miércoles, 29 de junio de 2011

Felicidades, Pepa

Ayer pasé por el ayuntamiento. El de mi pueblo, claro. Y tuve la oportunidad de hablar con el alcalde. Es la segunda ocasión en mi vida que entro en el despacho que ahora ocupa Manuel Domínguez. Eso demuestra que soy uno de los muchos realejeros que no solemos dar demasiada lata. Pero sí que suelo visitar el Consistorio de vez en cuando. Porque allí saludo a muchísima gente. Sobre todo a los que ya llevan unos abriles en su puesto de trabajo. Y la jornada mañanera de este martes 28 de junio, víspera de San Pedro, no fue una excepción. Va uno a resolver cualquier diligencia –como decía mi madre– y se entretiene más de la cuenta. Menos mal que ya, con los años, el carácter previsor te señala que no debes dejar, mientras tanto, calderos al fuego. Por si acaso.
Como no podía ser de otra manera, felicité a Manolo y le deseé toda clase de éxitos en su gestión, puesto que si así ocurriese saldríamos beneficiados todos los realejeros. Y falta que nos está haciendo tras dos mandatos de Coalición Canaria que no se destacaron, precisamente, por su brillantez.
El menda que esto suscribe suele acudir en busca de los concejales de Cultura para ‘tantear’ cómo andan las posibilidades de publicar algo. Sabido es –lo he puesto de manifiesto en este mismo vehículo– que la suerte me fue esquiva con el anterior inquilino de la Casa de la Cultura. Y eso que estoy inscrito en una placa a su entrada. Porque Tomás, aparte de no tener un euro, tampoco estuvo por la labor de contestar a las misivas que recibía. Pero como agua pasada no mueve molinos, tras la breve charla con el alcalde, él mismo me localizó al segundo de a bordo, Adolfo González, primer teniente de alcalde, con quien, asimismo, sostuve otro intercambio de pareceres. Las últimas fallidas experiencias editoriales me han hecho reconducir la situación e intento hallar otras alternativas a esto de poner en circulación las boberías que uno escribe.
Pero como han podido atisbar por el título, los tiros van por otro lado. Ya tendremos tiempo de volver al afer de los libros. Josefa García Domínguez, Pepa, es funcionaria del ayuntamiento desde antes de las primeras elecciones municipales, tras el restablecimiento de la democracia. Y ocupó el puesto de secretaria de la alcaldía durante los mandatos de Santiago Luis, un servidor de ustedes y José Vicente González. Amén de otro periodo anterior. Su profesionalidad y buen hacer en el desempeño de esta labor queda, pues, fuera de toda duda. El paréntesis vino durante los ocho años que Oswaldo ostentó la alcaldía. Por lo visto quería, y así lo puso en práctica, una persona de ‘confianza’. Esa es su terminología. Yo, como hablo y escribo sin tapujos, lo denomino ‘enchufado’. Como el enchufe se quedó sin corriente, ahora toca el cambio oportuno. Y este equipo de gobierno actual ha estimado que procede correr tupido velo y subir (a la primera planta) a Pepa, a la antesala del despacho de la primera autoridad municipal.
De ello hablé un fisco con Manolo. Y me agradaron sus palabras de reconocimiento a los buenos profesionales que hay en la plantilla. Porque siempre, y es el recurso fácil, solo nos fijamos en los garbanzos negros. Que los hay, sí, como en cualquier otra faceta de la vida. Ni más ni menos. Es, como sostengo desde tiempos inmemoriales, el caso de la bombilla fundida en medio de otras noventa y nueve que funcionan a pleno rendimiento.
Pepa es, también, mi consuegra, pero esta felicitación de hoy no es para ella, que ya la tuvo hace unos días con la llegada de Leo, el nieto ramblero-realejero. Que ya está en casa llorando cuando hay que llorar, comiendo cuando hay que comer y durmiendo cuando hay que dormir.
Saben ustedes que unas de mis debilidades es mostrarme bastante reacio a la hora de dar plácemes. Pero como algo –o mucho– recuerdo del viejo ayuntamiento, hoy reconvertido a biblioteca, en el que compartimos muchas horas de “lidiar con gentes”, me apetece, como en su día lo hice con Rayco (ya que menté la Casa de la Cultura), desear a Pepa toda la suerte del mundo en este su ‘nuevo’ destino, que durante tanto tiempo desempeñó y al que retorna para demostrar aquello de donde hubo siempre queda. Reitero mi enhorabuena.