sábado, 28 de mayo de 2011

Campaña contra el analfabetismo

La Gaceta de Tenerife, 5 de diciembre de 1922, página 1 (aquellos que lean esta entrada y sean de Los Realejos, tienen además en este número del periódico un escrito de varios concejales del ayuntamiento de Realejo Alto):
De enseñanza. La campaña contra el analfabetismo, que dedica Alfredo Mederos a mi distinguido amigo don Adolfo Febles Mora, iniciador de la campaña para combatir el analfabetismo.
“Los verdaderos responsables, como elementos directores –ayer en una actuación gubernamental funesta que costó la vida a muchos inocentes, y hoy, por el turno de aquellos políticos que habiendo fracasado todavía se les soporta rigiendo los destinos de la nación– opinan y encuentran quien les apoyen, y suponiendo que el pueblo olvidó sus pasado, vierten íntegramente la responsabilidad sobre quienes están libres de culpa en nuestro atraso cultural, y que por su brillante historial, lleno de sacrificios, son los que han podido sostener el prestigio cultural de España en medio de Gobiernos descalificados por la opinión ilustrada del mundo, ante el patente abandono en que se ha tenido a la Escuela y al educador sin medios para la dignificación de su personalidad, indefenso para contrarrestar la labor de muchos ignorantes y de todos los Gobiernos que por no haber hecho nada en beneficio de la Enseñanza, se han dedicado a combatirlo, desprestigiándolo  y fomentando la desorganización de la Escuela a falta de medios que imposibilitan el poder emplear ningún procedimiento pedagógico.
El Señor Prado Palacio ha dicho en el Consejo de Instrucción Pública que hay  que construir 30.000 edificios y que faltan 70.000 maestros para completar los 100 mil que se necesitan para llevar a la práctica la Enseñanza obligatoria; no obstante, dicho Consejo trata el asunto de una manera secundaria cuando no propone urgentes iniciativas con procedimientos eficaces para combatir el analfabetismo. La falta de escuelas y maestros es causa de un estado de desorganización que impide el funcionamiento normal de las actuales escuelas, pretendiéndose hacinar la enorme población escolar en los pocos y mal acondicionados locales de que se dispone para la instrucción pública, o dejando a cargo de la iniciativa de padres analfabetos, que viven en la miseria, la asistencia de los niños a las escuelas.
A mí me consta, por los años de práctica en la Enseñanza, que aún en el estado irracional en que se encuentra el proletariado, no es el pobre el que no desea instruirse, son los de arriba, las autoridades, los que no permiten que los niños acudan a la Escuela. En Francia, que existe un maestro por cada 400 habitantes, y cada centro de Instrucción dispone de un ropero escolar fundado por el Estado y la caridad pública, con el fin de proporcionar libros, ropa y comida a los niños pobres para desaparecer con las dificultades que impiden la asistencia a las clases, hay un 15 por 100 de analfabetos; en Santa Cruz, que existen siete escuelas clausuradas, por lo que no se dispone de más de un maestro por cada nueve mil habitantes ¿no debe haber más de un 90 por 100 de analfabetos?
Como dicen los paladines de la Instrucción pública en Canarias, este es un problema de buena voluntad; basta con que los que están satisfechos de la vida, porque tienen sus aspiraciones satisfechas, se hagan cargo de invertir lo que les sobra aliviando la situación de los desgraciados sin pan, sin albergue y sin instrucción.
Al niño pobre se le persigue en el hogar, se le martiriza en el trabajo y se le obliga a ser recluido en una Escuela prolongación de las miserias de su casa; hambriento de pan, aire y luz para el espíritu; en su juventud, sucumbe contagiado por la novela inmoral, engendradora de pesimismos y que ha retardado el resurgir de una raza destinada a ocupar un primer puesto en la marcha triunfal de la civilización.
¿De qué medios disponen las clases trabajadoras, con un jornal de cuatro pesetas, para poder enviar a sus hijos a la escuela? Todos sabemos el estado miserable de los niños pobres, sin ropas, y que por este motivo acusan un 50 por 100 de las faltas en el libro de asistencia del colegio. Los padres de familias numerosas se ven obligados a mandar a sus hijos al trabajo por defender a su hogar de la miseria, cuando no malgastan su jornal en la taberna, envilecidos por las privaciones... Conozco muchos padres a cuyos hijos he gestionado unas horas de libertad en el trabajo para que asistan a la clase y para los que solicité un premio del Cabildo, que se me negó, y que los lectores de GACETA DE TENERIFE conocen porque mereció la aprobación de su digno director.
En todas partes se habla de multar implacablemente a los padres que no mandan sus hijos a la escuela, pero en ningún sitio se trata de facilitar los medios económicos para que estos puedan cumplir dicho deber. Comprobada la imposibilidad de llevar a la práctica la enseñanza obligatoria, por no disponer de los locales para la totalidad de los niños comprendidos en la edad escolar, no cabe otro procedimiento que la creación de cantinas escolares, con el fin de proporcionar libros y ropas a los niños pobres que por esta circunstancia no pueden asistir a las clases, único medio para conseguir una asistencia normal, con una matrícula proporcionada, para cada maestro y poder obtener una educación integral. Si en naciones donde el obrero disfruta de otro bienestar existe una escuela por cada 400 habitantes, dotada de ropero escolar, para prestar facilidad a los padres con el fin de que sus hijos puedan asistir a las clases, aquí, que el niño se encuentra abandonado y hambriento, los padres no pueden permitirse cierto lujo en las ropas de sus hijos para que puedan asistir a la escuela, y menos comprar libros cuando le falta el pan… ¡Cuantos espectáculos repugnantes he presenciado de un guardia que azota las espaldas desnudas de un niño que implora la caridad o durmiendo en la vía pública, abandonado de una madre envilecida por la miseria!
Da muestras de un desconocimiento absoluto en las cuestiones de enseñanza, el que afirme que el analfabetismo se combate hacinando en las cárceles que hoy se destinan a escuelas, martirizando el desarrollo físico y moral del niño y utilizando medidas de rigor con los padres que por la miseria en que viven se ven imposibilitados de mandar a sus hijos a la escuela, mal que alcanza hasta la mayoría de los hijos de empleados públicos que, por sus pequeños sueldos, no ganan lo necesario, en relación con la carestía de las subsistencias para educar a sus hijos.
Todas las campañas iniciadas en Santa Cruz de Tenerife para combatir el analfabetismo, han fracasado a falta de elementos que aporten su buena voluntad, teniendo un concepto elevado de la escuela y comprendiendo que éste es un problema que no se puede solucionar sin dinero. La última discusión de los presupuestos municipales constituye una enorme decepción más para los que conocen la clave del problema,
Los que aman de verdad al niño, comprenderán que es necesario encausar independientemente las iniciativas de los hombres de buena voluntad, abriendo suscripciones en los periódicos con el fin de crear las cantinas escolares; habilitar locales decentes para las actuales escuelas, de forma que estas no sean la prolongación de las horribles habitaciones o ciudadelas donde están condenados a vivir, sino por el contrario lugares aireados y confortables que halaguen la existencia del niño y estimulen la asistencia ante la perspectiva de disfrutar de unas horas alejados de su vida de pobres. Creando escuelas en relación con las modernas orientaciones pedagógicas, que demuestren que se progresa en los métodos empleados para el desarrollo de la cultura popular. A. Mederos Galán. Realejos, La Longuera, 29 de Noviembre de 1922”.
Resulta curioso el poner Realejos cuando deberían transcurrir más de tres décadas para que la unión de Realejo Alto (al que pertenecía La Longuera) y Realejo Bajo fuera una realidad. Dejo a la consideración de los posibles lectores, la valoración del contenido de los documentos que voy transcribiendo. A buen seguro que por la mente de los que sean docentes pasarán demasiadas imágenes. Hasta la próxima.