jueves, 3 de febrero de 2011

Matar al mensajero

Un artículo del realejero Esteban Domínguez, publicado en EL DÍA el pasado martes, ha sido el origen de este comentario que hoy traslado al blog. Pero aclaro primeramente que ‘hay que matar al mensajero’ es una expresión que ha ido cambiando con el tiempo. En la antigüedad se correspondía literalmente con la realidad, pues los que portaban malas noticias para los gobernantes de turno, directamente, perdían la vida. Ya en la Edad Media la costumbre se morigeró, pues sólo se los torturaba. Un alivio. La vocación de lo que hoy conocemos por cartero estaría, pensamos, sin demasiada demanda. No era de extrañar que se optó por remitir las malas nuevas con esclavos o personas detestadas o sentenciadas (algo más que frecuente en la época). Se corría el riesgo, no obstante, de que el vehículo no llegara a su destino y más de uno de tales emisarios extravió su camino con fundada razón: o de manera consciente ante el temor de la que se le avecinaba, o inconscientemente pero provocada la pérdida  (de memoria) por idéntica matraquilla durante todo el recorrido (el final que le esperaba).
En la actualidad, con esta expresión se suelen cargar las tintas contra el gremio de los periodistas, encargados de transmitir a la ciudadanía los acontecimientos que se suceden en los diferentes ámbitos sociales. Y a los políticos parece no gustarles el que se les recuerde aquellos aspectos de su gestión que parecen no ir por los derroteros del sentido común. No tanto en Canarias donde la mayoría de medios están algo más que ‘comprados’, casi siempre vía publicidad institucional. Peor aún cuando un supuesto candidato de CC en  Los Realejos cuestiona la labor de quien lleva escribiendo artículos de opinión desde hace muchas décadas, simplemente porque se pone en solfa, o meramente se cuestiona la que yo también entiendo nefasta gestión de un alcalde sin rumbo y de un grupo que navega sin norte definido. Pues va a tener el ‘viejo’ recambio que cambiar de táctica, o de alforjas para tan largo viaje.
Estos tics del caballero, querido Esteban, no son nuevos. Recuerda que la corporación municipal del mandato 1983-1987 estaba formada por 15 concejales del PSOE y 6 de un conglomerado denominado AP-PDP-UL; grupito que para mayor espectáculo y honra de nuestro municipio quedó al final como el rosario  (a quien también recuperamos) de la aurora, fraccionado en al menos otros tres grupúsculos. Alguno jugó incluso al carro de la denominada ‘Operación Roca’, pero les pudo la erosión. Y el responsable de este blog algo sabe del particular proceder del ‘nuevo’ refuerzo. Desde el primer semestre de 1983, pero plenamente confirmado el 23 de enero de 1985.
Los salvadores de la patria son así, como el Guadiana. Ahora corresponde la vuelta, el retorno, la aparición. Pero la losa pesa. Los años también. Se impone la renovación en Coalición Canaria. Como finos manipuladores de los viejitos en los clubes a base de inyecciones a lo Pepe Benavente, procede el nombramiento de una nueva directiva del centro que pasará a ubicarse en la Avenida de Canarias, parte delantera de los aparcamientos (¿con licencia?). Mientras otros apuestan decididamente por el ‘asalto’ de la juventud sobradamente preparada, Oswaldo juega a que sus acompañantes presenten una elevada ‘carga’ de experiencia, que ya él, como médico y versado, se encargará de recetarles los medicamentos de rigor para las jaquecas, migrañas y otros dolores propios de la edad. ¡Ah!, se me presupone el debido conocimiento de causa y sigo postulándome como asesor, porque visto lo visto.
Los que se entretienen, Esteban, en los juegos de azar (la elecciones lo son), apenas tienen tiempo para otras nimiedades. Como puede ser la de leerse repetidas veces el artículo 20 de la Constitución. Memorizar su contenido (un fisco complicado porque la etapa de estudiante se halla a unos tres años luz, aproximadamente) y ser capaz de aceptar que otros que, en consonancia con el artículo 16 de la susodicha, deciden libremente expresar y difundir sus ideas y opiniones por el medio que consideren más conveniente. Pero hay personas, estimado amigo, que solo venden, no saben comprar. Y la convivencia democrática se adquiere con el ejercicio continuado de unos valores dentro de un marco social justo. Sí, algunos entienden la justicia y la libertad como su justicia y su libertad. Es el concepto de propiedad mal entendido y al que los seudonacionalistas canarios están tan entregados, que este pueblo indecente solo levantó cabeza cuando ellos llegaron en 2003, aunque hayan tenido que adueñarse (eso sí lo hacen a la perfección) de logros ajenos, adoptándolos como propios sin el más mínimo rubor. Por eso, Esteban, necesitan rescatar ‘viejas’ costumbres, ‘viejos’ procedimientos.
Los jóvenes, aun con el sambenito de la inexperiencia, transmiten ilusión. Los del sector continuista la traducen en la Once, la Primitiva y las diferentes Loterías. Coincido contigo, Esteban, en que la democracia se demuestra en la práctica y quienes quieren cercenar plumas ajenas recriminando opiniones desfavorables, se califican por sí solos. Cada cual es libre de arrumbar ideológicamente por los mares que crea oportunos, y de naufragar allá donde estime conveniente. Hay ejemplares en esta fauna que desean a toda costa morir con las botas puestas. Allá con sus conciencias. Pero déjenme el resquicio de soplar al viento mis juicios de valor, que ya él se encargará de esparcirlos en mayor o menor medida.
Los que escribimos somos plenamente conscientes de que pasamos a estar en el ojo del huracán. Sabemos que cualquiera que pueda sentirse identificado siquiera en algún vocablo de nuestro trabajo, puede saltar cual quíquere desplumado. Pero mal fario el que alguien, siendo todavía mero posible aspirante a concejal y con marcadas aspiraciones a la hacienda local –otro juego añadido–, comience a ver pajas en ojos ajenos y no vigas en el propio. Estos escozores tempraneros no son un buen presagio. En consecuencia iré el 22 de mayo a votar por gente que me garantice unos gramos de ilusión y no por caducos y retrógrados que, para más inri, pretenden halagos y carantoñas. Para senectud, me basta con la mía. Pero con la ecuanimidad suficiente para no conformarme con la revista de Mundo Senior. Hay otros horizontes. Entre ellos, la capacidad de discernir y valorar las acciones reprobables. Como la es, y finalizo, el que un viejo renovado (¿o recauchutado?) político local realejero se atreva a recriminar en público el que un ciudadano haya escrito unas líneas que no le resultaron agradables por la crítica vertida hacia la acción (¿o inacción?) de su formación, atreviéndose, incluso, a dictar instrucciones para que estas (las críticas) se dirigieran asimismo hacia el resto de grupos políticos del consistorio. El que demanda amanuenses solo demuestra su elevada incapacidad.
Hasta la próxima.