martes, 7 de junio de 2011

Crisis socialista realejera

A modo de introito, unas letras del buen amigo Salvador García: “Las circunstancias que concurren y la evolución más reciente de la sociedad española obligan a repensar muchas cosas, a realizar un ejercicio colectivo, primero de autocrítica y luego de búsqueda de alternativas”. Como decía el recordado Juan ‘Espuela’, allá en La Gorvorana de hace unas décadas, equilicuai; palabreja con la que daba a conocer su coincidencia de planteamientos con el interlocutor de turno (casi siempre en la bodega de Elías o de Siño Juan Ramón y tras el acopio de al menos un par de cuartas de vino chiclana). Primero, autocrítica. Y tras un tiempo prudencial, sigo sin atisbarla. Es probable, me temo, que sea término proscrito en determinados foros.
Creía más interesante la serie que dediqué a la figura del maestro represaliado Alfredo Mederos. No ya por el posible número de lectores (que sabía iba a descender), cuanto por el profundo contenido de sus razonamientos, tanto que le supuso las fatales consecuencias de los efectos (y no colaterales) de la Guerra Civil de 1936. Por ello creí conveniente aparcar otras secuelas: las de las últimas elecciones. Incluso pensaba olvidarme del tema, pues asuntos de los que uno pueda ‘sacar punta’ y redactar el consabido comentario diario no iban a faltar. Pero viene a resultar que alguno de los que suelen leerme, y puede que aspirante en la contienda del pasado 22 de mayo (jolines, no te lo voy a contar con pelos y señales), amén de los que te vas encontrando por la calle, echaba(n) en falta mi parecer, mi valoración, mi punto de vista. No se conformaron con aquel escueto ‘A bote pronto’ del 23 de mayo. Craso error. Porque un servidor, que fue cargo político en un pasado ya bastante lejano, y que ha sido hasta estas próximas pasadas votante socialista (el futuro lo tengo bastante tiznado), y que escribió (pecado aún mayor) lo que plasmado está (las entradas se guardan en el archivo de este propio blog y no han sido borradas), creía (quizás por fidelidad nostálgica) estar obrando adecuadamente. Ahora, mes de junio, hasta el propio presente tiene algún que otro nubarrón. Intentemos, no obstante, ir paso a paso. Espero no perderme (bueno, bastante lo estoy, para qué negarlo).
Y nada mejor que iniciar el recorrido con una cita del maestro precitado: La clase necesita de orientaciones nuevas, extirpadoras de antagonismos y luchas suicidas entre compañeros, ante la imposibilidad de establecer la compatibilidad del ideal político de cada individuo con los intereses colectivos. Urge una propaganda activa, sin claudicaciones impropias de nuestra enorme responsabilidad ante el mundo civilizado, y que esta actitud sirva de apoyo para obtener nuestras aspiraciones; haciéndonos dignos; porque siempre hemos luchado sin más recompensas que la satisfacción íntima del deber cumplido.
Alfredo Mederos, allá en el lejano 1922, hacía referencia a la clase docente, al magisterio, pero sigue siendo válido para el contexto actual, sobre todo para ese socialismo venido a menos, acomodado y jugando a ser progre, que pone en práctica políticas sorprendentes (voy a dejarlo solo ahí), que ejercita lo que no predica, sin proyecto ideológico que pueda diferenciarlo, siquiera mínimamente, de lo que haría el PP, mero ejemplo, y que ha recogido la excepcional cosecha de lo que ha venido sembrando en estos últimos años de deriva permanente.
“O recuperan la esencia del socialismo o perecerán para siempre, aunque tengan a sus espaldas cien largos años” (Herminia Fajardo, puede que menos  parcial y sospechosa que yo). ¡Ah!, y de la cita en cursiva, quédense con la última oración, compendio diferenciador del antes y del después, de los tiempos de la ilusión en el arranque democrático y los de la praxis actual más sujeta a dictados económicos y otras prebendas de mayor o menor porte.
Pero como me cuestionaban el particular caso realejero, aun a sabiendas de que lo que voy a garabatear aquí llevará implícito la ganancia de contados admiradores e innumerables detractores, intentémoslo. Y que Dios (incluso para los ateos) reparta suerte. O reclamemos la intervención de la Alcaldesa Honoraria y Perpetua, en cuyo poder deberá estar aún el bastón de mando que se le entregó en 1985. O puede que la crisis le haya pasado factura y lo mismo lo vendió. Creo que no, porque Juan Manuel, el cura, nunca me contó nada al respecto.
Venía yo notando un ánimo significativamente alicaído en bastantes de los propios afiliados socialistas realejeros desde muchos meses antes de conocerse la composición de la plancha electoral. Y no se recataban en manifestar abiertamente (ya se sabe que la cohesión no ha sido históricamente su santo y seña, y este pueblo no iba a ser una excepción) sus serias dudas de la conveniencia del pacto con CC en este anterior mandato (que no legislatura). Eso, lo menos, puesto que más de uno no tuvo claro ni si el candidato elegido era el mejor cartel que el partido podía ofrecer. No solo sé lo que me digo (y escribo), sino que llegaron a solicitar mi parecer al respecto. Mi respuesta, aparte de tajante, fue obvia: a mí que me registren; ¿acaso estaba yo allí, y en ese preciso momento? ¿Quién soy yo para valorar tales acciones? El tiempo pone y quita razones. Y ahí quedó todo.
Y es que el cambio en la secretaría general –el intercambio de los Miguel Ángel– se entendió como una aspiración desmedida, y bastante anticipada, para alcanzar la nominación oficial a la alcaldía. Y a los hechos me remito por al menos dos razones. La primera viene marcada por el adelantado considerable del proceso a las propias directrices del partido, de tal manera que cuando esferas superiores señalaban que el plazo para conocer los alcaldables debería ser uno, aquí en Los Realejos, y por lo que respecta al Partido Socialista se había precocinado (copio al escindido Santiago Pérez) con bastante anterioridad. Y la segunda –consecuencia de airear lo que deben ser asuntos de régimen interno o de paredes adentro–, el hecho de la propia reunión asamblearia, aparentemente anómala y no sujeta a la reglamentación estatutaria en el reparto de las convocatorias a los afiliados, porque fue recurrida sin que sobre la misma (salvo noticias de última hora, que se dice, y que yo desconozco) haya habido resolución alguna. De estas prisas, que a los realejeros se nos antojó un hay que espabilarse para que no nos quiten el puesto, vinieron rupturas añadidas a las que tradicionalmente se han producido, lo que ha conducido a un partido de lo más ‘partido’ (dividido, fraccionado). Lo que me extraña sobremanera es que lo meridianamente claro para el observador neutral, no se deje entrever para los que se hallan dentro del tinglado. ¿Luchas suicidas entre compañeros?, que decía Alfredo Mederos (quien fuera también secretario general de la agrupación socialista realejera allá por mil novecientos veinte y tantos)…
(seguiremos mañana)