viernes, 10 de junio de 2011

Crisis socialista realejera (y 4)

¿Entienden ahora que había razones para que no me tentaran?  Los cargos son para servir y no para servirse (¿pongo ejemplos bien cercanos?). Si a un político le exijo responsabilidad, sensatez, prudencia…, a uno que se ampare bajo las siglas del PSOE (por ello pasé hace 28 años) debo demandarle, además, ejemplaridad. Propongo a los candidatos socialistas realejeros no electos que tomen, al estilo de los indignados, la bandera y ondéenla con orgullo. Y eso requiere, conditio sine qua non, que los cuatro jinetes del Apocalipsis (no hallé otra imagen más idónea) den un paso al costado (a ser posible el izquierdo, por favor). Creo que más claro no puedo mostrarme.
Después de votar en la zona que me corresponde (Camino Nuevo), me fui a mi barrio de siempre. En el colegio de La Longuera, donde tuve la oportunidad de saludar en unos minutos a decenas de amigos (menos mal que entre ellos había candidatos y apoderados de todas las formaciones, para que atestigüen que no voy de farol), aún me preguntan por qué no me presento. ¿Creen ustedes, dirigentes socialistas realejeros, que eso es de recibo (por utilizar esta expresión al uso de ustedes mismos sin ir más lejos)? ¿En qué burbuja se hallan metidos que no se dan cuenta de la falta de empatía? Y mis excusas por utilizar esa palabreja que tanto les gusta y que suelen confundir con otros vocablos, pero ese será tema para otra composición. Vuelvo a insistir, ¿creen que todo puede traducirse en ir al festival de Acorán, baile de magos, feria del ganado, festival de las islas, sacarse la foto y salir corriendo a ‘colgarla’? Si mi padre viviera, me soltaría lo de ‘mariconadas’. Esto es mucho más serio que el ji, ji, ji, ja, ja, ja del facebook y del twitter. Pero me temo, reitero, que no va a ser posible.
Y acabo con un asunto que atañe directamente a la familia, porque sé que alguno ya me lo está inquiriendo (mentira cochina, más de uno). Fui a la presentación, junto con mi mujer, de la candidatura del PSC-PSOE en El Castillo porque entendimos que era una obligación moral hacia mi cuñado (hermano de mi mujer), operario del servicio de limpieza del ayuntamiento y afiliado socialista en la agrupación realejera, porque para él, desgraciadamente, se acabaron las campañas y la ‘salsa’ de las confrontaciones y disparidad de criterios. Por él lo hicimos (y lo volveríamos a hacer). Y por él respeté durante la campaña, plasmándolo inclusive en este blog, los principios que creo quedaron apalancados muchos años atrás por mor de componendas que están a años luz de ideas y principios. De ahí surgieron recomendaciones que en esa misma noche de la presentación trasladé a muchísimos candidatos, militantes y hasta las altas jerarquías que vinieron al consabido arrope (si lo sabrá, mero ejemplo, Gloria Gutiérrez). Parece obvio indicar lo de que no surtieron efecto, porque de qué y para qué valen los consejos de una antigualla (sí, con matiz despectivo) que pasó por la política casi sin pretenderlo, hizo lo que buenamente pudo y las circunstancias económicas le permitieron, y se volvió a su trabajo de siempre. Y pasados los años puede presumir con orgullo de ser el alcalde que menos tiempo ha estado en tan importante cargo. Por este costado, el listón bastante bajo, casi al alcance de cualquiera. Y no tuvo asesores, secretarios, gabinetes de prensa. Ni siquiera sueldo (solo una asignación mensual fija equiparada a lo que cobraba como maestro), ni extras, ni dobles pagas, ni cuchipandas varias. Y seguí pagando de mi bolsillo las aportaciones a Muface y la antigua Mutualidad (el seguro, para que se me entienda). Ya lo sé, y se los consiento, me pueden llamar gilipollas. Pero muñidor, tramposo, aprovechado o ladrón, lo tienen difícil. Por ahí sí puse el listón bastante alto. Cada vez al alcance de menos.
Por cierto, y hago el pertinente –y enésimo– inciso: me encantaría que todos esos que ahora enarbolan el denominado registro de intereses (o algo así) como el no va más de la transparencia, acudan a consultar en los me imagino ya viejos papeles de los ayuntamientos de los inicios de esta singladura, que ahora arranca su novena etapa, para que comprueben qué hacíamos, y qué firmábamos, los concejales de aquel entonces. Y lo que más me causa estupor es que en el propio Partido Socialista se planteen esas cuestiones. Me gustaría recordar que dirigentes orgánicos de hace varias décadas siguen en la brecha. Debe ser que han cambiado los tiempos y se impone otra metodología.
Y voy concluyendo. No, los jóvenes no tienen la culpa de nada. Aunque entiendo que la renovación no es cosa de la edad. Pero ya que ha habido una apuesta valiente, déjenles paso, se merecen una oportunidad. No hagan lo que se ha venido haciendo desde siempre: cerrando puertas. Y en este mandato que arranca este próximo día 11, volverán a quedar cercenadas magníficas oportunidades si los que han estado pretenden seguir taponando el acceso. Más claro, el agua. Esa es mi opinión, sujeta a múltiples dictados. Puede ser, sin embargo, otro motivo de reflexión. Como siempre, háganla dentro de tres años y medio. O más. Sería muestra inequívoca de que este aldabonazo (inserto en este blog y a disposición de cuantos aquí se alonguen, mientras Blogger no diga lo contrario) no habría despertado conciencias
¿Deducen los que me han preguntado, directa o indirectamente, mis reticencias a manifestar el parecer de lo acaecido el 22 de mayo próximo pasado? Aunque a estas alturas ya no pienso borrar una línea. Lo mismo he firmado la sentencia de muerte de Pepillo y Juanillo por la osadía. El número de lectores establecerá la calificación oportuna. Y como no hay mal que por bien no venga, si así ocurriese, me dedicaría con mayor énfasis a escribir otras boberías. Y cuando tenga recopiladas unas cuantas, me daré un salto a la Casa Municipal de la Cultura (que también es mía), intentaré hablar con Adolfo, el nuevo concejal del ramo (que lo tiene difícil para superar los amplios logros de su predecesor: el mejor edil en tal especialidad de todos los tiempos), y lo mismo me sigo embarcando en aventuras editoriales.
Bueno, a perdonar la extensión, pero creo que me siento más aliviado. Voy a pesarme. Puede que haya bajado más kilos –menudo desahogo– que en varias caminatas por intrincados vericuetos. Pasaré por la farmacia de Realejo Bajo, recordaré al compañero y amigo José Antonio, y le pediré permiso a Luis para utilizar la báscula gratuita que todavía existe en aquella botica.
Mañana les contaré unas curiosidades –del año de la pera, y eso debe de quedar lejos– relacionadas con mi barrio (Toscal-Longuera).
Hasta luego.