jueves, 23 de junio de 2011

Bandos y olvidos

Sabemos que un bando es un comunicado oficial de una autoridad, especialmente si se lee en pregón o si se fija en lugares públicos. Entiendo que la RAE deberá ir ampliando definiciones en función de los adelantos tecnológicos, pues más de uno, es mi caso, hemos tenido acceso a los dos primeros bandos dictados por al nuevo alcalde realejero, el popular Manuel Domínguez, a través del sitio oficial del Consistorio norteño.
Trata uno de prohibir la presencia de perros en los parques infantiles o en los jardines municipales frecuentados por niños. Bien que me parece, pues ya bastante adornado tenemos el viario (incluyan aceras, arcenes…) como para que los queridos y estimados chuchos nos dejen hecho un asquito aquellos lugares donde los menudos puedan retozar un fisco. Cierto es que cada vez son más los propietarios conscientes que llevan preparada su bolsa de plástico para recoger lo que sus mascotas tienen a bien depositar allá donde les entre ganas de dar del cuerpo. Pero, y no es menos cierto, que aún resta una importante cantidad de desaprensivos a los que se les importa un pimiento el que tú tengas que estar limpiando las rayitas de los tenis con un palito durante una importante cantidad de minutos. Y como se te ocurra levantar la voz, lo mismo te dicen que eso es buena suerte. Si fuera cierto, ya procurarían que el perro les tuviera cagada toda la casa, para que los hados les sonrieran de manera mucho más cercana en cuanto sorteo se precie. ¡Ah!, añadan gatos, cerdos (sin dobles), iguanas, conejos… porque cada vez existe mayor variedad de ‘acompañantes exóticos’.
El otro hace referencia a la retirada de todo elemento vegetal que molesta al vecino. Que es muy bonito sembrar un árbol, pero debemos procurar que sus ramas no sirvan al colindante de tendedero de la ropa, mero ejemplo. Es frecuente, a todos debe habernos pasado, el tener que bajarte de una acera porque la enredadera de rigor está ocupando el único resquicio por el que un peatón puede colarse. Y si le unimos,  así enlazamos ambos párrafos, el que te aparece por la puerta de la cancela una cabeza enorme de un can, que del susto te manda, ipso facto, al centro de la calzada, ya tenemos los ingredientes del cóctel debidamente servidos.
Aprovecho la oportunidad para que se regule asimismo el derecho al descanso cuando vas a la zona recreativa de La Higuerita (o la de Barranco Ruiz). Algunos se han tomado estos espacios públicos como discotecas al aire libre. Cargan hasta con un grupo electrógeno para poder disponer de mayor facilidad en el montaje de potentes equipos musicales. Y como estas fiestas suelen durar todo el día y parte de la noche, las pobres criaturas que cumplen años deben acabar tomando aspirinas por tortillas. Y lo digo yo que solo paso por allí en el pateo habitual. Compadezco al que deba soportarlo durante horas. Es como el tonto de cierto sitio que va a la playa a deleitar a toda la vecindad, o aquel otro que pasea con el tuneado a diez kilómetros por hora, cristales bien abiertos (para que entre aire y salgan decibelios) y dándole caña al bafle amplificado, al subwoofer activo y hasta, si me apuran, al rack crossover (externo o interno). Yo, para abreviar, a todo este tipo de espectáculos lo englobo bajo la denominación gilipollez, pero creo que no es correcta la traducción.
Lo de olvidos viene por los tremendos lapsus que suelen tener los políticos en los días inmediatos a las citas electorales. Es como si el escrutinio les pasara factura a la masa neuronal y las dendritas se cortocircuitan todas.
José Miguel Bravo de Laguna, presidente del Cabildo grancanario, quería reducir el número de consejerías y alguna cosilla más. Pero el pacto con CC lo tiene trincado: eso dice él. Mientras, Carolina Darias sigue con sus lamentos y espera que Paulino y Claudina pongan orden en su gallinero para reconducir los pactos (en cascada) que no pudieron ser. Perestelo le mandará fuerte rastrillazo con lo acontecido en La Palma. Parece que los sillones de la oposición están directamente enchufados a la nevera y en estos días se agradece, pero ¿y después?
Antonio Castro es el ejemplo vivo del palmero de Gallegos que yo te dibujaba hace unos días. Pero al final de la anterior legislatura se atrevió a abrir la boca para señalar que no repetiría como presidente del Parlamento. Esa es la razón que me lleva a pensar que este pacto josemigueliano va a durar los cuatro años que tanto se pregona. Eso, piensa mal y acertarás.
Y concluyo: dicen que la asamblea (extraordinaria) de Fitapa para elegir nueva dirección acabó como el rosario de la aurora. Una chapuza digna de cualquier partido político. Son tiempos difíciles. Pese a lo abnegación y sacrificio que todo cargo implica, nadie quiere apearse del carro.