jueves, 31 de marzo de 2011

Eduardo Álvarez y la despensa canaria

Iba yo caminando, como casi todas las tardes, por la autovía. Y a la altura de El Castillo, allí donde arranca la bajada hacia La Longuera, me encontré con Reme, la de Alberto, el carpintero (y Remedios, para que no se enfade). Por razones que no vienen al caso hablamos de hospitales y enfermos. Pero tuvimos un fisquito de tiempo para comentar mínimamente algo de la aventura del más pequeño de la familia allá por tierras teutonas, más concretamente en Stuttgart, capital del Estado alemán de Baden-Württemberg. En esa población de algo más de 600.000 habitantes, Eduardo llevaba un tiempo intentando poner en marcha un proyecto en el que había depositado una enorme ilusión y al que le había dado unas dieciocho mil vueltas. Pero vayamos por partes.
¿De qué conozco yo a Eduardo? La primera de las fotografías puede darte norte de la pregunta planteada. Un servidor está orgulloso de haber sido su maestro de lengua en el colegio público de Toscal-Longuera cuando él era mucho más joven (¿se nota, no?) y un servidor podía presumir de una mata de pelo infinitamente más decente que la porquería que ahora cubre su testa. Y ahí está nuestro joven empresario en una clase que si mis cálculos no son erróneos se trata del 7º de la antigua EGB, grupo B, del que el menda era además su tutor. Ahí están con él Mariana, Merche, Yesenia, Elicio, Samgar, Óscar, Yaiza… (y ahora se enfadará conmigo el resto por no mentarlos).
Hace unos meses Eduardo se puso en contacto conmigo para que le escribiera unas líneas acerca de su iniciativa. Transcribo esa modesta aportación:
“Canarias, encrucijada tricontinental de caminos en la inmensidad del Atlántico, abierta y cosmopolita, crisol de culturas y punto de encuentro, es destino turístico de relevancia mundial. Parece obvio el manifestarlo porque la presencia de multitud de visitantes bien lo corroboran. Desde siglos atrás muchos viajeros marcaron impronta y dejaron huella indeleble en el devenir histórico del archipiélago. Hemos, incluso, aprendido, mucho de ellos, de sus escritos, de sus contribuciones. En los que han plasmado tremendo bagaje de nuestra cultura, de nuestras tradiciones, de nuestra gastronomía.
Es sintomático contemplar cómo el turista, fundamentalmente germano, experimenta el husmear en todo aquello que englobamos en el concepto de lo tradicional. Degustando unas papas arrugadas y un buen vaso de vino en cualquier guachinche, o participando activamente en la cuchipanda espontánea de cualquier romería. Y como patea por senderos y caminos, regresa al frío país de origen aún con la miel en los labios, con la agradable sensación de olores, colores y sabores. Cuán nítidas las imágenes que visionamos en Casa Efigenia, allá en Las Hayas de La Gomera. Y allí, un nutrido grupo de excursionistas recupera fuerzas ante un humeante y reconstituyente puchero, tras la previa ingesta del clásico potajito de berros.
De ahí nace nuestro proyecto "Die Kanarische Speisekammer". En esta aldea global en la que los medios de comunicación nos trasladan en milésimas de segundo de un extremo a otro del globo terráqueo, ¿por qué no llevar la otra Canarias a los posibles mercados? Cierto es que existen canales comerciales en la actualidad. Pero entendemos que restan todavía enormes posibilidades que, con algunos empujes institucionales y grandes dosis de ilusión –la que se nos presupone a la gente joven–, podrían ir abriendo puertas.
En ello estamos, en la época de siembra. Roturamos el terreno y depositamos la semilla con verdadero deleite. Porque creemos que es posible. La amplia riqueza de productos que hallamos en un territorio pequeño y fragmentado, nos da pie a pensar que las expectativas pueden ser metas alcanzables. Y nos ayuda la ventaja del reconocimiento que para el potencial consumidor supuso su estancia en cualquiera de las islas, donde “se pudo chupar” los dedos con un buen salmorejo, unas papas bonitas y lo regó con un buen caldo de “lo que la parra dio”. Qué decir, además, de la increíble variedad de quesos, de los distintos tipos de gofio, de las reputadas mieles, del plátano (el nuestro, el de las ‘pintitas’)…
Este preámbulo, a modo de exposición de motivos, es mera muestra de una fe ciega en que el proyecto que a continuación desarrollamos, sea el punto de arranque de quienes desde la distancia pretendemos que Canarias se convierta, amén del destino predilecto por sus bellezas naturales, en centro emisor de su rica y variada gastronomía, e ir sentando bases para que en estas tierras germanas se comercialicen los productos de las islas”.
Ya el plan ha dejado de serlo. Se ha convertido en una realidad tangible. Y el periódico Canarias7, edición del pasado martes, publica un magnífico reportaje, con un amplísimo despliegue fotográfico, de la apertura de “La despensa canaria”. Por mi parte, desearle a Eduardo y a su equipo (en el que ha incluido a un miembro de la saga de los Dreisorner, sinónimo de sapiencia culinaria) la mayor de las suertes en esta plataforma canaria allá en el continente. Sus hermanos, amén de sus padres, pueden estar tremendamente orgullosos del ‘niño’ de la casa. Como ya le indiqué en un e-mail hace dos días, espero que el próximo encuentro sea en esa ciudad que te ha acogido y que podamos echarnos algo de la tierra para rememorar viejas andanzas. Y si fuera, en la calle, hace un pelete del carajo, mejor que mejor. Reitero la enhorabuena y p´alante.