sábado, 26 de marzo de 2011

Menudo revoltillo

Como ningún partido político parece tener claro su discurso para estas próximas elecciones, creo que lo más conveniente es armarme de valor y hacerle caso a todos. Sí, como lo oyes (lees). Tú debes ser disciplinado y seguir los doctos consejos de quienes llevan las riendas… Adiós, jinete.
Carlos Tarife es, eso leí, coordinador de organización del PP en Tenerife. Y dijo el buen hombre que el voto a CC es un voto para Zapatero. Pero surge otro caballero llamado Juan José Martínez, que ostenta el cargo de secretario de organización de CC en Tenerife, y suelta que votar al PP es igual que votar a Zapatero (porque, eso alegó, Alarcó y Abreu están tramando una alianza para descabalgar –ya que menté lo de jinete– a Melchior del Cabildo tinerfeño).
Visto lo cual, convendrás con un servidor, que hagas lo que hagas vas a votar por el PSOE. Independientemente de que todos (también) sostengan que estas no son elecciones generales (y aunque mantienen que ahora no se dilucida si Rajoy o Zapatero, caen, no obstante, cada tres por dos en esa cantinela), sino que hay que mirarlas bajo otra óptica más cercana. Pues no se nota nada, tú. Sea como fuere, al pobre Zapatero le están dando por todos los lados. Ya no le queda sino presentarse al nuevo concurso de la Autonómica y salir elegido ‘Drag SuperStar’, de la mano de Manolo Artiles, con quien compartiría un par de sesiones fotográficas con faldas y a lo loco.
La austeridad de Paulino (con el dinero que le envía Zapatero merced al acuerdo firmado entre Ana Oramas y José Antonio Alonso y que visualizaron hace dos días Milagros y Gabilondo) le está haciendo caer en una ¿nueva? incongruencia. La de hacer ahora lo que Soria le propuso hace unos meses. Pero él saca pecho con lo de menos decir y más hacer. Máxime cuando don José lo ha nombrado ‘rey de Canarias’. Y como tal se ha cargado cinco fundaciones y dos empresas públicas. Con lo que ahorraremos unos buenos puñados de millones de euros. Además, nadie irá al paro porque no tenían adscrito personal alguno. ¿Tú lo entiendes? ¿Y a dónde iba el dinero? ¿Por qué ahora y no desde el día siguiente de haber tomado posesión hace casi cuatro años?
Todo esto se le ocurre mientras se da tono en el helicóptero. Sí, el de la austeridad, el de los seis mil euros por hora de ‘levantada’. Repasa los horarios de Binter e Islas y comprueba la generosidad de vuelos entre los aeropuertos canarios. Lo dice hasta Perestelo, pero bajito para que el jefe no le llame la atención. Y en la fiebre inauguradora que les ha entrado a los gerifaltes de CC, lo dicho hace unos días: ni mean, tú. Echo en falta que no hayan venido a mi pueblo con tantas obras a las que cortarle una cinta. Por ejemplo, los aparcamientos de San Agustín, la canalización de las aguas pluviales en el Callejón de los Cuartos, la restauración de la Casona de La Gorvorana, la nueva plantación (acometida por Wladimiro) del Bosque de la misma zona, la apertura del Recinto Ferial de La Gañanía (cerquita de donde presentaron a Oswaldo, el de las soluciones para el futuro –con ocho años no ha superado el periodo de pruebas–).
Mientras Paulino y Melchior inauguran por duplicado, aunque no esté finalizado, cuanto se ponga a su alcance (en Icod saben mucho de esta película), se mantiene la emoción –qué suspense– en La Laguna. Sí, donde se ha inaugurado (cómo se repite el vocablo) el Intercambiador. Que permitirá mil operaciones diarias (adiós, por fin, a las listas de espera) y saldrás nuevo, como lavado con Perlán. Allí se halla recluido un tal Pérez, aletargado y a la espera de dar el salto. Más que una reflexión, lo suyo parece ser una continuación de los antiguos ejercicios espirituales.
Como hoy es sábado, lo voy a dejar. Este fin de semana no leeré la prensa. Me encerraré en casa y pensaré que cuando seamos estado independiente habrá que cambiar el medio de transporte presidencial. Adquiriremos un Falcon y podremos dar saltos mayores. Iremos hasta Venezuela a entregar unos cheques pendientes, y llevar unos puros palmeros, un tarro de almogrote, unos quesos de Guía, un malvasía conejero… ¡Ah, se me olvidaba!: y un tambor herreño, porque vivimos en un archipiélago y tal y cual.
Hasta mañana.