martes, 17 de mayo de 2011

Puede virarse la tortilla

Un primer arrebato de hace unos días me indicó que debía escribir algo de ciertos comentarios periodísticos. Los cuales hacían referencia al tristemente ya famoso terremoto de Lorca (Murcia) y al no menos suceso (asesinato) de Los Cristianos (Tenerife). Pero me contuve y corrí (es)t(ú)pido velo. Pero ayer lunes ya no pude aguantarme y aquí estoy.
A estas alturas de la vida se me antoja harto difícil el discernir acerca de la profesión de periodismo. Tanto que ya no sé a quién debemos denominar como tal. Porque uno, independientemente de títulos académicos, debe exigir un mínimo de seriedad. Sobre todo cuando se tratan asuntos de hondo calado. Y los dos aludidos en el párrafo anterior lo son, indudablemente. Con el primero, se me cae la cara de vergüenza cuando observo cómo (in)determinados plumíferos, tertulianos y culichiches del puñado a cincuenta céntimos, son capaces de aprovecharse de una tragedia de tal calibre para caer en el lodazal más inmundo e intentar obtener rédito político a costa de quienes arrostraron mil peligros tras los dos fuertes movimientos sísmicos. Mas no va por ahí la intencionalidad del presente artículo.
Leía ayer en la mañana: “Como cabía esperar los periódicos británicos se han hecho eco, en grandes titulares, del macabro asesinato en Los Cristianos”. Aunque el planteamiento posterior no incide en que ello sea malo, ni mucho menos. Al contrario, se alegaba que era una magnífica publicidad sobrevenida porque dentro de una semana escasa nadie se acordará del hecho. Además, añado yo, como la colonia inglesa trae la fama de ‘cargarse’ nada más dejar su suelo patrio, poco importa el espectáculo de ver a un individuo portando una cabeza recién seccionada con el cuchillo que esgrime en la otra mano. Y ya me llenó la cachimba lo siguiente: “Cabe cuestionarse si hubiese habido tanto alarde si la decapitación se hubiera producido en un local británico, por ejemplo en Londres”.
El susodicho, que presume de estar bien informado (algo que, por supuesto, no pongo en duda), debería realizar un sencillo ejercicio, cual es echar una visual a los informativos de la televisión canaria. Porque no parece que Paulino siga esa línea de actuación. De una parte se jacta en presumir de unos logros increíbles en el número de turistas que están llegando a Canarias. Un pimiento se le importa que pueda ser una mera coyuntura debido a los problemas del Norte de África. Sin embargo, de otra, no es capaz de sentarse con su amigo, y licenciado de la calle, Willy García, por si la línea de estrujar cuanto suceso tenga lugar en estas peñas puede causar, asimismo, un daño irreparable. Porque estimo yo que en la habitación de los hoteles no solo existirán canales para que el visitante esté al tanto de lo que ocurre por esos mundos afuera. También tendrán acceso a lo que tiene lugar por estos contornos más cercanos. Y me temo que ni siquiera la prensa sensacionalista británica ha sido capaz de exprimir tanto este ‘limón’ informativo.
Soy consciente de las limitaciones de esta bitácora (¿está bien, tocayo?), pero me gustaría que alguno de mis escasos, pero fieles (repetirlo no está de más), seguidores me echara un cable, aunque le cueste un gran esfuerzo, estudiando un par de telenoticias. Bueno, con uno tiene, porque el siguiente será un calco. Y que me indique cuál puede ser la finalidad de sus contenidos. Un servidor sigue sin entenderlo, salvo que se piense que el posible incremento del índice de audiencia (el morbo sigue vendiendo) lo justifica todo. Incluso el que sea altamente contraproducente para la principal fuente de ingresos de nuestra economía, y que es, no se vislumbra otro horizonte, el motor que nos hará disminuir el número de desempleados. Lo dice el gran jefe, no yo.
Debo reconocer que los juegos malabares son los ejercicios que practica este gobierno diariamente. Y hasta ahora les está saliendo bien. Debe ser ello la causa de la presentación de esas dos caras, a lo Dr. Jekyll and Mr. Hyde, sin el más mínimo rubor. Si por un casual un día se virase la tortilla, lo mismo le volvemos a echar la culpa a ¿Zapatero?
Me apena profundamente, y lo reiteraré hasta que me demuestren lo contrario, el que no se ejerza otro tipo de periodismo, en el que el profesional se implique para que el derecho que nos asiste a la información veraz dé carta de naturaleza el artículo 20 de la Constitución. Para reproducir, cual lorito al uso, lo que me dicten, bastan los artilugios mecánicos. Ya dudo de si la cláusula impuesta de no hay preguntas se debe al intento de eludir compromisos por parte del político de turno o a la actitud acomodaticia del que sostiene la alcachofa. Y no siempre, a veces la ubica en la mesa mientras él se manda una siestita en el mullido sillón.
La última pincelada: hoy dice Rivero que el tren de Gran Canaria no es una prioridad, mañana (después que le llamaron Mari Mar, Bañolas y Jorge) suelta que solo CC está llevando las riendas, cual maquinista avezado, del particular…¿Los periodistas? Ni saben ni contestan.
Hasta mañana.