó, es de lo más normal. No entendí el aviso de que se subía por esta carretera por la que yo descendía y se bajaba por la de La Orotava, porque eso no sucedía en esa tarde dominguera.
La niebla y la lluvia nos acompañaron hasta Los Rodeos, que estaba claro, qué raro. Luego, nueva recalada en el hospital, pateada suave por La Cuesta y retorno al hogar, dulce hogar. Y la rutina, que si el Tenerife empató, que si el Madrid le puso a huevo la liga al Barcelona, en clave de ja, estudio estadio, todo goles, inundaciones en Las Palmas, la presa de Soria (estará más inflado que nunca) a reventar…
Hasta mañana.