lunes, 22 de agosto de 2011

Conjuros del Averno

La historia de hoy comienza con la lectura de un anuncio que me invita a realizar un curso online (es lo que mola en la actualidad). El susodicho me dejará ducho y perfectamente preparado para saber todo, y más, acerca de la electrónica analógica, sus componentes y aplicaciones. Observo que en el vasto programa hallaremos temas tan interesentes como la Ley de Ohm, el Efecto Joule, nos adentraremos en los potenciómetros, resistencias, condensadores, transistores, diodos, enlaces (iónico y covalente), circuitos… Y me quedé, en principio raro. Porque todo ese espectro del saber (y siempre le hago caso a la abuela en que tal cuestión no ocupa lugar) se ha quedado algo desfasado con los increíbles adelantos habidos en este campo. Cuando hemos alcanzado un significativo grado de digitalización, parece que lo analógico nos suena a algo de un pasado ya lejano. Hombre, insisto, no está mal el recordar aquello de la intensidad de la corriente, la diferencia de potencial y la resistencia que ofrecen los conductores, pero entiendo que eso ha quedado en la canción de Karina (el baúl de los recuerdos).
A lo peor estoy completamente errado (hasta puede que herrado) y se avecina emular al gran Nino Bravo con los de “volver, volver, volver”. Y ya que oso inmiscuirme en la futurología (por lo de avecinar), no sé para qué demonios (de ahí lo del Averno) nos preocupamos si nos quedan apenas unos meses para que el gigantesco Hercólubus se acerque tanto a La Tierra que nos va a zarandear de lo lindo. Sí, puede que hayan sido los mayas, o tal vez Nostradamus, pero el 21 de diciembre próximo, a las 23 horas, 11 minutos y 59 segundos (no tendremos tiempo ni para saborear el Gordo navideño), nos iremos todos a tomar viento fresco. Y digo yo que si el planeta de marras hace la visita cada trece mil años, ¿por qué en la anterior no nos mandó a freír chuchangas y nos hubiésemos ahorrado esta dichosa crisis que culminará con esa traca final, mucho más apoteósica que los fuegos artificiales de mi pueblo?
Tanto es así que hasta el propio Papa ya comenzó a sufrir las consecuencias en Cuatro Vientos. Vino un ídem (acompañado de aguacero, puede que tormenta veraniega) y lo dejó sin palabras, lo cortó por lo sano, lo enmudeció. Y la juventud quedose patidifusa. Puesto que unas horas antes les había encomendado que fueran discípulos y misioneros ante el excesivo individualismo predominante. Y añadió: “No se puede seguir a Jesús individualmente ni se puede vivir la fe cada uno por su cuenta”. En conclusión, añado yo, hay que afiliarse. Cualquier dirigente político lo sabe: tiene que haber gente para la pegada de carteles. A la iglesia católica debe estarle pasando lo que a cualquier partido (político): hay siempre varios millones de indecisos. Y por mucho que las estadísticas señalan que cuantiosos son los españoles que se declaran católicos, no es menos cierto que cada vez son también más los que alegan no ser practicantes (la prueba la hallamos en unos seminarios prácticamente vacíos), donde solo va a quedar el recurso de sembrar ‘caña dulce’ (otro día te cuento el chiste). Este incrédulo redomado, sin embargo, está de acuerdo con Su Santidad en lo de seguir a Jesús; no es tan fácil, no; si lo sabré yo.
Que estamos algo nerviosos salta a la vista. En un reciente concurso de belleza celebrado en la localidad gomera de Vallehermoso se eligieron varias misses. Pero un digital de aquella isla debió ponerle demasiado énfasis en el acontecimiento (o los nervios, como antes indiqué) porque a una de las galardonadas la definió como Miss Verano 20112. No cree uno que por mucha belleza que haya portado la candidata, alcanza su plenitud en esa tan lejana fecha. Entre otras cuestiones porque el enorme planeta ni siquiera tiene la intención de dejarnos asomar al 2012, con lo que la independencia de Canarias entrará en nuevo punto muerto. Qué dilema, don José.
Hasta mi amigo de los lunes (él escribe, como es notorio, los domingos), el palmero Wladimiro, quien presentó el libro del gran profesor, y también palmero, Alfredo Mederos: ‘Ensayo histórico-social sobre Canarias y el tabaco’, siguiendo, como siempre, los doctos consejos de nuestro pontífice Benedicto (ya me olvidé de los números romanos), arenga a nuestra juventud para que lean el libro y “a mirar hacia el campo con más cariño”. Hay unos terrenos ciclópeos en Somalia que si los pusiéramos en cultivo, lo mismo podrían salvarse millares de personas que siguen condenadas a morir por no tener un cacho de algo que llevarse a la boca. Pero como manifestó cierto articulista, solo son vidas las que se cercenan. Si fuese una disminución de los valores sociales, una supuesta pérdida de identidad y un alejamiento de un Dios analfabeto geográficamente, lo mismo haríamos otra concentración multitudinaria en cualquier ciudad progre en la que se puedan lucir, en plan romería, elegantes y bien vestidos niños progres, pijos, pero jamás pobres, que veneran a otro mejor acicalado que calza unos llamativos zapatos rojos. Que si los trinca un negrito de allá del Cuerno, lo mismo les manda una fuerte chascada. Por último, me pregunto ingenuamente si esos cardenales (algunos hay) con un color de piel semejante a los hambrientos no ponen en práctica las doctrinas de aquel hijo de un carpintero y…
Quieren, a toda costa, alcanzar el Cielo. Olvidando conscientemente de arreglar primero este Infierno. ¿No es, acaso, otra práctica política más o atisban diferencia alguna? Estoy de un escéptico perdido, cada vez comulgo con menos cosas.