viernes, 8 de abril de 2011

Caraduras

Antes yo fumaba. Bastante. Y un buen día, debe hacer ya unos treinta y tantos años, lo dejé. Sin más. Ni me costó esfuerzo alguno ni me traumaticé. Desde ese entonces no he tenido mono alguno. He hecho el mono en más de una ocasión, sí, para qué negarlo.
Antes yo tomaba café solo. Bastante. Y un buen día, debe hacer también unos treinta y tantos, lo dejé asimismo. Sin más. He seguido tomando, ahora muy de vez en cuando, un cortadito leche y leche. Para envenenarme un poco menos.
Todo ocurrió porque tuve problemas con el estómago. Delicado que es uno. Recuerdo que en los partidos de fútbol (de aficionado, nunca estuve federado, aunque Antonio Oliva insistió en varias ocasiones) nos echábamos un cigarrito en el descanso. Y corríamos como locos. En la actualidad los jugadores no fuman, tienen gimnasio, jacuzzi, masajes… Y pasa el contrario a su lado, sopla y se cae de mandoble al suelo como si un rayo lo hubiera fulminado. Mimosos. Caraduras. Una vez me atravesaron el cango, que se decía, y con la barbilla limpié un metro cuadrado del estadio Los Príncipes (de tierra y piedras). Tuvo que mandarme el árbitro para la Casa de Socorro, porque yo quería seguir jugando. Desde ese lejano día, si ganabas te daban “tres puntos” (de sutura). Si hubiese estado en medio de las plataneras, un poco de ceniza de las hojas de los rolos con unas cuantas telas de arañas, y hemorragia cortada. Sí, antes te morías de repente. Ahora de cualquier bobería con un nombre rarísimo.
La nueva rotonda (o redonda, que mentan algunos) de La Gorvorana, donde finaliza la vía que viene desde Punta Brava, cerca de la mierdita de bosque que nos dejaron, se está convirtiendo en un circo (o punto negro). Tras varios accidentes que se llevaron por delante farolas y plantas, hubo uno el pasado fin de semana de película (que sí, la luz la pondremos antes del 22 de mayo, no te preocupes). El caballero (o caballera, vaya usted a saber) debía llevar tal velocidad que el coche tropezó con el bordillo, cruzó la acera (mejor, voló), dejó medio motor detrás en el siguiente estampido que le dio al muro que delimita una de las escasas huertas que restan por los contornos (un metro de altura y cambio automático del aceite del motor), puso la valla que estaba sobre dicho muro unos cuatro metros dentro del terreno cultivado de plátanos, aparcó entre los rolos, se incendió, se quemaron unas cuantas piñas, vinieron los bomberos, echaron mucha espuma en esta nueva modalidad de fiesta… Chiquita velocidad traía el fulano. De película. Caradura.
Vuelvo al principio para enlazar con el último comentario. Como dejé de fumar, me molesta el humo mucho más que a los que no han fumado nunca. Los conversos somos así. Cuando yo dejé la política (activa, pasivos los somos todos), me marché y santas pascuas. He criticado al PSOE cuando lo he creído oportuno, como también lo hago con el resto de formaciones políticas. Pero todo ha cambiado. Ya no se estila el largarse (o que te larguen) y quedarse con la boca cerrada. O hablar bajito sin escupir para arriba. Qué va, hemos aprendido un montón. Puede que la palma se la lleven estos socialistas de nuevo cuño. Sí, los de Tenerife. Que tardaron menos tiempo que el que una gallina se toma para mear, en fundar su nuevo chiringuito. Y están mañana, tarde y noche del tingo al tango en los medios de comunicación, foros y redes. Ninguno militaba (antes) con el pensamiento de figurar en puestos, ni ocupar cargos, ni del disfrute de prebenda alguna. Todos tenían su puesto de trabajo, al que podrían reincorporarse ipso facto. Y un jamón. Más caraduras. Encuestas, dobletes… y a seguir riéndose de los toletes. Honorabilidad, credibilidad, honradez y… ¡qué desfachatez!
Y uno que procura estar informado se entera de que hay maestros y maestras de cincuenta y tantos, que se jubilaron tiempo ha, mucho tiempo ha, por enfermedad. Los que han propiciado con sus actitudes lo que critican a voz en grito a Zapatero: el retraso de la edad porque la lata no da para más; ellos y ellas se encargaron de dejarla prácticamente vacía. Hubo muchísimos. Casi tantos como en la banca. Esas dolencias, casi siempre desconocidas, les imposibilitaba trabajar. Pasivos para cuidar chicos (coño, dan mucha guerra), pero activistas en grado sumo en el resto de menesteres. Incluida la política. Esa sacrificada tarea que te ocupa las veinticuatro horas del día (y más). Por extraño sortilegio se reconvierten y aparecen en las listas como aspirantes a concejales o a lo que se tercie. Caraduras no, chiquita jeta. Cambio del sufrido peso de la maleta (de clase) por el maletín (de mandamás). Como no han alcanzado los sesenta, que los llame la consejera y les haga pasar una revisión. Si se confirman los diagnósticos y se llega a la conclusión de que no pueden pisar un aula, tampoco, digo yo, estarán en condiciones de meterse en esa jaula de grillos que es un ayuntamiento. Y mucho menos ostentar un cargo de responsabilidad con el esfuerzo que ello implica. Eso, los conversos son los peores. Pero si todo se ha limitado a un tongo mayúsculo con el consentimiento de unidades o inspectores médicos, a nombrarlos sustitutos, que todos los días encontramos protestas de infinidad de colegios demandándolos. Que ya está bien, cuentistas. No, caraduras. ¿Cómo? Pregúntale a Corrales, él sabrá.
El no mentar a los europarlamentarios de primera clase ni a los gomeros que se suben al carro del PP (Rajoy les dará la bendición el día 18), no significa, en manera alguna que esté de acuerdo con sus barrabasadas. Esos caraduras de altos vuelos han tenido meneo en otros foros. Y bastante que me alegro.
Hasta después, voy a trabajar. Después que me jubilé estoy que no paro. Voy a comprar una batidera porque quiero darle un poco de mortero (morce puma) a unos desconchados que tengo en la rampa. Adiós este…