domingo, 29 de mayo de 2011

Una curiosa visita

Al leer estos documentos que he considerado conveniente ir reproduciendo para ustedes, si a bien estiman su ojeada, y captar la profundidad de los mensajes, convendrán conmigo en pensar que si esto se manifestaba hace casi cien años, cuánto retraso supuso el periodo, que muchos tuvimos la ocasión de vivir (al menos parte de él), que se inició un nefasto 18 de julio de 1936, y que tanto significó, para mal, a este maestro al que le estamos dedicando una serie de entradas en este blog. Echa uno la vista (mente) atrás y se plantea que si las circunstancias políticas hubiesen sido otras y no se hubiera desencadenado el círculo de errores, y horrores, tristemente famosos en la historia del país… En fin, saca tú las conclusiones.
En el periódico profesional Voz del Magisterio Canario (ver ilustraciones que se adjuntan), 29 de octubre de 1922, páginas 4 y 5, encontramos una peculiar crónica de Alfredo Mederos, ya maestro en La Longuera (Los Realejos), que relata cómo unos extranjeros se alongan a las ‘magníficas dependencias en las que se aloja su escuela’, lo que aprovecha para realizar la oportuna crítica a los culpables de la situación: “Nuestros colaboradores. La escuela nacional de La Longuera visitada por varios extranjeros.
Las consecuencias del enorme abandono en que el Gobierno y demás entidades tienen la Enseñanza, y el desconocimiento de nuestros elementos directores al tratar este asunto, proponiendo soluciones provisionales para situar en lugares detestables a las Escuelas, las ha sufrido el Maestro de La Longuera, en una Escuela situada en el Valle de la Orotava, por donde pasan frecuentemente muchos extranjeros.
Cuando se visita un pueblo, lo primero que se pregunta para conocer su importancia es por sus Museos, Bibliotecas y demás establecimientos de cultura; y, careciendo en absoluto de estos centros, no se puede hacer una guia del turista que no constituya una vergüenza para el pais; y no dudo haya quien califique a ese pueblo de no ser digno de las bellezas naturales de la región.
Estando en todo el mundo resuelto el problema de la Enseñanza, en Tenerife se desprestigia al maestro, porque no quiere aceptar locales en peores condiciones que los que destinan varios capitalistas a caballerizas.
Quería sentar el precedente, de que estaba dispuesto a dar las clases en la vía pública, antes que proponer la clausura de la Escuela por las pésimas condiciones del local, y no perjudicar los intereses del pueblo. ¡Caro he pagado el no seguir la noble actitud de mis nobles compañeros, no aceptando locales que no corresponden en estética y en higiene a la alta misión para que son destinados...!
Por mi Escuela han pasado unos extranjeros. Varios de los cuales se han detenido largo rato en la ventana del salón de clase, informados de que están presenciando los métodos pedagógicos que se emplean en el antro-escuela, donde en nuestro país se crean de unos niños pobres, sin ropa, abandonados por los Gobiernos y por la falta del sentimiento caritativo en nuestras clases sociales, los hombres que han de formar la España nueva; que quieren regenerar su situación en el mundo civilizado, amante del progreso y de la cultura física e intelectual de sus hijos.
Un maestro que tiene ideales, que ama su patria, que reconoce su responsabilidad como educador e importancia de la alta misión que desempeña, ha inclinado la frente de vergüenza, comprendiendo que al pueblo español se le sigue engañando con la narración de sucesos de nuestra Historia, para enmascarar la desastrosa actuación de nuestros gobernantes, pretendiendo establecer un estado comparativo de la labor de los Gobiernos de España e Inglaterra en la Instrucción Pública, para demostrar la importancia de una nación por el progreso cultural del pueblo.
Varios extranjeros, distinguidos huéspedes del Hotel Taoro, han visto en Tenerife lo que es una Escuela Nacional en España, visitando la de La Longuera. Una matrícula de 60 niños pobres, sin libros, para un salón de 14 metros cuadrados; una cama de la familia del maestro, porque la misma casa sirve de habitación al profesor, seis bancos bipersonales para doce alumnos, una mesa para el maestro y un Crucifijo.
Desalentado por el poco apoyo que las Autoridades prestan a la Enseñanza, demostrado en justas y humildes peticiones denegadas, hago un llamamiento a la opinión pública y entidades insulares, para que de una vez termine el vergonzoso estado de la Enseñanza en Tenerife, empleándose soluciones decorosas, para resolver este problema, prescindiendo en absoluto de ciertas Autoridades locales que no son representantes de la voluntad popular, sino de los intereses del Cacique; que carecen de solvencia moral e intelectual para hacerles responsables, encomendándoles la solución de un problema que requiere la cooperación de personas, que no medran con los sagrados intereses del pueblo, y que les sirva de norma para la realización de un ideal: la satisfacción del deber cumplido.
Si el Cabildo Insular quiere invertir el crédito destinado a Escuelas y Arboles con igual beneficio para toda la Isla, que desista de toda obligación por parte de los Municipios de aquellos pueblos, que siendo tan dignos, tienen la desgracia de soportar las peores Autoridades.
Como se que muchos Ayuntamientos no han de optar a los beneficios de nuestra Corporación Insular, ofrezco mi humilde cooperación a la obra emprendida, y me comprometo con los padres de familia y alumnos a plantar todos los árboles que quieran en la extensión de terreno comprado por el Exmo. Cabildo, que se destine para la construcción de la Escuela-bosque de La Longuera. Entonces podríamos decir con orgullo a los extranjeros que visiten nuestras Escuelas, que el espíritu de nuestra raza no muere nunca, dignificado por la actuación histórica de nuestros antepasados, de los cuales somos dignos sucesores, cuidándonos de la preparación cultural de la juventud en las Escuelas Nacionales, edificadas por el digno y Exmo. Cabildo Insular de Tenerife.
Alfredo Medero Galán. Realejos  «La Longuera» 15 de Octubre de 1922”.
Tres puntuaciones para concluir:
Insisto en la referencia a la denominación de Los Realejos, que ya comenté en la entrada anterior; la duda que se me plantea al observar varias veces que en la firma pone el mentado maestro el apellido Medero, cuando siempre lo he visto acabado en ‘s’ (ignoro la casuística, pero nada me extraña que sean, como era normal en el entonces, los duendes tipográficos); y no se alarmen si atisban alguna que otra falta de ortografía (recuerden que he procurado limitarme a la literalidad en las transcripciones).
Hasta la próxima ocasión, que, si nada se tercia, será mañana lunes.