viernes, 15 de julio de 2011

Ambulancia "mecanizada"

El denominado martes de la embarcación es un día de gran arraigo en Puerto de la Cruz. Desde primeras horas de la mañana los alrededores del muelle pesquero se erigen en punto de encuentro de multitud de personas. Los unos por diversión y los más por devoción. Pero como excelentes vates han cantado y glosado esta festividad, va mi comentario enfocado en estricto sentido matemático ante la avalancha disparatada del número de asistentes que se suele publicar en los diferentes medios de comunicación. Debe ser algo parecido a los que se expresan ante las manifestaciones de cualquier tipo, según la información proceda de la policía, de los organizadores o de los detractores de la convocatoria.
Hemos podido barajar cifras comprendidas entre los treinta mil y cincuenta mil en el momento en que la Virgen del Carmen y San Telmo se dan la vueltita de rigor y Chago Melián nos brinda el consabido Ave María. Son –deben ser– las alegrías a la hora de contabilizar tanto ganado reunido. Y es que una diferencia de veinte mil personas en espacio tan reducido merece algo más de seriedad y respeto. Me da exactamente lo mismo si se han congregado más o menos, la cantidad mayor o la menor, pero a los medios debo exigirles un mínimo de rigor. También leí que llegaron a realizar el cálculo de todos los que pasearon por el muelle durante todo ese martes. Dicen que más de cien mil. Es decir, todos los habitantes del Valle de La Orotava. Debieron contar a los mismos en unas cuantas ocasiones. Porque si ibas a la Plaza del Charco a echarte un cortado y volvías, te habrán sumado doble, digo yo.
Pero esta prudencia en la redacción de las noticias debe ser parecida a la del lumbrera de turno, informador televisivo, que se hinchó de ensalzar la loable iniciativa de tener en el mogollón una ambulancia “mecanizada”. Lo dijo unas tropecientas veces. Y destacó la importancia de poder sacar en un pispás a los intoxicados etílicos (borrachos sucios), incluso a los que sufrieron algún síndrome de lipotimia (o linotipia, que diría otro enterado). Y menos mal, pienso, que el vehículo tenía motor (vamos, era toda una máquina), que si no los tenemos que llevar al hombro al hospital de campaña o encomendarlos a las buenas maneras de los santos y resto del personal celestial. Al que agarró una tranca de campeonato e iba y venía, porque la ingesta no lo dejaba estar quieto, lo habrán anotado en un centenar de ocasiones. Si disponían de un aparatito, habrá pitado como un descosido, más que el arco de cualquier aeropuerto.
Claro, si para conducir un coche te hace falta el carné, para agarrar un micro y comenzar a soltar verborrea barata, por lo visto, el permiso se obtiene fácilmente en la tómbola de la explanada (puede que en la chochona). Menos mal que no se me ocurrió bajar (tuve que ir al dermatólogo en La Villa), porque los mismo con tanto estrés me hubiesen dado un paseo “mecanizado”.
Con estos mimbres, sin embargo, se tienen méritos más que suficientes para ocupar puesto en los noticieros de la Autonómica. La misma que el PSOE no quería y ahora no sabe o no contesta. Porque dentro de poco bastará con poner una cámara en los juzgados, en la oficina de prensa de los cuerpos y fuerzas de seguridad y en la sala de control de tráfico. Y como Paulino pretende darle un margen de confianza a Willy (fuerte abrazo se mandaron en la toma de posesión de Rivero), aviados vamos.
Pues sí, señores, y acabo, lo verdaderamente trascendental del martes festivo portuense fue la ambulancia “mecanizada”. Episodio digno de la rana René, el singular reportero de Barrio Sésamo. Déjalo estar. Hasta la próxima.