jueves, 30 de junio de 2011

Saber perder

Algunas veces, pocas, he tenido la oportunidad de presentarme a concursos literarios. Casi siempre en verso, y ya es atrevimiento, osadía, temeridad. Y cuando uno realiza tal ejercicio, sabe, debe saber, que está sujeto a la deliberación de un jurado. Y puede que tengas la suerte de que coincida con tus planteamientos el día que escribiste la perorata de rigor, o, y es lo más probable, que no. Si te sorprenden un buen día llamándote por teléfono para indicarte que ganaste un par de euros, miel sobre hojuelas. De lo contrario, a llorar a la plaza. O te resta aún el recurso de poner a caer de un burro a los ineptos que osaron no tomar en consideración tus excelentes dotes de escribano.
En mi caso particular, la verdad es que no me puedo quejar. Porque como pocas han sido las ocasiones que me he atrevido a pasar por semejante trance, pocos desengaños, en lógica consecuencia, he tenido que sufrir. Y como he sido, al contrario, bastante agraciado, me puedo permitir la osadía de recopilar el cúmulo de boberías plasmadas en un cacho de papel y juntarlas para publicarlas en formato libro. Algo de ello habrá en un futuro, eso espero, no muy lejano, e incluiré, por ejemplo, unos sonetos premiados en Burgo de Osma (Soria) y un romance dedicado a las turroneras de Tacoronte y distinguido en el Alhóndiga 2009.
Viene todo lo anterior a cuento del reciente fallo para la designación de la ciudad española que debía compartir, con la polaca Wroclaw, la capitalidad Cultural Europea 2016. Para lo que eran candidatas, aparte de San Sebastián, la finalmente elegida, las ciudades de Zaragoza, Segovia, Córdoba, Burgos y Las Palmas. Y como el comité encargado de tomar una postura se decantó por la que creyó conveniente, no ha sentado nada bien en el resto, algo que parece en principio razonable por aquello de que la esperanza es lo último que se pierde, o a la mar fui por naranjas.
Lo que ya no debe entrar en los cálculos del raciocinio más elemental es que desde Córdoba, Zaragoza y Las Palmas, fundamentalmente, se hayan levantado, en caliente, voces más que discordantes. Y no lo entiendo, porque no se puede argüir con planteamientos tan simplistas como el reproche de haber premiado una apuesta decidida por la paz a través de la faceta cultural. Bien saben ustedes que el tema viene desde bastante lejos. Y en el caso particular de Donostia, todo el expediente fue tramitado bajo un gobierno socialista. El hecho de que Bildu, por sentencia de los tribunales, haya podido acceder a las instituciones, no desvirtúa, en manera alguna, el veredicto.
Me extraña sobremanera el que el propio presidente de la Comunidad canaria haya hecho declaraciones al respecto. Mejor haría en mantener la boca cerrada, mostrar talante de buen perdedor, y ya que accede por segunda vez a ese cargo (sin haber tampoco ganado en ninguna de las ocasiones), dedicarse a trabajar para resolver los otros muchos problemas que tiene no solo Las Palmas sino todo el archipiélago.
Uno puede comprender que el grado de decepción haya sido mayúsculo, fruto quizás de un excesivo optimismo. Pero el hecho de que los miembros del jurado bailaran a ritmo de isa durante la fugaz visita, no da pie al cúmulo de intervenciones descalificando a la elegida. Porque flaco favor estamos haciendo a un proceso al que voluntariamente nos hemos prestado. Y respetamos las normas (bases de la convocatoria) o rompemos la baraja. Las perretas a posteriori poco beneficio aportan.
Aparte de las salidas de tono del alcalde zaragozano Juan Alberto Belloch (quien pide la anulación del proceso, porque, por lo visto, él es más guapo), de la ministra Rosa Aguilar (en defensa de su Córdoba) o de Nardy Barrios (bien le gusta un fregado), el presidente del cabildo, José Miguel Bravo de Laguna alega que “ante una situación política de incertidumbre, San Sebastián debió ser descartada”. Es decir, no ya pone en duda que haya sido la ganadora, sino que no debió pasar el primer corte, eliminada por lo sano. Y punto. Y un ignorante perdido –yo mismo sin ir más lejos– también se cuestiona si no cree conveniente el señor Bravo de Laguna que sería oportuno, por ejemplo, hacer exactamente lo mismo con un político cuyo pasado ofrece serias dudas de si lo trincaron en Londres merced a un extraño asunto de calzoncillos. Porque ya me dirá, ante la incertidumbre, extirpar de cuajo, ¿no cree? A tal cuestión la llamaría un servidor predicar con el ejemplo. ¿O acaso es mucho más fácil capar perros ajenos? Así cualquiera, estimado presidente.
Qué duda cabe que ganar es chachi piruli, pero lo de saber perder se inculca desde la cuna. Sí, lejanos tiempos. Los mismos que llevan ustedes de garbeos (políticos). Y en esto de politizar todo en la vida, no creo sean ustedes ajenos a los enjuagues. Hasta luego.