jueves, 9 de junio de 2011

Crisis socialista realejera (3)

Un servidor debe ser –y lo es– de la vieja escuela, de esa otra manera de entender la política (y más en un pueblo donde hay que gestionar con el máximo rigor los posibles ingresos). Me han gustado, y mucho, estas frases de Leopoldo Fernández, quien fuera director de Diario de Avisos:  Me niego a considerar la lucha política como una batalla sucia y rastrera en la que todo vale con tal de dejar al rival más bien habría que hablar de enemigo, vistas las circunstancias a los pies de los caballos. Como actividad nobilísima, la política ofrece a todos, Gobierno y oposición, la posibilidad de encontrarse, de convivir, de buscar puntos de coincidencia en beneficio de los ciudadanos. La elegancia, la caballerosidad, el respeto, todas esas actitudes que engrandecen las relaciones humanas, deberían formar parte del paisaje político, también en campaña electoral.
Sin perjuicio de refutar y rebatir las propuestas de los adversarios, el fair play y la búsqueda de consensos básicos, sobre todo en los grandes asuntos, tienen que guiar el quehacer de los representantes populares, más aún en un territorio tan lleno de complejidad como el canario, donde cada isla es un mundo y cada pueblo un universo de singularidades y sentimientos.
Sí, efectivamente, cada pueblo es un mundo de singularidades. Y cuando el pueblo se decanta por un candidato (en nuestro caso del PP), a los que pierden (y lo del PSOE ha sido por goleada; lo de CC por tanteo abultado) solo les queda el recurso de dar un paso al lado y volver a empezar. He escuchado auténticas barbaridades, para seguidamente expresar que no es hora de dimitir. ¿Y cuándo lo va a ser, cuando ganen por holgada mayoría? Al candidato socialista realejero le honra el gesto de poner su cargo a disposición de la comisión ejecutiva, pero no es suficiente. Hasta feo estaría que los mismos que le acompañaron en la aventura le dieran la puñalada. No, todos son tan responsables como él.
Con cuatro años por delante se imponen otros procedimientos porque los habidos no han surtido el efecto pretendido. Cuando Vicente Quintero fue cabeza de lista en 2003, el PSOE alcanzó 8 concejales. Fue un palo del que pronto se olvidaron. No hubo lamento (y aunque uno se retiró allá por 1987 sigue teniendo excelentes canales de comunicación), sino un ratito apenas. La agrupación volvió a elegir a Quintero como cabeza visible para el 2007. Nuevo retroceso y caída hasta 6 concejales. En esta plancha ya iban los cuatro que ahora han ocupado los primeros puestos del 2011. Que por el hecho (algo que no entiendo) de haber estado en la Corporación, fue motivo fundamental para el reparto ‘cabecero’. Detrás, un excelente grupo de gente joven, pero con una distribución tan horrorosa que nada me extraña las barridas impresionantes. Pongo de ejemplo al importantísimo núcleo de Toscal-Longuera, desde el que yo accedí allá en 1983. Iba en el número 2. Sin más comentarios. En las siguientes jamás se bajó del quinto. Que sí, es muy bonito eso de que los concejales son de todo el pueblo, pero precisamente por tal motivo, porque seguimos siendo un pueblo hay que estudiar esos detalles que no son vanos ni insignificantes como han querido experimentar.
Ahora voy a utilizar el mismo argumento que les escucho. El PP ha ganado por Manolo (pues ya lo pudieron haber fichado). Pues vale, si ustedes lo creen, voy a hacerles caso (pienso por lo bajini que Adolfo –estuvieron a punto de ficharlo tiempo ha– pinta mucho, y bien). En lógica consecuencia, los realejeros no hemos querido a Oswaldo Amaro, pero tampoco a Miguel Ángel Regalado. ¿O no? Pero la ayuda de Cande, Alejandro y Mari no ha sido un dechado de virtudes. ¿O no? La última citada no alcanzó ni las escaleras exteriores del edificio de la Avenida de Canarias. Quedó a la altura de Correos, casualidades del destino. Sin discutir valías personales, en los pueblos es necesario, como elemento añadido importante, lo que unos llaman carisma y yo denomino ‘un déjame entrar’. Y se tiene o no se tiene. No hay más. No se puede fabricar en laboratorio, en páginas web o en las redes sociales. ¿A qué zonas del municipio representaban los números 2, 3 y 4? ¿Cuál fue el resultado de las mesas de esos distritos? ¿Estoy acaso insinuando algo? De manera clara, tajante y rotunda. Dimisión ipso facto de los cuatro (bueno, la número cuatro que renuncie a entrar porque los electores dijeron que nones), y a dejar paso para que se ‘fogueen’ (perdón por el vocablo, pero me entendieron; o eso espero) los siguientes. Ya aprenderán, como lo hicimos décadas atrás otros jóvenes sin experiencia alguna. Aquí, en estos niveles tan cercanos al votante, no va a funcionar lo de Rajoy, que se presentará una tercera vez, sí, pero se lo están poniendo a huevo.
Como dijo Manolo Domínguez, futuro e inminente alcalde: El PSOE tenía dos problemas importantes: su candidato no era muy conocido y la ola nacional. Lo de la ola nacional no funcionó en La Matanza, en El Rosario, en Adeje, en Vallehermoso, en Agulo, en Alajeró, en Teror, en Fasnia, en San Andrés y Sauces… ¿Por qué? Todos parecen haberse dado cuenta menos los propios interesados. Quítense la venda. Sigan la doctrina del viejo refrán que dice: el amor es ciego, pero los vecinos no.
El PSOE realejero, y olviden todo lo que dejo escrito de aquí hasta el inicio, seguirá mirándose el ombligo, no me prestará el más mínimo caso (ya lo dije anteriormente), ni tiene por qué hacerlo (también lo escribí ya), intentará olvidar en unas semanas el varapalo, seguirá cerrando los ojos ante las sangrías producidas por los que se han alejado al comprobar que no hay programas, ni ideas (solo se aspira a alcanzar el poder y distribuir los chiringuitos), persistirá en cometer errores de libro y en 2015 ¿un tercer intento similar? ¿Para sacar uno (siempre que vayan en coalición con IU)? No se trata de restañar heridas. El boquete es de tal calibre que las tiritas se estallan de risa. Sería idéntica situación a la que se hubiese planteado si Zapatero, como el hombre del campo (¿recuerdan el anuncio?), hubiera dicho sí.
La manía de poner la oreja atenta y en la dirección adecuada (la naturaleza, para mayor suerte, ha hecho posible que los pabellones auditivos externos tuvieran las dimensiones proporcionadas para tal cometido), hizo que se escuchara durante la campaña el que, de perder, al menos tener a uno que pudiera liberarse y poder estar al tanto de los asuntos del día a día (salvo que CC hubiera obtenido otro resultado menos dramático y los hubiese atraído otra vez al redil para conformar otra mayoría). Chiquito consuelo. Pues no me queda otro remedio que recordarle al que aspiraba a liberarse como concejal portavoz de la oposición el artículo 42 de la Ley de la Función Pública Canaria: pone como condición en municipios de más de 20.000 habitantes, un mínimo del veinte por ciento de los sufragios…
(y mañana finalizo)