jueves, 21 de julio de 2011

El Burgado (2)

Del mismo periódico (Eco del Comercio, 21 de septiembre de 1859, página 1), alguien que se firmaba como ‘Un amigo del país’ nos brinda una extenso artículo, titulado ‘Aguas’, del que entresacamos unos párrafos:
“Las llamas devoradoras habian ya destruido en su mayor parte la panadería del Sr. Torrens y amenazaban invadir las casas vecinas. Los bomberos parados, esperaban impacientes que el agua llegase hasta sus bombas, mientras que algunas gentes acudían con paños mojados. ¡Triste recurso contra un incendio! El lance era apurado, por cierto; pues no ignoraba la escasez de agua que se esperimentaba en esta Capital; habiendo visto, en mis paseos, las fuentes mas secas que un recanton; los naranjos amarillentos, con las hojas marchitas y enroscadas y las tuneras lánguidas y mustias, entregando á las cochinillas hambrientas el poco jugo que les quedaban. Sin embargo, me tranquilizé; porque sabia que el agua no podia faltar para las necesidades del pueblo. Con todo, seria de desear que se aumentase su caudal para tenerla de sobra en momentos de apuro, pues abunda mucho el agua en Tenerife, como voy á probarlo sin mas preámbulo…
En cuanto á las aguas que riegan el hermoso valle de la Orotava, las mas importantes son las de Aguamansa que parecen nacer en la formación traquítica. La cadena de Tigaiga arroja también varios pequeños arroyos, siendo el mas considerable el de la Laura que alimenta los Realejos. De esta cadena, ó de su base, surgen también las aguas del Rey, las límpidas fuentes del Burgado, de la Gordejuela y de la Rambla de Castro, asi como una infinidad de arroyuelos menos importantes se filtran de las laderas de los varios barrancos que cortan los grandes declives del valle, mientras que en el tramo del gran contrafuerte de Tigaiga, las aguas que han seguido las capas impermeables intercaladas entre los basaltos, van á salir al mar por la playa del Callao. No debemos olvidar tampoco el manantial del Dornajito que surge en uno de los grandes barrancos del macizo de Icod el alto…”.
El portuense José Agustín Álvarez Rixo en El Time (7 de mayo de 1869, página 1), y en la conclusión de su ‘Ensayo sobre las señales naturales que anuncian los años fértiles o estériles en las Canarias’, nos señala:
“Asimismo, el haber suspendido su manacion, una de las fuentes del Burgado; fenómeno que sin estar sujeto á (palabra ilegible) fijo, sabíamos por tradición que solia suceder, y hemos visto reproducir, conservándose seca en tales ocasiones por espacio de cinco á siete años, cual lo estuvo la última vez, pasado cuyo término, volvió á brotar aún con más abundancia que lo hacía anteriormente.
El dia 28 de setiembre llovió un poco, según suele acontecer con los vientos N. E. y N. N. E. en el Valle de Taoro; y no obstante la escasez de la lluvia, por la noche corrió con furia el barranco de las Lajas ó de San Felipe, lo cual atribuimos á efectos de alguna bomba ó manga de agua que impelida por el viento N. E. hubo de descargar en lo alto de la cumbre”.
Una Real Orden del Ministerio de la Gobernación, y publicada en la Gaceta el 18 de abril de 1878, es asimismo insertada en el Boletín Oficial de la Provincia de Canarias, 10 de mayo de 1878, página 1. Por su interés, nos permitimos su reproducción literal:
“Remitido a informe del Consejo de Estado el expediente promovido entre el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz de Orotava y la Sociedad denominada Las Aguas en solicitud de que se aprobase el contrato celebrado entre ambas partes para la conducción de aguas á la población, la Sección de Gobernación de dicho alto Cuerpo ha emitido el siguiente dictamen:
Excmo. Señor: Para los efectos de la regla 3ª., artículo 80 de la ley municipal, se ha elevado al Ministerio del digno cargo de V.E. el contrato proyectado ente el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz de Orotava (Canarias) y la Sociedad denominada Las Aguas sobre el modo de utilizar las que corresponden al abasto público.
Habiéndose resuelto de conformidad con lo propuesto por la Seccion por Real órden de 14 de Junio último el expediente instruido con motivo de las diferencias surgidas entre la corporación y la empresa, esta última en junta general celebrada el 6 de Julio siguiente dió amplias facultades á una comisión de accionistas para llevar á cabo el arreglo con la Municipalidad.
En instancia dirigida á la misma hizo presente la comisión el perjuicio que se seguiría á la comunidad de regantes y al pais en general de cumplimentarse en todas sus partes la mencionada Real órden, pues de entregarse las aguas del abasto publico por el barranco del Burgao, segun aquella dispuso, no podria aprovechar la Sociedad las 200 pajas que fluyen en la galería baja, cuyo usufructo pensaba adquirir, perdiéndose en el mar una riqueza tan importante; por lo que suplicaba al ayuntamiento excogitase el medio de conciliar todos los intereses.
La Junta municipal en sesión convocada al efecto del dia 29 de aquel mes, en vista de las manifestaciones de la Compañía, y teniendo en cuenta, entre otras consideraciones, que las aguas de la galeria baja, dada su poca altura, no podian dedicarse al riego, y sólo utilizarse en el abasto de la población y que lo que favorecía á la empresa y no perjudicaba á los intereses locales debía tolerarse y consentirse, acordó por unanimidad acceder á lo solicitado por aquella bajo las condiciones siguientes:
1. El Ayuntamiento permitirá que la Sociedad entregue el raudal de aguas que fluye de la galeria baja (siempre que no baje de doscientas pajas) por el acueducto, hoy sin uso, del Municipio, y esto las percibirá en el callejón del Burgao, garantizando la Sociedad la perpetuidad del expresado volumen por aquel sitio, y cediendo el Ayuntamiento á la comunidad de regantes (sólo para este uso y dicho caso) aquel trozo de acueducto.
2. La vigilancia, conservación y reparación de la expresada atarjea desde el callejón del Burgao hasta la galeria baja correrá á cargo de la Sociedad, sin que el Municipio tenga que hacer ningún gasto por ese concepto, ni para la reedificacion de dicho trozo de acueducto en todo ó en parte si se destruye por la caida de rocas ó por otra causa cualquiera natural ó fortuita, aunque expresamente no se mencione… (continuará)