miércoles, 15 de junio de 2011

Hoy me perdonan

Hoy no tengo de qué escribir. Tras la ‘matada’ de colgar fotos en el día de ayer, quedé exhausto. Tanto que allá a media tarde mi fui a dar un pateo. Y debía caminar medio raro porque fueron muchos los coches que me tocaron la pita. Lo mismo iba cambado sin darme cuenta. A no ser, algo bastante improbable, que hubiesen salido todos los lectores del blog al mismo tiempo. Sí, cuando transito por esos arcenes mundanos y alguno me saluda con el bocinazo de rigor, a un servidor le queda el recurso de levantar el brazo, mover la mano y musitar un expresivo “adiós esteee”. Cuando tuerzo el cogote, está tan distante el vehículo que portaba el artilugio que emitió el sonido que lo vuelvo a ubicar en la posición correcta mientras uno se cuestiona para sus interiores íntimos de adentro lo de “¿quién sería?”.
De lo que sí estoy meridianamente seguro es que a la altura de lo que antes era el Bosque de La Gorvorana (¿Tú te acuerdas, Wladimiro?), reconocí a un candidato de estas próximas pasadas elecciones. Fue en uno de esos instantes que vas con la cabeza erguida y la vista al frente (pecho fuera, barriga adentro). Y ni me tocó lo que antes mencioné, ni me dijo así con la cabeza. Yo, como iba a pie, tampoco le pude tocar nada, pero sí que hice así con la cabeza. Oye, lo mismo no me conoce, pero le auguro negro porvenir en eso de la caza y captura del voto perdido.
En la rotonda que está allí mismo (sitúate en el párrafo anterior) ha habido un sinfín de accidentes. Claro, vienen enfoguetados (es el carácter pirotécnico del pueblo) de El Castillo y cuando pisan el freno ya están a la altura del bordillo, y el coche en vez de pararse, vuela. No, no exagero ni tanto así. Si no, explícame cómo demonios se metió uno dentro de la huerta, se incendió y quemó unas cuantas matas (o plantones). Puede ser que se hayan mangado el cable de las farolas, práctica habitual del momento, o que esté tupida alguna canalización. Lo cierto es que la oscuridad es más negra que los sobacos de un grillo una vez el sol nos haya abandonado justo en la dirección del barrio del campo de fútbol de La Longuera. Pero con el pacto cabildero, en unas semanas Aurelio ya tendrá iluminado el entorno. Te apuesto otros cincuenta céntimos. Aunque el último fue el más gracioso. Tú sabes, y habrás oído, lo de afuchirse el camello, ¿no? Pues como allí quedó un desnivel con el camino que  nos conducía tiempo ha a El Jardín, alguien fue a aparcar, el coche se le afuchó y quedó de costado, bien aparcado, pero de lado.
Cuando llegué a mi casa, afortunadamente ileso, escuché nuevamente que Barragán sigue escenificando el que habrá ruptura en las negociaciones con los socialistas, cuando él sabe, a ciencia cierta, que decía mi abuela, que eso no va a ser así. Porque José Miguel es la novia de todos, y la única. ¿El pacto CC-PP? Imposible. Hubo un gallinero con dos gallos aquí en mi pueblo hace unos años y a los hechos me remito. ¿Cuál de los dos se baja del burro en lo de ocupar la presidencia?
Luego hablé con mi mujer y le dije que en las próximas me presentaba. Puso una cara rara. Quiero arreglar unos desperfectos en la casa y con la pensión va la cosa algo ajustada. Espero tener suerte al estilo Santa Úrsula, San Juan de la Rambla, Santiago del Teide…
Bueno, mañana será otro día y surgirá cualquier bobería. Hasta entonces.