domingo, 27 de febrero de 2011

La Gomera en el recuerdo (17)

El Porvenir de Canarias fue una revista de anuncios e intereses materiales, de administración, instrucción pública,  jurisprudencia y literatura. Indicaba, además, en su cabecera: “Se suscribe en Canaria: En casa D. Antonio Doreste y Navarro á 4 rvn. al mes. Se suscribe fuera de esta isla: Por medio de cartas dirigidas á la redacción francas de porte á 5 rvn. Se publica una vez por semana: los domingos”.
En el número 6, correspondiente al 14 de noviembre de 1852, páginas 1 y 2, hallamos, bajo el título de ‘Pesca canariense’, una curiosa crónica relacionada con la pesca de la ballena y del atún. Va el relato:
“Pesca de la ballena: Entre las varias especies de cetáceos, que se notan en el mar de las Canarias, parece que se encontraban con frecuencia hace años las ballenas y los cachalotes. Nada tiene de estraño que estas dos especies de sopladores, antes que se hubiesen refugiado por decirlo asi en los hielos de los océanos polares, habitasen la templada latitud de las Canarias, despertando la codicia de sus industriosos habitantes. En efecto, la conocida ventaja de su pesca les hizo pensar en utilizarla, y para ello se formó una compañía por acciones, con anuencia y auxilio del Gobierno, quien nombró de comisionado para su realización al Comandante General de la Provincia Marqués de Branciforte; cuyo gefe paso á desempeñar su encargo á la Ciudad de las Palmas de Gran-Canaria en Marzo de mil setecientos ochenta y seis, y después de haber descansado en el palacio episcopal, donde le hospedó suntuosamente el Ilustrísimo Obispo D. Antonio Martinez de la Plaza, salió para el sur de la isla, a cuya costa se habian dirijido ya desde la bahia de las Palmas las embarcaciones y lanchoncs con sus correspondientes útiles y pertrechos para dar principio a la pesca, que tuvo un resultado mui desgraciado, pues los balleneros canarios, de los catorce monstruos que dicen avistaron, no harponaron con éxito ninguno, aunque uno de los barcos pesqueros fue siguiendo algunos de ellos hasta la Gomera. Como queda visto á los empresarios no solamente no debió tocarles ningún ganancioso dividendo, sino que perdieron su capital.
En mil setecientos noventa y cinco S. M. Carlos IV concedio á D. Cristobal de Mujica, natural de las Palmas, el derecho esclusivo de la pesca de la ballena en el mar de las Canarias, encargandosele de que cualquier descubrimiento útil que para ejecutarlo encontrase, lo pusiese en conocimiento del Gobierno, por la via reservada. Estendióse el Real privilegio por espacio de diez años, no contando aquellos en que no hubiese zafra de pesca. De la corte se trasladó el empresario con su Regia gracia á la Gran-Canaria y procedió á disponer los preparativos necesarios para ella, construyendo cuatro faluchos, y proveyendose de los correspondientes útiles. El seis y ocho, de Abril de mil setecientos noventa y nueve salió la espedicion de Las Palmas para las costas del sur de la Gran-Canaria, en donde solamente se cojieron dos ballenatos, de á nueve y media varas de largo, el primero el doce y el segundo el veinte y cuatro de dicho mes. De lo espuesto se infiere que el resultado no fue mui feliz, por lo poco que al buen éxito cooperaron los habitantes, y aun también algunas de las autoridades; ya séase por envidia, ya por mala inteligencia, ya también por desavenencias y oposición al sugeto empresario. En mil ochocientos uno se repitió la pesca sin ningún fruto, lo mismo que en mil ochocientos seis.
Pesca del atún:  Ciertos industriosos genoveses concibieron la idea de establecer una pesqueria para hacer valer los atunes, que frecuentan las costas de la Gomera. Con este objeto D. Francisco Grasso obtuvo en mil ochocientos treinta privilegio por seis años para la salazon de este pescado, con cuya Real gracia fundó un establecimiento en el puertecillo que llaman las Canteras, en el canal que separa la precitada isla de la Gomera de Tenerife. El Sr. Grasso continuo sus operaciones con un producto anual por término medio de docientas cincuenta pipas, hasta mil ochocientos treinta y ocho que terminó su prerogativa.
Desde que el ejercicio de esta pesca quedó enteramente libre, se multiplicaron los establecimientos de salazon, tanto en la misma isla de la Gomera, como en las costas del sudoeste de Tenerife y sur de la Palma. Actualmente existen catorce en las tres islas, los cuales proveen al sostenimiento de ciento cincuenta familias, ocupando ochenta barcos de pesca y transporte, tripulados por ochocientos hombres de mar. Las que se ocupan de esta pesca venden la mayor parte del atún, o casi todo, á los establecimientos de salazón, que lo embarrican para esportarlo á Cataluña. Cada pipa se calcula en tres quintales, cuyo precio medio es de ochenta á noventa pesos fuertes; aunque también ha solido subir á ciento veinte, como bajar á treinta. Puédense llenar anualmente cosa de setecientas, mil, a mil trescientas pipas, todas de esportacion. Los pescadores acostumbran salar algún atún para vender en el interior de la isla. Estos peces arriban en ranchos dos veces al año: en primavera y en otoño; siendo la primera pesca la mejor. Mui rara vez se quedan todo el año”.
Llama poderosamente la atención la enorme cantidad de faltas de ortografía en el texto, lo que demuestra que no eran los cajistas todo lo diligentes que se requería para este trabajo.
El Noticioso de Canarias de 21 de abril de 1854, Semanario de avisos e intereses materiales, editado en Imprenta La Isleña de Santa Cruz de Tenerife, nos trae una de las tanta informaciones que debieron sucederse en una isla que dependió mucho tiempo de la agricultura para poder subsistir:
“Gomera. Hermigua, 17 de Abril. Las lisongeras esperanzas que se habian concebido de una abundante cosecha; ya por lo mucho sembrado, ya por lo favorable del tiempo hasta fin de Febrero, han quedado completamente desvanecidas. Nos faltaron las aguas en la época que mas se necesitaban, y la recolección será la mas escasa que se ha conocido, haciéndose sentir tanto mas esta falla, cuanto mayores habian sido los gastos adelantados, por la mucha siembra que se hizo.
La situación, pues, de esta isla es verdaderamente aflictiva, siendo el único alimento de una gran parte de sus habitantes, el pan de la raiz de helecho, y los ñames. Si hoy se presentase un buque pura estraer familias serian muchas las que emigrarian, sin cuidarse de preguntar á donde las conducian. En nuestra situación nos consuela y alienta la esperanza de que no se perdonará medio para aliviarla, por parte de la autoridad superior del Exmo. Sr. Gobernador civil, en cuya paternal administración, nobleza de carácter, y energía de voluntad para hacer el bien, confiamos hallar protección y amparo en nuestra miserias”.
El mismo semanario tenía una sección titulada ‘Sucesos memorables’, en la que hemos hallado:
“1743. Una escuadra inglesa al mando de Carlos Windson, fondea frente la villa de San Sebastian de la Gomera; despues de un vivo cañoneo contra el pueblo y los fuertes, durante aquel dia y el siguiente, intentan un desembarco, pero son rechazados por las fuerzas del pais, y la escuadra se dá á la vela”. (El Noticioso de Canarias, 31 de mayo de 1854)
“1599. Invaden los holandeses al mando de Vander Doez la isla de la Gomera, pero atacados por los naturales con el mayor heroísmo, se hallan obligados á reembarcarse, dejando gran numero de muertos, y habiendo la artillería de los fuertes echado á pique la capitana de la escuadra”. (El Noticioso de Canarias, 13 de junio de 1854)
Por último, en Eco del Comercio (periódico comercial, científico y literario) de 9 de junio de 1858 (ver ilustración), encontramos:
“Sabemos que en la Gomera la pesca del atun ha sido este año bastante lucrativa, por haberse presentado el pescado en abundancia. Este ramo de industria, que ha hecho crear en aquella isla, algunos establecimientos importantes, merece toda proteccion, y si bien algunas compañías catalanas y mallorquinas son en su mayor parte las que esplotan este minero, no deja de ser un ramo muy útil para la población de la Gomera, que emplea en ello muchos brazos y fomenta así una industria que la naturaleza ha concedido á aquella isla esclusivamente en todo el grupo del Archipiélago Canario”.
Concluyo con un consejo: si sienten curiosidad y arden en deseos de husmear en ‘viejos’ periódicos, no es menester que acudan a las hemerotecas al uso, como cuando uno tuvo, tiempo ha, que soportar escozores de microscópicos ácaros que te dejaban la piel hecha un disgusto. No, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (perdón, don José) tiene un magnífico archivo de prensa digitalizado. Te dejo el enlace por si quieres alongarte: http://jable.ulpgc.es/. Hasta otra.