jueves, 2 de junio de 2011

Fiesta del Árbol en 1927

El programa de actos de la Fiesta del Árbol, a celebrar en Realejo Alto, el 23 de enero de 1927, día del Santo de S.M. el Rey Don Alfonso XIII, es puesto de manifiesto por La Voz del Valle (La Orotava, 19-enero-1927, año I, número 108, página 4). Este era su contenido:
“A la una de la tarde del día reseñado se tocará en la Plaza de la Iglesia el Himno al Árbol, por la banda de música que dirige el culto maestro D. Agrícola E. García. El himno será cantado por los niños de las escuelas de la localidad.
Seguidamente, la comitiva, formada por el Ayuntamiento Pleno, autoridades locales, maestros nacionales con los niños de sus respectivas escuelas, maestros particulares que deseen concurrir y demás invitados, llevando el pendón municipal y banderas nacionales, acompañada de la banda de música, que tocará selectas piezas de su repertorio durante el trayecto, partirá hacia el Calvario.
De tres a cuatro de la tarde se procederá a la plantación de árboles, que quedarán en jaulas protectoras hechas expresamente, por los niños de las escuelas.
De regreso al lugar del inicio, se volverá a entonar el Himno al Árbol y se leerán algunos trabajos acerca de la importancia del árbol en la sociedad, así como relativos a la onomástica de S.M.  A continuación, se tocará la Marcha Real.
Las autoridades, maestros y demás invitados serán obsequiados en las Casas Consistoriales (que estarán cuidadosamente engalanadas, luciendo por la noche una espléndida iluminación eléctrica), repartiéndose dulces entre los niños”.
Y el corresponsal del periódico autonomista El Progreso (Santa Cruz de Tenerife, 25-enero-1927, número 6.540, página 1) envía escueta crónica del acto celebrado ese día 23 de enero:
“Se leyeron trabajos de la señora telegrafista, doña Emilia Mesa y de los señores Plasencia y Mederos, haciendo uso de la palabra, con frases galanas y elocuentes, el concejal de este Ayuntamiento, don Pedro Siverio.
Asistieron los niños de las escuelas nacionales, que fueron obsequiados, al igual que los invitados. Concluye con la enhorabuena a los organizadores de tan simpática fiesta”.
Pero es de nuevo en La Voz del Valle (La Orotava, 26-enero-1927, año I, número 111, páginas 1 y 2) donde aparece una detalla crónica del acto celebrado. Que se desarrolló en consonancia con el programa trazado, lo que demuestra una vez más la constante obsesión de  sus autoridades en propagar el amor al arbolado.
“Desde las primeras horas de la tarde comenzaron a reunirse en la Plaza de Viera y Clavijo los niños de las escuelas públicas, de ambos sexos, con sus respectivos maestros, la banda de música, numeroso gentío, autoridades e invitados.
Dio comienzo este cultural festejo cantándose, por un numeroso coro de niños, con el acompañamiento de la banda de música que dirige el Sr. E. Agrícola, el Himno al Árbol, que fue repetido y mereció numerosos aplausos.
Seguidamente salió la comitiva en dirección a la carretera que parte de aquel Realejo a esta Villa, donde se procedió a la plantación de los árboles. Durante esta beneficiosa, patriótica y educativa labor, se dejaron oír los acordes de la referida banda de música.
Regreso al punto de partida, donde hizo uso de la palabra el primer teniente de alcalde, D. Pedro Rodríguez de la Sierra (obsérvese que no concuerda con lo expresado en El Progreso), quien con elevados conceptos y frases alentadoras, significó la importancia del acto que se acababa de realizar.
Leyeron los trabajos alusivos, que reproducimos a continuación, la culta telegrafista, Srta. Emilia Mesa Marrero, y el maestro de la escuela de la Cruz Santa, don Vicente Plasencia Crisóstomo.
El también maestro D. Alfredo Mederos Galán (Maestro de la escuela de La Longuera, antes, Realejo Alto; hoy, Los Realejos) y algunas niñas de la escuela de la Srta. Áurea Méndez Hernández, dieron lectura a algunos escritos propagadores de la idea y recitaron poesías.
Tras la expresiva felicitación a cuantos tomaron  parte en la fiesta, la transcripción literal de los discursos del maestro de la Cruz Santa (Sr. Plasencia Crisóstomo) y Dª. Emilia Mesa (En la revista Hespérides, número 44, octubre de 1926, monográfico dedicado a Los Realejos, publicó un interesante artículo: La Virgen del Carmen y los marinos). Que por su importancia, por reflejar la verdadera esencia de los actos que por aquella época se celebraban y por el contrapunto que nos brindan a los que ochenta y tantos años después estamos inmersos en reformas educativas y cuestionamos la indefensión a la que estamos sometidos en actividades como las aquí comentadas, nos parece de todo punto lógico incluir seguidamente.
Discurso del maestro de La Cruz Santa, don Vicente Plasencia Crisóstomo:
“El ilustre Ayuntamiento del Realejo alto, dando una prueba más de su amor a la escuela, ha querido celebrar en el día de hoy, sin regatear los medios indispensables, la Fiesta del Árbol.
Nosotros, los maestros, que tenemos a nuestro cargo una misión tan penosa y perseverante como lo es la enseñanza –a pesar de lo que se diga en contrario–, nos es casi imposible componer unas cuartillas, para salir del paso lo menos desairados. Pero a su solo llamamiento, nuestro corazón está dispuesto a cooperar, si no brillantemente como lo haría una pluma privilegiada, porque nuestros conocimientos, un tanto exiguos y desordenados, no nos lo permiten, al menos con esa alteza de miras, que nacidas al calor de un entusiasmo, invitan al perdón.
Nuestra isla, a quien se atribuía el nombre legendario de Atlántida, fue en los comienzos de su conquista de una frondocidad [sic] prodigiosa, bosques amenos circundaban y coronaban sus valles, a decir que en ella existían los campos Elíseos. La histórica ciudad de los Adelantados, recibía el nombre de Hespérides, porque en ella se creía existía un bosque de manzanas (Hesperidium). Más tarde recibe el nombre de Afortunada, sin duda alguna debido a la riqueza de su suelo y a las condiciones de su clima privilegiado. El antiguo reino de Taoro, hoy Valle de la Orotava, corte del poderoso Bencomo, ensalzado por ciencias médicas, escritores y artistas, por sus jardines de aclimatación, su riqueza forestal y arbórea, semejaba a uno de esos paraísos imaginarios con que los poetas engalanan sus composiciones líricas. Pero nada más distante de la realidad; hay que reconocer que de día en día va perdiendo nuestra isla su riqueza forestal, unas veces por nuestra negligencia, y otras por las necesidades del cultivo.
Nadie duda la importancia que tiene el arbolado. Desde el punto de vista sanitario, ellos, sin pedirnos nada –porque hasta el agua necesaria para su vida es atraída por ellos– nos proporcionan, en virtud de una función fisiológica –la respiración clorofiliana–, el oxígeno necesario para nuestros pulmones. Tanto mayor es el grado de salud de un pueblo, cuanto mayor sea su riqueza forestal. Si nos atenemos a la vida animal, veremos que desde nuestros alimentos hasta nuestros vestidos son proporcionados por los árboles. Si atendemos al aspecto psicológico, ¿habrá momentos más felices en nuestra vida que cuando descansamos a la sombra bienhechora de un árbol? Ellos son nuestros confidentes, nuestros mejores amigos. Yo no sé. Pero parece que alguna acción sobrenatural obra sobre nosotros cuando a su sombra nos acogemos; en ese instante nuestra imaginación inquieta por múltiples causas, olvida sus infinitas preocupaciones y hace reconcentrar nuestra atención en un solo motivo: el objeto primordial de nuestro pensamiento.
He aquí por qué debemos prestarle todas nuestras atenciones; debemos amarlo (...) y podamos decir como el poeta:
Mi patria no es el mundo, / mi patria no es Europa, / mi patria es de un almendro, / la dulce, fresca e inolvidable sombra”.
Y la culta telegrafista de Realejo Alto, Srta. Emilia Mesa Marrero, dio lectura al siguiente trabajo:
“Acogida con beneplácito de este Ayuntamiento e iniciada y patrocinada por el dignísimo Alcalde de este pueblo, D. Agustín Rodríguez de la Sierra, y por el entusiasta secretario de este Ayuntamiento, D. Luis Carreño y Ghirlanda, se celebra hoy la Fiesta del árbol, honrándonos de asistir a un acto cultural y altamente patriótico, por constituir una labor de verdadera propaganda y a la vez de suma eficacia por los trabajos de extensas plantaciones de arbolado que con tal motivo se realizan, en pro de la riqueza y embellecimiento vegetal de nuestro  suelo.
No es este un acto que pasada la emoción del momento el tiempo esfuma su recuerdo; no, es este un acto cultural y de aprovechamiento, práctico y perdurable a nuestro país, y de estudio a los niños que les enseña el respeto y cariño que se debe al árbol.
Es plausible bajo todos aspectos y dignos de alabanzas la actitud de sus iniciadores que gracias a sus nobles esfuerzos y entusiasmos han logrado llevar a felix [sic] término tan hermosa obra que les dignifica y estimula como ardientes patriotas y amantísimos hijos del terruño. (seguiremos)