sábado, 5 de marzo de 2011

Descolocado

Deben ser cosas de la edad, pero existen hechos y circunstancias que me dejan patidifuso. Cuando escucho a un individuo (persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se quieren decir –hasta después–) manifestar que él accedió a la política porque quería ser alcalde, el cuerpo me tiembla un fisco. Porque tal aseveración no puede tener otra interpretación que la de pensar que el personaje en cuestión requiere unas buena dosis de humildad. Y ya lo manifesté en una anterior ocasión: no me convencen quienes parecen ir disfrazados de corderitos para, a las primeras de cambio, sacarte el colmillo. Ya pudo haber alegado que llega a la denominada ‘cosa pública’ con el afán de servir al pueblo que lo vio nacer, porque es necesario un cambio de rumbo y una mejor gestión que saque al pueblo del ostracismo en el que se halla sumido por culpa de los que gobiernan actualmente… No, yo vengo con la etiqueta puesta: quiero ser alcalde.
Y si tú me dices ven, lo dejo todo. Qué bonito. Aunque mi padre me espete aquello de ‘tú estás bobo o qué’. Porque si actualmente juegas en primera división (Congreso de los diputados), ¿cómo vas a descender de categoría? ¿En qué quedamos, Manolo Domínguez? Haz una reunión familiar y pongan las cosas en claro. [El inciso: te señalo que la mía se reúne todos los viernes por la tarde (ayer) y lo recomiendo. La instauró mi madre y una vez fallecida, los hermanos seguimos por la labor.] Porque los electores estamos cada vez más desconfiados con estos procederes. Cristina Tavío, después de que se pegue el batacazo al ayuntamiento santacrucero, se quedará cómodamente sentada en Teobaldo Power, donde aspirará a ser, una vez más, miembro de la mesa. O lo mismo presidenta, cosas peores se han visto. Pablo Matas seguirá en Madrid. Y tu ‘maestro’, Sebastián Ledesma (quien, por cierto, lleva presentándose desde 1995), no podrá mantener su estatus con una simple concejalía en el consistorio del Penitente, por lo que habrá que hallarle nuevo acomodo, salvo que a Marcos Brito le haga falta un comodín para su baraja, perdón, para su peculiar manera de continuar cargándose a los populares portuenses. Yo lo resumo de la siguiente manera: en la campaña (que no se inicia con la convocatoria electoral, sino desde muchos meses antes), todos mansos corderos e idílicas ovejitas. Luego, agárrate que vienen curvas. Primero marejadilla y después fuerte marejada.
Vamos por partes. Cuando todo parece ir favorable al PP –más que por sus propios méritos (no los conozco), por los bandazos del PSOE–, porque las encuestas así lo indican (pero no olviden que son retratos de un momento; fotos fijas, que se dice), entiendo que les pueda la euforia. Y que ya se crean vencedores de una carrera que ni siquiera se ha iniciado. Tengan cuidado, no sea que les pase lo que a la liebre con la tortuga. Cuando aquí en Los Realejos se está intentando vender una imagen de ‘niños buenos con carita de bienhechoras gentes’ (algo que podremos o no creer, faltaría más), nos hallamos ramalazos de dudosa calificación como el acaecido en la última sesión plenaria del Parlamento de Canarias con el íntimo amigo de Eligio Hernández, a saber, Manuel Fernández (senior). Es una simple prueba de lo de enseñar la patita por debajo de la puerta. Usé, hace unas semanas, el vocablo zorro (vayan al diccionario).
A un servidor le encantaría, de verdad de la buena, ser testigo de un gobierno del Partido Popular (al nivel que sea) en una época de crisis. Porque ese discurso calcado de que lo haremos mejor (Aznar con Felipe, Rajoy con Zapatero, Domínguez con Amaro) cuando la economía comienza a presentar signos evidentes de recuperación, lo puede sostener cualquier ignorante (como yo, sin ir más lejos). Pero también se cae su propuesta de presentarse en sociedad, estimado señor candidato Manolo Domínguez, como la novedad, el joven suficientemente preparado, la panacea, el salvador. No olvide que usted se presentó ya en el lejano 1999 (número 5 de la candidatura), en 2003 (número 2) y en 2007 (número 1). No presumamos de mocedad, porque le podría poner múltiples ejemplos de quienes a su edad ya se habían retirado (políticamente) después de cumplir mandatos en diferentes instituciones. Y simplemente porque estimaban colmados sus compromisos y retornaron a sus trabajos para cumplir lo que ustedes ahora pregonan pero jamás practican: que la política es –debe ser– algo momentáneo, pasajero, coyuntural. Hasta tu jefe natural, José Manuel Soria, lo predica cada tres por dos, lo que pasa es que son meros impulsos irresistibles (diciéndolo claro, se cree hasta sus mentiras).
En otro orden de cosas, como escriben encumbrados periodistas en los diferentes medios de comunicación impresos, hace unos días aconsejé a Oswaldo Amaro, candidato de CC al mismo puesto que aspira usted, que se relajara un poco en sus críticas al PP. Y ahora lo hago, si a bien lo tiene, en sentido inverso. Porque noto a ambas formaciones políticas más nerviosas de lo que sería menester. En Los Realejos sabemos que existe un amplio sector del electorado que tiene ante sí el tremendo dilema de qué hacer el próximo 22 de mayo. Si optar por la veteranía y experiencia (con sus matices) que conforma el grupo encabezado por el actual alcalde, o apostar por otro equipo que presume –creo que solo eso– de nuevo (también con sus matices). Y en esa particular lucha nos hallamos. Los cantos de sirena resuenan por el barranco de Godínez. Por lo que llegan nítidos a mi casa. Como también tengo todo el derecho (y el izquierdo) del mundo a expresar libremente mis opiniones, deseo fervientemente que los otros (partidos) en discordia sepan terciar adecuadamente. Porque para mí, insisto, para mí, mucho sobrado está necesitado de un buen par de nalgadas (metafóricamente escribiendo).
Recuerdo la campaña de 2003 en la que Oswaldo Amaro insistió hasta la saciedad que iba a compatibilizar su trabajo profesional (medicina) con el quehacer político (alcaldía). En el primer pleno, parece que lo estoy viendo, le dijo a Juan Borges que ya tenía un titular de prensa, pues ‘desde las altas instancias’ le habían indicado que nanai de la China. En 2011 cae Manolo en la misma trampa. ¿Y si don Soria lo reclama para otros círculos más atrayentes, más que en primera división, en la ‘champions league’, por ejemplo? ¿Dejará al pobre Adolfo haciendo horas extras y corriendo como un loco de emisora en emisora? ¡Ay, qué nervios!
Una apostilla final para todos aquellos que me echan de menos en ciertos foros: me di de baja del feisbuc. No me pregunten más si quieren que sea su amigo. Yo entiendo las amistades de otra manera. En esos muros, y a mi edad, se me hace tremendamente difícil echarme un cortadito en el transcurso de una conversa. Además, me salían amigos a tutiplén. Incluso gente a la que no conozco de nada; qué confianzas son esas.
Muchacho, ya es sábado. Descansen, pero lean algo. Y perdón porque la foto me quedó a la izquierda.