sábado, 9 de abril de 2011

Deudas

Una de estas mañanas pasadas que estaba en casa haciendo ‘boberías’ (pon lo que creas conveniente y acertarás), escuché manifestar en una emisora de radio a una joven que decía pertenecer a un grupo teatral, que la Mancomunidad del Norte, ahora en proceso de liquidación y cierre, les debía unas cuantas actuaciones. El presidente de la misma, y alcalde de Los Realejos, Oswaldo Amaro, así como quien fue su gerente hasta septiembre próximo pasado, el también destacado miembro de CC Alfonso Fernández, no han creído conveniente que nada de esto se sepa en esa burda imitación denominada ‘El realejero’. Con remitirse a la comisión liquidadora parece que ya tienen su papel cumplido. Argumentan que como los ayuntamientos no abonan sus deudas, tampoco se puede cumplir con el compromiso de pagar lo que se debe. Es la pescadilla que se muerde la cola.
Anteayer jueves, en Diario de Avisos, se publicó una información en la que nos enteramos de que un grupo de profesores denuncian que llevan sin cobrar demasiado tiempo. Y no una mensualidad o dos, sino prácticamente todo un año. Alegan que la media ronda unos 18.000 euros. Y como estos profesores, la mayoría autónomos, y sus familias, dependen de estas labores realizadas, ya me dirán hasta cuándo les van a seguir dando fiados en la venta, como se decía antiguamente.
Oswaldo se ha caracterizado en estos últimos años en ser un centrocampista nato. Reparte juego que da gusto contemplarlo. Él es el alcalde, pero ni se moja ni es culpable de nada. Él, como siempre, pasaba por allí, pero no se dio cuenta. Viene a resultar que deberá ser la comisión liquidadora la que marque las prioridades. Mientras, de nada me vale que me digas que te estás muriendo de hambre. Después de negar rotundamente que le hubiesen pedido cita para tratar el tema de manera colectiva, Amaro reconoce que se reunirán el próximo martes. ¿En qué quedamos?
Y ahora viene lo mejor. El presidente no puede tomar decisiones, ha declarado. Puede que haya hecho referencia a la situación actual. Con lo que podría deducirse que antes sí las adoptaba. Y como se llegó a lo que se llegó, concluyo, en lógica consecuencia, que mejor hubiésemos estado sin presidente. Pero, sabiendo su peculiar manía y táctica del escaqueo, nada te extrañe si suelta un día de estos que los gerentes no valían tres perras gordas. De todas maneras, el cinismo de algunos políticos alcanza cotas inimaginables. Seguro que su sueldo jamás se ve envuelto en galimatías de tal porte. Y si alguien debe quedarse al pairo, intuyo que jamás serán nuestros representantes públicos los que deban correr con tamaños sacrificios, como podría ser el no cobrar durante varias mensualidades. Y un  churro p´a ti.
Eso sí. Con toda certeza cobrarán, porque de no ser así la disolución no sería posible. Pero, cuidado, tampoco hay tanta prisa, por lo que no le podemos asegurar cuándo van a percibir las deudas. Manda trillos. Si eso no es jugar con los dineros de otros y practicar con todo el cinismo del mundo al p´a mí no miren, que baje el guanche de Icod el Alto. Tampoco es para tanto. La gente se queja de todo. Apenas llevan un año sin cobrar. Como si por una nimiedad de tal calibre se muriera la gente. Debemos, aproximadamente, un millón de euros entre muy diversos proveedores. ¿Y qué es eso? Nada, una minucia. Ustedes ignoran lo que deben algunos ayuntamientos.
Lo que me maravilla de todo este tinglado es la felicidad tan grande de los que cortan el bacalao. Cuando cualquier otro estaría escondido debajo de una piedra hasta que el temporal amaine, estos (ir)responsables derrochan lo que no tienen (y más), hacen caso omiso a lo de que los gastos no pueden superar los ingresos, pervierten cualquier sistema con equilibrios inverosímiles, y no pasa nada, oiga, no pasa nada. Si la legislación fuera, al menos en algo, contundente con este tipo de prácticas y les hiciese responder con su patrimonio ante estos desaguisados, a buen seguro que otro gallo nos cantaría.
No solo nos conformamos con entretenernos en esta singular escondidilla, sino que, arriba, cuando te encuentran, pataleas cual chico menudo e intentas justificarte con el ‘ahora no me quedo’. Y en vez de contar, te vas para casa simulando dolor de cabeza sin dar la opción de que el resto de la tropa también se esconda un fisquito.
Tengo la impresión, de verdad, que no avanzamos. Mejor, retrocedemos. Y esto se curaría con unas cuantas medidas ejemplarizantes. Si ello supone inhabilitar para el ejercicio de cargo público a unos cuantos ‘alegres colombinos’, hágase. Y cúmplase. Pero de rositas para casa, va a ser que no. Ya está bien. Ojalá llegue el día en que a mi alcalde le digan: no te preocupes, cobrar, lo que se dice cobrar, vas a cobrar, pero no te aseguro cuándo. Ese bendito día comenzarían a cambiar muchas ópticas. Y las maneras de administrar adecuadamente los dineros públicos tomarían carta de naturaleza.
Concluyo: Oswaldo, paga lo que debes y no nos vengas con las monsergas de una gestión plagada de éxitos y que pretendes meternos por los ojos en tu nueva Voz de Los Realejos. Y mañana nos iremos otro rato para La Gomera. Hasta entonces.