miércoles, 20 de julio de 2011

El Burgado (1)

Se dice en el Tomo III, página 683, de la Gran Enciclopedia Canaria que “El Burgado es un lugar costero del municipio de Los Realejos, enclavado en el límite con el vecino municipio de Puerto de la Cruz. Se trata de una pequeña bahía cercada por un gran acantilado, donde se encuentra el Roque del mismo nombre. En la parte E se ha formado una urbanización. Sus habitantes han sido censados en 1991 en el caserío de El Toscal”. Bastante mediocre el texto y cargado de más de una inexactitud. Por ejemplo, ilustrar el contenido con el grabado de J. J. Williams y no ver sino un solo roque. Y me pregunté qué hallaría en la prensa. Pues bastante. En el período comprendido entre 1856 y 1937. Veamos si soy capaz de ordenar los datos. Pero antes:
En la actualidad por El Burgado discurre la flamante nueva vía que evita la siempre masificada travesía de Toscal-Longuera y que permite un rápido enlace entre Puerto de la Cruz y Los Realejos. Hace apenas unos años todo era muy diferente. Véase las ilustraciones al respecto. Y algo más atrás aún:
Al oeste de Puerto de Puerto de la Cruz, un poco más allá de Loro Parque y del barrio de Punta Brava, y  ya en el término municipal de Los Realejos, se encuentra el Hotel Maritim. El edificio está enclavado sobre el acantilado de la "Punta de la Piedra Grande", con una espectacular vista hacia el oeste (Playa de Los Roques del Burgado).
Lo que tal vez pocas personas saben es que en ese mismo lugar existió, hace ya muchos años, una posada, o "pensión", para visitantes en una amplia casa terrera, con tejado de estilo tradicional canario, propiedad de un tal señor Mederos. Tenía un pórtico o galería que se extendía a lo largo del costado sur de la casa, es decir, el orientado hacia la cumbre. Allí la señorita Edith Brown, inglesa y enfermera de profesión, montó su pensión a finales del siglo XIX. Duró hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914.
¿Por qué esta pensión para gente enferma en un lugar algo alejado de Puerto de la Cruz? La explicación viene determinada por la existencia de una burga –manantial de aguas termales, muy apropiada para baños curativos– en las proximidades de la edificación.
De la palabra burga debe derivar el nombre de "El Burgao" o "El Burgado", que es como se conoce al lugar. Es mucho más verosímil esta postura, que la de otros que sostienen que el nombre se deriva de los moluscos denominados burgados, ya que estos existen en todos los lugares de la costa de la isla.
La palabra Burgado aparece en el diccionario estadístico-administrativo de las Islas Canarias, de don Pedro Olive, publicado en 1865, en el que dice: "Caserío situado en el término jurisdiccional de Realejo Alto, partido judicial de La Orotava, isla de Tenerife. Dista de la cabeza del distrito municipal 3 km. 754 m., y lo componen 7 edificios de un piso, habitados constantemente por 9 vecinos y 63 almas" [sic]. Uno de los siete edificios era, con toda seguridad, la casa que sirvió, años más tarde, para que Miss Brown montara su pensión.
En el libro "Las Islas Canarias", publicado en Londres en 1911, Florence Du Cane cuenta la existencia de una rara planta –la "Statice Arborea"– en la pequeña bahía de Los Roques (Roque Chico y Roque Grande). Esta pequeña bahía o playa, así como la gran cascada del cercano lugar de Gordejuela, han pasado a la posteridad merced a las litografías del artista inglés J. J. Williams.
En los tiempos de Miss Brown la escena debió ser muy similar a lo plasmado en tales litografías. (Datos obtenidos de Austin Baillon. Casa de la Aduana. Puerto de la Cruz)
No conformes con las pinceladas anteriores nos sumergimos en periódicos de hace bastantes abriles. Y hallamos curiosidades que nos parecieron muy interesantes:
En Eco del Comercio (periódico comercial, científico y literario), 21 de mayo de 1856, página 2, la información de alumbramientos de aguas en la zona. Hacemos, como siempre, la salvedad de que nos limitamos a transcribir literalmente el contenido de la crónica, por lo que insistimos en que no deben asustarse por los errores ortográficos provocados por la acción de los denominados ‘duendes tipográficos’:
“Publicamos con gusto la siguiente carta de nuestro corresponsal. Puerto, Mayo 13 de 1856.
El acontecimiento de la aparición del agua que esplota una compañía de accionistas en un punto cerca de este Puerto donde llaman el Burgado es ciertamente de la mayor importancia para nuestro pais, y aunque ya se haya noticiado en los dos periódicos de la Capital, no dudo de que tendrán una buena acogida los pormenores que paso á relacionar.
Por las dimensiones que han ido tomando estos trabajos, de grande atrevimiento, llegó á practicarse una galería hecha con la mayor inteligencia que tiene hoy 200 varas y ademas las colaterales y otros trabajos de reconocimiento en que hubo que remover muchas dificultades por espacio de 2 años y meses que cuenta de existencia la obra. Viendo los empresarios lo que tardaba la aparicion del agua y poco acostumbrados á estas grandes empresas, llegaron á desmayar en términos, que aun cuando no había cumplido el plazo estipulado con el facultativo Director D. Miguel de la Chapelle, hace cosa de dos meses que llegaron á suspender las cuotas que le tenían asignadas para el trabajo; pero continuaron las que dan á un aficionado ingenioso, que como tal no deja de tener su mérito, para un trabajo de esploracion que hace algunos meses está practicando en la misma costa acantilada donde las aguas tienen su salida neutral, el cual está reducido á desostruirlas con pequeñas galerias en la misma dirección de su corriente interna, habiendo conseguido alistarlas algún tanto mas elevadas. Pero alucinados la mayor parte de los interesados y no juzgando sino por las apariencias, llegaron á abandonar la obra principal dando á esta mas importancia de la que merece. El constante y entendido facultativo siguió sin embargo los trabajos á sus espensas luchando con las dificultades de la obra y sufriendo las consecuencias de una injusta oposición, y no atendiendo mas que á la conciencia de sus cálculos y estudios, ha logrado al fin encontrar enorme caudal de aguas en la misma línea de su galería. En los pocos días que hace se ocupa en desahogarlas tiene ya un caudal considerable que coge una estension de 5 varas en forma de cascada. Es verdad que se hallan algo mas bajas que el nivel de su galería principal, pero según sus cálculos tardará muy poco en hacerlas salir por ella pues los terrenos donde corren tienen un desnivel de 30 por 100: entonces las tendremos á 210 metros de distancia de la costa, á una altura de 80 metros del punto donde salen hoy naturalmente en la costa y á 108 metros sobre el nivel del mar, que es la altura del jardín botánico; lo que proporcionará un abundante riego á una estensa zona de terrenos que de estériles volcanes quedarán convertidos en un gran vergel.
Grande es la gloria que cabe á este ilustrado é infatigable estrangero, al entregar á los empresarios el fruto de sus desvelos; y grande debe ser el parabien que merece de estos y de todo el país donde ha dado tantas pruebas de su inteligencia con resultados ventajosos á la agricultura, haciendo de este modo que se emprendan nuevos ensayos para continuar esplotando este ramo tan precioso y tan abandonado antes de su feliz llegada a nuestras peñas”. (continuará)