domingo, 20 de febrero de 2011

La Gomera en el recuerdo (16)

Finalizaba el siglo XIX y en El Auxiliar (20 de diciembre de 1899, páginas 1, 2 y 3) hallamos la transcripción de un pasaje del acta de una sesión en el Congreso madrileño en el que se hace un ruego al ministro de Fomento (responsable de la educación –instrucción primaria– en aquel entonces) para que los maestros, entre otras cosas, no tuvieran que ir a hacer los exámenes de oposición a Sevilla.
Antes, si me lo permiten, recordarles que El Auxiliar, subtitulado ‘periódico de primera enseñanza’, se editaba en Santa Cruz de Tenerife (Calle de Ferrer, número 3), que se publicaba tres veces cada mes al precio de 2 pesetas cada trimestre y que el ejemplar citado hoy se correspondía con el número 476 (año XIII, 3ª. época). Y ahora sí, vamos con la noticia:
«Restablecimiento del decreto de 1874, autorizando á los maestros de instrucción primaria de Canarias para pasar sus exámenes en la capital de las islas: ruego del Sr. Marqués de Villasegura. Contestación del Sr. Ministro de Fomento. Rectificación del Sr. Marqués de Villasegura.
El Sr. Marqués de Villasegura: Perdone el Sr. Ministro de Fomento, mi distinguido amigo, que sin previo aviso me tome la libertad de dirigirle un ruego, que es de la más alta importancia por relacionarse con el adelantamiento y la cultura de la circunscripción de Tenerife, que tengo el honor de representar aquí.
El ruego está relacionado con una solicitud de que no sé si S. S. tendrá conocimiento, de la Real Sociedad de Amigos del País de Tenerife, por la cual suplican á S. S. que tenga la caridad de que se conceda á la Escuela Normal provincial de San Cristóbal de la Laguna, la misma gracia que otorga el Real decreto de 5 de Mayo ultimo á la de maestros de las islas Baleares. Justo, justísimo, equitativo y de justicia es el ruego de esa Real Sociedad, pues si prevaleciese el Real decreto de 23 de Septiembre de 1898, ó sea del tiempo de mi respetable amigo Sr. Gamazo, pues si prevaleciera ese Real decreto, los alumnos que obtengan título profesional sólo podrían desempeñar escuelas públicas de dotación inferior á 825 pesetas, con descuento. ¿Cree S. S. que tan mezquino sueldo puede ser motivo para que la juventud canaria se dedique á la honrosa carrera del magisterio normal?
Seguramente que S. S. con su claro talento comprende que ello es imposible, por mucha que sea la vocación y hasta la necesidad de esa juventud.
Si á las islas Baleares, con muchísimo acierto, equidad y justicia se le concedió por Real decreto de 5 de Mayo último el privilegio, llamémosle así, de que estos maestros normales puedan examinarse en la capital ó donde se hallen establecidas las escuelas normales, sin necesidad de ir al distrito universitario para sufrir sus exámenes, igual justicia le asiste á las islas Canarias, si aun no fuera mayor, pues desde las islas Baleares á Barcelona, que es la capital del distrito universitario, se tarda unas cuantas horas, el pasaje es barato y puede decirse que se hace con bastante comodidad; mientras que para venir desde las islas Canarias al distrito universitario, que es Sevilla, se necesitan tres días de viaje en muy malos buques, siendo el pasaje muy caro, lo que supone gastos imposibles para un pobre.
Por consiguiente, si ha sido equitativo y justo, que yo lo reconozco, el conceder á las islas Baleares ese privilegio de poderse examinar sin salir los maestros de sus islas, también es justo que á las islas Canarias se las conceda igual beneficio, tanto más que hace algunos días yo dije a S. S. que había algunas islas, y para hablar más claro, la isla de la Gomera y la del Hierro, que yo he visitado hace un mes, en donde no hay una escuela hace diez años, y S. S. comprenderá los perjuicios enormes que ocasiona este abandono, esta desidia; pero no es posible que pueda haber escuelas cuando se da á los maestros un sueldo verdaderamente mezquino, y eso cuando se les paga, que no se les paga siempre, pues á mí me consta que hay allí maestros titulares en la Gomera, que hace muchos años que no cobran ni ejercen su profesión, pues ni local tienen.
Mi petición no puede ser más justificada. Las islas Canarias no están en las mismas condiciones que las provincias de la Península, donde bastan unas cuantas horas de viaje cómodo y barato, casi siempre en ferrocarril, para ir de cualquier pueblo á la capital del distrito universitario. No sucede así en Canarias: allí no hay más medio de comunicación que un vapor malo, y puedo decirlo de ciencia propia, con unos precios de pasaje que difícilmente pueden pagar esos pobres maestros que ganan 825 pesetas al año.
Hay precedentes en favor de lo que pido: por Real decreto de 29 de Agosto de 1874 se concedió á los maestros de Canarias que pudieran hacer sus exámenes en las Escuelas Normales de Las Palmas y de San Cristóbal de la Laguna; de modo que no habría que hacer más que volver á poner en vigor ese Real decreto.
De todas suertes, yo ruego encarecidamente al señor Ministro que haga extensivo á las islas Canarias el privilegio otorgado á las islas Baleares, porque es de toda justicia y equidad, y porque esa disposición será altamente favorable para la modesta clase del magisterio normal, y sobre todo para la cultura é instrucción pública, harto necesitada de protección en nuestro país; mucho ha influido el atraso que en este punto padecemos para las recientes desgracias, que ahora lamentamos.
Conceda, Sr. Ministro, á la Escuela Normal de la Laguna, como se ha hecho con la de Baleares, el derecho para expedir títulos que den aptitud para desempeñar toda clase de Escuelas en Canarias, en vista que aquella Normal no puede ser elevada á superior por carecer de medios aquella Diputación provincial.
Y ya que el Consejo de Instrucción pública se ocupa de las Escuelas de Artes y Oficios, no olvide S. S. de establecer alguna en la capital de Canarias, que tan digna es de la protección del Gobierno.
El Sr. Ministro de Fomento (Marqués de Pidal): Desde luego prometo á S. S. tener muy en cuenta estas observaciones, que en el fondo me parecen muy atendibles. Estudiaré el asunto, y procuraré resolver en armonía con los deseos expresados por el Sr. Marqués de Villasegura. No puedo en este momento dar una contestación definitiva, porque no he oído bien todo lo que S. S. ha dicho, y, sobre todo, porque tratándose de un asunto importante, como lo son todos los que se relacionan con la enseñanza, exige de mi parte el necesario estudio. Pero repito que abundo en las opiniones expuestas por S. S., y espero que muy pronto podré darle contestación categórica y satisfactoria.
 El Sr. Marqués de Villasegura: Estoy muy tranquilo con la oferta que me hace el Sr. Ministro de Fomento, porque hace años tengo la honra de conocer á S. S. y sé que uno de sus mayores desvelos es la difusión de la enseñanza. El ruego que le he dirigido es de tanta justicia y equidad, que, cuando S. S. lo estudie, estoy seguro de que dictará una resolución satisfactoria, por la cual y por sus buenos deseos le doy gracias muy expresivas, expresándole por anticipado mi gratitud y la de mis representados».
Si se han tomado la molestia de leer con atención esta intervención, habrán podido comprobar que 111 años después no han cambiado demasiado los discursos. Porque llama poderosamente la atención la referencia a los medios de transporte en la Península y en Canarias. No me negarán que esta cantinela no se la han escuchado a nuestro presidente en más de una ocasión. Por lo que uno a veces se plantea para qué demonios demandamos más autonomía si luego tenemos que recurrir a Madrid para que arbitre sobre los asuntos archipielágicos canarios. Tanto es así que hemos consignado una buena cantidad de euros para que nuestros representantes tengan en la capital de España el auto dispuesto cada vez que bajan del avión. De otra parte, meditando los contenidos de las intervenciones políticas de años idos caemos en la tentación de las comparaciones y, al menos es mi caso, estimamos que los cargos electos actuales dejan mucho que desear. No obstante, si alguien debe estar contento y feliz es el alcalde de mi pueblo realejero, don Oswaldo Amaro Luis, a quien le escucho en reiteradas ocasiones la expresión ‘digámoslo así’. Hoy me acabo de enterar que se la copió de don Imeldo Serís Granier y Blanco, Marqués de Villasegura, marino, senador y congresista (‘llamémosle así’). Y curioso, cuando menos, la sinceridad del ministro al señalar que no había oído bien lo que se le demandaba. Los de ahora ni te oyen ni te escuchan, y encima se callan como tusos.
Conozco La Gomera desde hace algo más de 48 años. Cuando la visité por vez primera, seguía con ese atraso secular que estos comentarios y reseñas han ido poniendo de manifiesto. Con satisfacción he podido comprobar el cambio radical que ha ido ‘sufriendo’. Y con conocimiento de causa expreso que me gustaría tener en el entorno tinerfeño cercano, por ejemplo, unas carreteras como las actuales de la Isla Colombina.
Procuraremos persistir en el empeño de seguir husmeando en viejos papeles, ahora, afortunadamente, digitalizados. Hasta la próxima.