sábado, 26 de febrero de 2011

Sigue la fiesta

Mi querida isla de La Gomera está de fiesta permanente. Los diferentes partidos políticos se han empeñado en enturbiar la imagen que de esa tierra tenemos muchos enamorados de sus paisajes, de sus gentes, de su gastronomía, de su cultura. Que no hemos nacido allá, pero que acudimos siempre que las posibilidades económicas y la disponibilidad laboral-familiar nos lo permita. Entiendo que a la mayoría de visitantes estas exquisiteces, que nos brindan aquellos que deben velar por su integridad, nada importan, pues, probablemente, las desconocen sin más. Pero como no es mi caso, porque después de los aconteceres realejeros vivo muy cercanamente los acaecidos en mi ‘segunda patria’, no me tiro de los pelos (escasos) que restan cubriendo la masa craneal –porque haría el ridículo más espantoso–, pero siento rabia infinita en que no seamos capaces de dar otro tipo de pasos en direcciones más acordes con lo que entendemos como sentido común. No, parece que los pensamientos de quienes nos representan deben circular siempre por caminos divergentes. Como si aquellos que no nos dedicamos ‘profesionalmente’ a eso denominado ‘cosa pública’ tuviéramos, reiteradamente, planteamientos raros. Tengo, a veces, la impresión, de que concejales, consejeros, diputados creen estar en un plano superior al resto de mortales, creyendo, por ello, que en lógica consecuencia, sus expresiones verbales y sus juicios u opiniones están muy por encima de lo que podamos sentenciar tú y yo. Sin llegar, ni por asomo, mi osadía a la de cierto articulista (bien le gusta a algunos ponerse calificativos junto al nombre) que manifiesta: a más de uno le gustaría que tal vez se produjese un nuevo golpe, más que nada para no tener que responder. Pueblo chico, infierno grande, se dice. Pero si arriba echamos leña al fuego los que libremente hemos optado por dar a conocer nuestras opiniones por escrito, mal asunto. La frase mentada en cursiva no se admite –no debe hacerse– ni siquiera en el fragor de una contienda (política) verbal. Mucho menos debe ser plasmada en documento alguno, máxime cuando la escritura te da la opción de meditar profundamente antes de pulsar ‘guardar’.
Dijo José Manuel Soria que el PP presenta en La Gomera un proyecto cohesionado para cambiar la manera de hacer política en la isla que dura ya muchos años. Y ni se le cayó un pelo del bigote. Para ello recurre a un condenado por la Justicia (independientemente de que el juicio deba repetirse), que lleva en política tanto o más que a los que debe hacer referencia el presidente popular canario, y a otro político que ha sido nada más y nada menos que consejero del Cabildo durante doce años. Y con retales de aquí y allá, unos miligramos de la mágica gotita y… ¡un proyecto cohesionado! Y todo ello porque ‘muchos ciudadanos’ están demandando un cambio, dado que el PP es un partido fresco en La Gomera. Y tan fresco (coloquialmente, desvergonzado). Pero como ya he escrito en anteriores comentarios de muchos más desembarcos políticos, dejémoslo aquí. Como por último se suma al desaguisado el CCN, con abandonos por desavenencias con Pedro Medina, podríamos elevar la categoría de espectáculo a fiesta. Los mismo la Virgen de Guadalupe se halla deprimida por la competencia desleal que esta tropa le está haciendo. De ahí la fotografía que ilustra el presente. Unas ovejas del municipio de Agulo, y que creo haber utilizado en una ocasión anterior, para hacer notar que el ganado (con mi respeto a los animales) merece otros mimbres.
Dejo La Gomera y, para concluir, retorno al pueblo que me vio nacer, en el que anteayer se celebró sesión plenaria. Y como no me gustan los fuegos y estimo que es un despilfarro muy difícil de justificar en cualquier circunstancia, más en esta época de crisis, me centraré en la respuesta del señor alcalde a una pregunta en la que se le inquiría acerca del comentario de Francisco Linares en el acto de su presentación como candidato de CC en el que señaló que Los Realejos era un pueblo indecente hasta 2003, año en que comenzó a gobernar Oswaldo Amaro (primero con el PP y luego con el PSOE). Algo de lo que ya también me hice eco en este blog. También se le demandó si compartía las declaraciones de su primer teniente de alcalde (Tomás Pérez) en sentido parecido de valorar como nula todo el trabajo de pretéritas corporaciones. Y el señor alcalde respondió que ratificaba tanto las del uno como las del otro, matizando, según su entender, que ellos sólo hacían referencia a la gestión política anterior a 2003 y que no hacían alusión a los realejeros. Algo que un servidor no entiende, y ya lo escribí, pues si mi pueblo ha sido indecente, yo también, máxime cuando tuve la oportunidad de formar parte de una de esas corporaciones y, por lo visto, solo nos rascamos el ombligo. No se percata el señor Amaro que su contestación se cae por su propio peso y que raya la contradicción más absurda. Pero como por lo visto no le pasaron mi anterior entrada en la que aludía al particular, le reitero: Si la gestión política hasta 2003 fue nefasta, la culpa habrá que cargarla proporcionalmente a los tres alcaldes habidos desde las primeras elecciones democráticas (1979) en función del tiempo que ostentaron dicha responsabilidad. De ellos, el último, el anterior a usted, que estuvo desde 1987 a 2003 (16 años), habrá sido, por lógica aplastante, el más nefasto de todos. ¿O no? Y usted, o su partido, lo premió con la gerencia de la Mancomunidad del Norte. Me encantaría que me lo explicara. Lo mismo Alfonso Fernández se lo agradecerá infinitamente, porque siempre le queda la opción de culpar a José Vicente como el causante de su exterminación. Usted que se jacta de solicitar coherencia a sus adversarios (sobre todo en el manido proyecto de la Cruz Santa), no creo esté en las mejoras condiciones para predicar con el ejemplo.
Y ahora sí, acabo. Mis más sinceras felicitaciones por la magnífica puesta en escena (a través de llamadas telefónicas de los amigos de rigor) de su intervención en un programa radiofónico en el día de ayer para dar a conocer los puntos tratados en la sesión plenaria antes aludida. Y por supuesto, la culpa de todos los males realejeros, de los otros. Faltaría más. Nos consuela que cuando usted, señor alcalde, ya no esté, nos reste el recurso de difundir que por su mala gestión seguimos siendo los realejeros igual de indecentes. Y un consejo: no siga atacando al grupo popular porque usted mismo se está restando votos, a no ser que para las próximas lo juegue todo a un número de la lotería. De nada.