jueves, 16 de junio de 2011

Mercaderes

Manifiesta el diccionario que mercader es aquella persona que trata o comercia con géneros vendibles. Y en estos últimos días no ha habido artículo más sujeto a los dictados del mercado que el voto que depositaste en la urna el pasado 22 de mayo. Acudiste a cumplir con el deber ciudadano de más alta estima con toda la ilusión del mundo y… ¡mierda espichada en un palo! A estas alturas la pobre papeleta está más sobada que la masa con la que hicieron el pan del desayuno.
Muchas voces se han elevado en demanda de un profundo cambio de la ley electoral. Sesudos estudiosos y destacados comentaristas han realizado profundos análisis. Raro es el día en el que los medios de comunicación no nos sorprenden con nuevas propuestas. Estoy por asegurar que determinados tratados al respecto llevan tras sí muchos meses de intensa labor.
Mientras, los elegidos también trabajan. Y mucho. Para, sobre todo, hallar la fórmula que les permita otros cuatro años de placentera existencia. En este sentido debe ser Canarias la tierra en la que todo tipo de combinación y arreglo  chapucero son posibles. Porque siempre se harán tales remiendos con la mente puesta en el interés (conveniencia o beneficio en el orden moral o material) general. Bueno, es lo que dicen, pero ya se sabe que de ahí a lo otro hay mucho trecho, y, en realidad, de verdad de la buena, palabrita del Niño Jesús, ellos disponen, como nosotros, de un halo interior denominado subconsciente que les conduce, inevitablemente, al título de aquella obra de Benavente; exacto, los intereses creados: Ventajas, no siempre legítimas, de que gozan varios individuos, y por efecto de las cuales se establece entre ellos alguna solidaridad circunstancial que puede oponerse a alguna obra de justicia o de mejoramiento social. Y que conste que lo de individuos no va con marcado sentido peyorativo. Qué va.
La ley electoral canaria (con minúscula, ¿o se merecen otra cosa?), en el iluso y vano intento de acabar con el denominado Pleito Insular, se inventó la denominada triple paridad. A saber: 15 diputados para cada una de las islas capitalinas, 30 diputados para cada provincia y 30 diputados para las islas mayores y menores. Así se reparten los 60 escaños de Teobaldo Power en los que depositan sus ilustres culos sus señorías (y las nuestras). Saben que para ello tuvieron que expropiar un edificio porque con el que tenían andaban algo estrechos. Sí, no te acuerdas, bajo el asesoramiento de Ruano. Así les fue.
Y digo yo que si no hubo mayores reparos para tal osadía, sería oportuno el que vayan planteando adquirir toda la manzana, con lo que, ya que no se atreven a dar el paso de la circunscripción única, existiría la posibilidad de que se cumpliera el principio de proporcionalidad y pudiéramos, por fin, equiparar el voto de todos los canarios.
Me van a permitir uno datos:
Los censos electorales en esta última contienda eran: El Hierro, 10.250 (6.064); La Gomera, 23.266 (11.850); La Palma, 80.130 (44.780); Tenerife, 674.608 (388.940); Fuerteventura, 56.309 (33.741); Lanzarote, 84.469 (42.862); Gran Canaria, 651.327 (377.722). Entre paréntesis figura el número de votos válidos emitidos, siendo Fuerteventura la que alcanzó mayor porcentaje con un 59,9%, quedándose Lanzarote en un 50,7%. En el ámbito global del archipiélago, para un censo de 1.580.359 electores, se emitieron 905.959 votos válidos, es decir el 57,3%.
Propongo establecer la oportuna regla de tres (simple, como lo son sus señorías) y partiendo del esfuerzo herreño para conseguir sus tres diputados actuales (un partido con 1500 votos, y con el mismo sistema de reparto, Ley D´Hont, ya tiene el sillón asegurado), que los conservaría en esta modalidad que expongo, nos encontraríamos con esta nueva fórmula: La Gomera (de 4 a 7), La Palma (de 8 a 23), Tenerife (de 15 a 197), Fuerteventura (de 7 a 16), Lanzarote (de 8 a 25) y Gran Canaria (de 15 a 191). Tendríamos un magnífico aposento para 462 señorías. ¿Inconvenientes? Ninguno, todo serían ventajas. Enumero algunas:
Expropiar, lo mencioné antes, la manzana completa en Santa Cruz (para las sesiones plenarias) y establecer el carácter rotatorio de las comisiones (un edificio en cada isla, incluida La Graciosa). Se activaría la economía (albañiles, carpinteros, electricistas…), reduciríamos la lista del paro (pon al lado de cada parlamentario los añadidos de secretaria, conductor, traductor –para cuando se celebren las reuniones en La Gomera–, el que trae el vaso de agua, el que le arregla el portátil…). Bueno, no sigo porque tú hallarás otro buen montón.
¿Te parece demasiado? Vale, como solo vota un 60% (número arriba, número abajo), aplícale tal porcentaje a los resultados anteriores y dejamos un ¿hemiciclo? de unos 277 diputados…
¿Entonces la proposición (no de Ley) que argumento carece de fundamento? Lo que sí lo tiene, y en cantidades industriales, es el galimatías en que se hallan inmersos para intentar justificar lo injustificable. Para repartirse los cromos como chicos menudos. Y nosotros consolándonos con ir a ver los tajinastes rojos en las cumbres de esta isla picuda. Cámbiame este que no lo tengo y te doy cinco de estos ‘repes’. Los palmeros, tras la sacudida, obtendrán las ganancias en forma de cuotas a través de los intrincados vericuetos de las consejerías gubernamentales. Nombraremos a Tomás Padrón director general de Energías Renovables, porque su lucidez (Ricardo Melchior dixit) se halla aún al cien por ciento…
Lo dicho, mercaderes. Falta el del látigo que los mande… a trabajar, coño, que ya está bien. Y todavía nos quejamos de los que trapichean con ‘menudencias’ en las esquinas de cualquier plaza. Ineptos. ¿Te fijaste en la conversa de Milagros y Paulino con los miembros de esa comisión que vino a evaluar el sistema educativo canario? Exacto, al medio una traductora. Prueba palpable del éxito alcanzado por el presidente y la consejera en eso que Rivero se jacta de vender: el bilingüismo. Como no se esté refiriendo a lo de lengua bífida. Un día de estos se mueren envenenados al tragarse sus propias declaraciones.
Me voy a caminar a ver se me quita: estoy envenenado.