miércoles, 27 de julio de 2011

Mí no entender

Parece que don Melchor Núñez (biólogo, como Ana Obregón), nuevo y ‘flamante’ (es un decir) viceconsejero de Políticas Sociales e Inmigración, militante de la tropa de Nacho González (CCN), comunista de antaño, socialista de otrora y aspirante a concejal (ahí se quedó), se molestó sobremanera pues no le gustó que le dijeran eso de flamante en una entrevista reciente. Como tampoco supo explicar si su nuevo, ignoro si flamante, partido político (es otro decir) seguía sosteniendo el discurso en contra de todo aquello que nos viniera de fuera, especialmente negrito y en patera (ponle tú el calificativo). Porque, ya se sabe, traen consigo enfermedades raras, nos contagian y se nos caen los atributos (de canariedad centrada y nacionalista). Así se habla, por los Huevos del Teide.
La manía de siempre me hizo ir al diccionario, lugar en el que uno se recoge para consultar (y meditar) las muchísimas dudas que le surgen diariamente. He aquí el resultado:
Flamante. (Del lat. flammans, -antis). 1. adj. Lúcido, resplandeciente. 2. adj. Nuevo en una actividad o clase, recién entrado en ella. Novio flamante. 3. adj. Dicho de una cosa: Acabada de hacer o de estrenar. 4. adj. ant. Que arroja llamas.
Como el señor Núñez no se haya enfadado al pensar que se le equiparó con un dragón cualquiera (acepción cuarta), no entiendo su fastidio. Porque aun siendo así (no creo que de las acepciones restantes tenga queja alguna), no irían demasiado descarriados los tiros –salvo que ahora, tras conseguir la cuota representativa, reniegue de su jefe–, porque ciertos discursos y proclamas son auténticos lanzallamas. Y el que juega con fuego, ya se sabe, mea la cama. O se chamusca un fisquito.
Esto me recuerda, salvando las distancias, cierto lance en una reunión habida en un centro docente de esta isla tinerfeña. Donde salió a colación la palabreja ‘enjundia’ y se armó la marimorena. Y también me volví al diccionario, no sea que el interfecto tenga acceso a este comentario y se empeñe en volver a empezar:
Enjundia. (Del lat. axungĭa, grasa para el eje). 1. f. Gordura que las aves tienen en la overa; p. ej., la de la gallina, la pava, etc. 2. f. Unto y gordura de cualquier animal. 3. f. Parte más sustanciosa e importante de algo no material. 4. f. Fuerza, vigor, arrestos. 5. f. Constitución o cualidad connatural de una persona.
Y acerca del adjetivo correspondiente:
Enjundioso, sa. 1. adj. Que tiene mucha enjundia. 2. adj. Sustancioso, importante, sólido.
Lo aclaro, insisto, porque alguno sigue estando con la sangre caliente y lo observo revoltoso, aunque mezclando el atún con la velocidad y confundiendo churras con merinas (dos razas de ovejas, no sea que coja otra vez carrerilla). Le aconsejo que se mande un buen turrón. De Tacoronte, faltaría más.
Como me soplan que el junior de los Ignacios sigue erre que erre con su discurso xenófobo y racista, me pregunto en qué lugar de la costa va a colocar al viceconsejero con su ametralladora. Arma que virará de vez en cuando por si trinca a Santiago Pérez dando del cuerpo en cualquier descampado de la Punta.
Qué enjambre. Y lo de ayer en el pleno santacrucero, de película. Hacemos una campaña para suprimir el Senado como cámara legislativa inútil (yo también me apunto), pero ¿y la fauna autóctona? Mí no entender absolutamente nada.