lunes, 14 de marzo de 2011

Una maestra peculiar

Ya lo manifestaba en el comentario del pasado sábado. Y el editorial de EL DÍA (ayer domingo) lo vino a confirmar: Manolo Reyes ha quedado fichado como punta de lanza en el equipo independentista de don José. A este paso tendré que seleccionar mis lecturas o el que acabe gritando ‘vacaguaré’ deberé ser yo. Y vamos con asuntos más serios.
La maestra del barrio orotavense de La Luz, Doña María del Carmen González Rodríguez, tuvo más de un encontronazo con los vecinos del lugar. El 15 de septiembre de 1929 envió un oficio al ayuntamiento villero, porque en 3 años y 6 meses que llevaba al frente de la escuela de La Luz, no había sido enjalbegada, ni tampoco la casa de la maestra. Expone también que un trozo de pared, al lado de la puerta, está a punto de caer, que la azotea está rendida y se mojan los dormitorios a poco agua que caiga. [Archivo Municipal de la Orotava, Instrucción Pública, Varios (1929-1930), Comunicaciones y otros documentos... (1926-1931)]. Y el 27 de enero de 1930, mediante oficio a la alcaldía, denuncia a Dª. Francisca Mesa, por vender los domingos sin respetar los preceptos legales y por haberla llamado alcaueta (sic) y manifestarle que en su casa ella hace lo que le da la gana.
El 11 de octubre de 1930 envía una extensa comunicación al alcalde de La Villa en la que acusa al alcalde pedáneo del barrio (El 8 de octubre de ese año ya había remitido un oficio quejándose de que el alcalde pedáneo estaba yendo de casa en casa aconsejando a los vecinos que no matricularan a sus hijos en la escuela, porque él iba a procurar que viniese una nueva maestra)  por haber emprendido una campaña en su contra. Vaya su transcripción íntegra para una mejor y adecuada composición de lugar:
María del Carmen González, Maestra Nacional de la Luz, Orotava;
Acusa al Sr. Don Antonio Bautista, Alcalde Pedaneo de esta Barrio, por hacer una campaña en contra de la Instrucción y cultura de la Maestra y de la Escuela, para lo cual, se ha recorrido dicho Barrio de más de 300 habitantes, hostigando a los padres de familia, para que no manden su hijos a la Escuela, consiguiendo de 16 personas, que le acompañasen al Excmo. Ayuntamiento, para exponer causas injustificadas:
Acuso a Don Nicolás Machado, que sin entender del Reglamento Escolar, ni estar enterado de las órdenes recibidas de la Sra. Inspectora, ni tener ninguna hija que mandar a la Escuela, ha osado acompañar al Sr. Alcalde en dicha campaña.
Acuso al Sr. Don Domingo Marrero, vecino del Puerto de la Cruz, que también ha osado acompañar al Sr. Alcalde, sin ser siquiera padre de familia.
Acuso a los Sres. Francisco Sosa, Gregorio Sosa, Cristóbal Torres, Gregorio Martín y Manuel Bautista, por haber acompañado a dicho Alcalde en tal campaña, sin tener sus hijos derecho a la Escuela, por solamente tener meses, 1 año o dos, a lo más de edad.
Acuso a los Sres. Pablo Luis Martín y Juan Machado (de la Calderina) por las mismas causas que los anteriores y estos Sres. jamás se han dirigido al Ayuntamiento para sacarle las Matrículas escolares a sus hijos, y que sin ese requisito no pueden ser admitidos en la Escuela a mi cargo.
Acuso a los Sres. Juan Machado Abreu, Jerónimo Martín, Juan Hernández Méndez y Francisco Martín González, porque habiendo sacado las Matrículas escolares, no mandan a sus hijos a la Escuela, por abandono o negligencia, y sin embargo, se unen a la campaña del Sr. Alcalde, debiendo estos ser castigados según la Ley.
Acuso al Sr. Manuel García y García, que no manda a sus hijos a la Escuela, con la puntualidad debida, obteniendo en lo que va de este curso, o sea desde el 15 de Septiembre a esta fecha, 21 faltas de asistencia, debiendo ser castigado con la multa correspondiente por este descuido o delito, y no afiliarse en dicha campaña.
Ahora bien, la asistencia media hasta hoy es de 35 alumnos. Constan en esta Escuela a mi cargo 60 matrículas, de las cuales la niña Pino Martín, Balbina Afonso y Candelaria Mesa se han dado de baja por haber cumplido la edad Reglamentaria.
Los alumnos Cándida Machado, Francisco García Pérez, Victoriano Pérez, Miguelina y Manuel Oramas, Dolores Rodríguez, Agustina Machado, Carmen Yánez, Domingo Mesa, Lorenza Martín, Victoria Martín, Evarista Hernández, Gaspar González, Manuela González, Magdalena Martín, Francisco Martín Luis, José Martín Luis han sacado las Matrículas pero no asisten a la Escuela, porque durante las vacaciones caniculares los han puesto en Escuelas particulares y aun no los han enviado a la escuela Nacional; otros porque sus hijos son de los de la Campaña y los tienen sin escuela ninguna. Y además hay 6 ó 7 alumnos que han salido de la Escuela, teniendo la edad Reglamentaria para ir al Campo a trabajar.
Las horas de clase son: la entrada a las 9 y salen a las 12, la Primera Sección; entran a las 2 y salen a las 4, en la Segunda Sección. Todos los días se pasa lista de Asistencia y hay clase todos los días laborables, según consta en el Libro de Registro y por los alumnos que asisten puntualmente. Me ayuda en las clases, una hija mía de 19 años de edad y que sabe la enseñanza primera, para lo cual lo manifesté por oficio a la Sra. Inspectora, no poniendo ésta ningún inconveniente.
Mi conducta en este pueblo sirve de ejemplo a todos: no me trato con ninguna persona, porque esto no está obligado a ningún Maestro. Sin embargo, el saludo lo doy a todas las gentes.
También hago presente que después de haber pasado lista de Asistencia, no admito a ningún alumno.
Termino rogando al Sr. Alcalde Constitucional que nombre un Alcalde Pedaneo que tenga educación, cultura y sea más amante de la Instrucción y el Progreso, y que haga lo posible porque en lo sucesivo no se repita otro caso igual con otra Campaña semejante, por el perjuicio y la responsabilidad que puede ocasionar.
El 24 de junio de 1931 pone en conocimiento del ayuntamiento que los padres de la alumna, que figura en la adjunta papeleta (pero no consta filiación alguna en la misma), la habían retirado de la escuela porque la maestra la reprendió por venir con conversaciones inmorales y chismes y al enterarse los padres en lugar de también reprenderla la retiró de la Escuela censurando a la maestra (A.M.O., Instrucción Pública, Varios (1931-1932), Comunicaciones y otros documentos..., 1931).
El 4 de septiembre del mismo año, el pertinente oficio manifiesta que enterada de que el dueño de la casa que habitaba no pensaba renovar el contrato de arrendamiento, se ofrece a cooperar con el ayuntamiento, proponiendo el cambio por otra que ya tenía ojeada.
O le perseguían las desgracias o era mujer de carácter conflictivo, porque el 16 de ese mismo mes de septiembre vuelve a dirigirse al ayuntamiento para comunicar la imposibilidad de dar comienzo a las clases por hallarse su hija enferma de fiebres tifoideas, intentando así evitar el contagio a las alumnas.
Y nuevo problema vecinal, a tenor de la comunicación al Sr. Alcalde Republicano (22-septiembre-1931), del siguiente tenor literal:
En vista de que la casa que habito no tiene agua, tengo que proveerme de la que pasa por las targeas de estos alrededores, y ayer tarde cuando fuimos a coger una latita de agua, una mujer llamada María Yumar, que habita en Tafuriaste, y dos hijos de ésta, la emprendió con piedras con nosotros, sin causa, ni motivo alguno, salvándonos el acogernos debajo del muro de la huerta donde ella estaba; de esto di conocimiento enseguida al Alcalde de este barrio, así como tampoco es la 1ª. vez que tiran piedras, puesto que el viernes de la pasada semana, tiraron otra piedra al mismo tiempo que pasaba Dª. Aurora González y creyendo que fue de mi casa, porque la dirección fue de arriba, alcanzamos insultos y hasta un hijo sin enterarse bien quien fue, hubo de tirar una piedra y romperme dos macetas, por suponer, fueran de mi casa, y sin embargo, los niños de la tal María Yumar eran los que estaban en dicha puerta.
Las reiteradas quejas de la maestra por la situación lamentable de la escuela no debían estar mal encaminadas, porque la Inspectora remite oficio al alcalde (16-diciembre-1931) para poner en su conocimiento que al no tener retrete, quedaba clausurada hasta que no se procediese a su construcción, amén de las pésimas condiciones del local. Casi treinta años después, al final de la década de los cincuenta, el autor de estas líneas tuvo la oportunidad de conocer otra escuela de tales características. Cuando ya no podías aguantar más, tras el consabido permiso de la autoridad, corrías a una pared de zahorra cercana cuyos huecos indicaban la cantidad de chorros, calientes y amarillentos, que debía soportar. En ‘Jugando a ser maestro’ (CCPC, Ayuntamiento de Los Realejos y Cabildo Insular de Tenerife, 1993) y ‘Pepillo y Juanillo’ (Ayuntamiento de Los Realejos y SAVASA, 1998; Ediciones Idea, 2010), algo de ello se manifiesta.
Las disputas llegaron a conocimiento de la Inspectora, Dª. Susana Villavicencio, que debió enviar un oficio (28-diciembre-1931), al alcalde de La Orotava, ante las denuncias de varios vecinos. Y como si de una inocentada se tratara, concluye con el mismo el expediente sin conocerse el desenlace de esta peculiar situación. Que ahí queda, como algo que se sale de los cauces normales, en los que era frecuente que los maestros demandasen arreglos y mejoras a los ayuntamientos respectivos, pero no que se produjeran estos enfrentamientos tan desagradables con padres y madres de sus propios alumnos.
Como se han mentado tantos nombres, lo mismo me llevo alguna sorpresa con algún descendiente. Hasta mañana.