viernes, 13 de mayo de 2011

Pinceladas realejeras

Unas positivas y otras no tanto. O una simbiosis de ambas. Y como estamos en campaña electoral, bueno sería que estos recordatorios fuesen tenidos en cuenta por alguno de los contendientes. Porque, en definitiva, de lo que se trata es mejorar el aspecto de un pueblo al que todos dicen querer y desearle lo mejor, pero que todo lo expresado en pancartas, soportes digitales, panfletos, libretos, dípticos y trípticos parece que se diluye con el tiempo y donde dije…
Pasan muchos días, demasiados, y las zonas donde se quemaron los fuegos en la noche del 3 de mayo siguen dando lástima, una imagen penosa en un municipio que quiere subirse (eso dicen todos) al carro del turismo. Y los más increíble es que eso ocurre a tres palmos de las narices del actual alcalde sin que parezca importarle demasiado que delante de su casa (¿o solar?) se brinde un espectáculo nada gratificante. Si me hubiese dado por sacar una fotografía y ubicarla en esta entrada, a buen seguro que me hubiesen tildado de enemigo público. Si me correspondió limpiar azotea, patio, rampa, cancela y balcones de mi casa, deberá ser la pirotecnia, comisiones de fiestas, el propio ayuntamiento o vaya usted a saber (alguno tendrá que hacerlo), el que esté encargado de volver a dejar el terreno en las mismas condiciones anteriores. Es lo menos que cualquier mente sensata deduce. ¿Por qué sucede siempre en la calle de El Medio? ¿Será porque los marqueses no barren?
Buenos y baratos me parecen los aparcamientos ubicados en Realejo Alto. Tras las desavenencias iniciales entre los diferentes grupos políticos, el edificio se halla en funcionamiento. Pero entiendo que se usan poco. Puede que la causa principal estribe en la permisividad policial con los carotas que dejan su coche donde les apetezca con la excusa de solo es un minuto. La situación alcanza límites insospechados en determinados momentos a lo largo de la Avenida de Canarias. Y ahora hemos cogido también el gustito por hacer lo mismo en la Avenida de Los Remedios, en el tramo que está justo frente a la barriada. Con lo que si quieres acceder a la calle Gomera al tiempo que otros quieran hacerlo hacia la calle El Sol, agüita. Y más de una de las infracciones se debe a que el ‘ejemplar ciudadano’ va un momentito al cajero. Entiendo que muy difícil se antoja la solución cuando delante de la propia sede de la policía local se arman unos desaguisados de armas tomar. Debe ser porque comemos mucho pan (ustedes me entienden).
A todos cuantos caminamos por la autovía nos gustaría que se encontrase cualquier válvula de escape para poder transitar tranquilamente en el lugar donde confluye con El Castillo (bajada hacia La Longuera). Si vienes de La Vera, por la izquierda (como mandan los cánones), el cruzar para seguir hacia Los Barros es todo una odisea. Si pintaron un paso de peatones en las proximidades de la rotonda en la que finaliza la nueva vía que viene desde Punta Brava, ¿no es factible hacer los mismo en este otro lugar? Estúdienlo. Hombre, ya puestos, si se pudiese acondicionar ambos arcenes para que quede un paseo chulo, qué quieres que te diga. Cabría incluso un carril bici.
Positivo, asimismo, la instalación de nuevas dependencias en el polígono industrial. Todo lo que sea una posibilidad de fomentar la creación de empleo, bienvenida sea. Pero hay que darle salida a tanto coche, a tanto camión. Y el Callejón de Los Cuartos es el mismo de hace taitantos años. Esos cambios que pretendemos (todos) para la Villa de Viera no pasan por seguir yendo a San Jerónimo (La Orotava), lugar en que aparcar no resulta tan complicado y los accesos son mucho más cómodos. ¿Para qué demonios queremos un hipódromo, con perdón a los caballos, si es imposible trasladar una compra con dichos cuadrúpedos? Si queremos mimar a este sector comercial y/o industrial, tendremos que facilitarles las cosas. Luego, cuando emigren, nos ponemos a llorar como chicos menudos.
Como se ha celebrado recientemente otra edición de ‘Los realejeros cantan a su pueblo’ y sigo escuchando auténticas barbaridades, se me ocurre un par de cosillas. La primera, denle otro enfoque al acontecer. Ya cansa. Y, por ende, aburre. Y los grupos se sienten raros. Claro que este año hubo movimiento. Estamos en campaña. Lo dije al principio. Pero en la próxima edición, no. Por lo que la asistencia (obligatoria) no tiene por qué ser tan multitudinaria. La segunda, no sigan atribuyéndose méritos ajenos. Ese festival arrancó en 1987 de la mano de la entonces concejala Claudina Torres García, y gracias, igualmente, a una entusiasta comisión de fiestas (sí, las había) que casi sin un duro y la ayuda de unos cuantos amigos (organismos oficiales) se pudieron llevar a cabo.
Cuando le echo una visual a los programas electorales se me engrifan los cuatro pelos que restan en cierto sitio, al comprobar que todavía se argumentan proyectos y posibilidades que rondaban la cabeza de aquellas primeras corporaciones que, por razones económicas evidentes (traduzcan, por favor, y lean estrecheces, ahogos, apuros…), debieron volcarse en dotar al pueblo de servicios esenciales, como pudieron ser la educación, el suministro de agua, la electrificación, los equipamientos sociales, etc. Y sin asesores, secretarias, gabinetes de prensa, coches oficiales… ¿Liberados? Indaga.
Hasta después.