lunes, 29 de agosto de 2011

Vandalismo, olores y otros

El ayuntamiento realejero parece no estar dispuesto –algo que me parece estupendo– a que los vándalos de siempre sigan arremetiendo contra las instalaciones y mobiliario urbanos, dando una mala imagen del pueblo impresionante. Como uno estuvo metido en ese mundo de la docencia hasta el otro día (y no es un decir), sigo preguntándome dónde demonios están los progenitores de semejantes criaturas. Porque, salvo milagro no constatado, alguna mujer tuvo que parir al destrozador de turno y algún hombre tuvo que colaborar en el engendro. Es más, tales comportamientos no surgen porque sí, sino que son el reflejo de una casuística no muy distante de los hogares respectivos. Hace años –muchos–, los periódicos se hacían eco de las multas impuestas por los consistorios a los padres que no cumplían a rajatabla con la obligación de enviar a sus hijos a la escuela. Uno, alejado motu proprio de eso denominado cosa pública, ignora cómo se hallan lo que antes se denominaban ordenanzas municipales. Entre las que debe haber una de buen gobierno, civismo, convivencia ciudadana o como quieran mentarla. Y pienso que el alcalde está facultado para, como mínimo, decirle a los padres que no son padres, que para ser padre hace falta un fisco más que jugar al piche y palmo. Y si no se aviene a razones, soluciones más drásticas y ejemplarizantes tampoco vendrían mal. Y como todos estos asuntos suelen acabar donde siempre: en el juzgado, cuestión positiva sería el que los jueces no se estrujaran tanto los sesos y optaran por dictados del sentido común, antes que resoluciones estrictamente legales y de difícil cumplimiento. Estilo Emilio Calatayud, para entendernos. ¿Rompiste un banco, mi niño? Pues muy bien, el susodicho vale tantos euros. Traducido en trabajos para la sociedad, tantos semanas a tantas horas diarias y si no le embargo el coche a tu padre. ¿Cómo?, vale, pues el del novio de tu madre. Como somos los compis y los amigos de nuestros hijos, así nos va. Coño, que tú eres el padre y no le des más vueltas. Que no sabes, pues úsala solo para mear, carajo.
Menudos olores despedía la depuradora de Punta Brava la semana pasada. Vale, la EDAR (Estación Depuradora de Aguas Residuales). ¿Pero crees que cambiándole el nombre va a salir un tufo con colonia? Chacho, se lo están poniendo a huevo a los que se quieren cargar definitivamente el complejo hotelero del Maritim. En cierto tiempo de ha mucho me dijo un ingeniero que cualquier instalación de este tipo, sea del modelo que sea, tienen un problema grave: la falta de mantenimiento. Y algo peliagudo debe estar sucediendo en esta que mencionamos. Porque conozco algunas ‘descubiertas’ que deben funcionar mejor, pues los efluvios no son captados con tanta intensidad por las pituitarias. Se alegará por enésima vez que la crisis y bla, bla, bla. Si durante dos o tres jornadas al viento le diera por ‘correr’ hacia el este, el asunto quedaría zanjado de manera inmediata. Porque la protesta de los loros sería tan escandalosa que se escucharían los parloteos hasta en la mismísima sede del Parlamento de Canarias, lugar en el que otros ‘habladores’ tienen su echadero, perdón su asiento.
No sé si fue ahí (Teobaldo Power) el lugar en el que Paulino Rivero manifestó: “A nadie en su sano juicio se le ocurriría suprimir los cabildos”. No se aventure demasiado, señor presidente, porque si esa es la conclusión puede ocurrir que una de las premisas del silogismo sea errónea, mejor, aventurada. Ya que cada día que pasa a los ciudadanos de a pie, me incluyo, nos cuesta demasiado pensar si los políticos (ustedes) se hallan, de verdad, en su sano juicio. Si lo cree conveniente podemos hacer un repaso. Porque no solo es Zapatero, chivo expiatorio. No, guárdense sus señorías en remojo. Le pongo un mísero ejemplo: ¿cómo debemos calificar lo del “acercamiento nacionalista estrictamente electoral”? Ya no vale, por lo visto, la moto del pasado mayo. Tendremos que ampliar la jaula (ya que citamos los alados parlanchines) para dar cabida a más gente. No es único el tal Nacho González. ¿O ya no se acuerda cuando eran cuatro en el Congreso de los Diputados y acabaron dos a dos? Son exactamente los mismos quienes ahora, por pura y dura conveniencia (al electorado que le den… morcilla), pretenden darse la mano. Ya puestos a darle la razón al CCN y hagan la coalición más grande. Fuerte mal olor (el de la depuradora también).
Bueno, aprovechen las horas que restan de este agosto que se nos va. Y pongan buena cara para el retorno a las labores cotidianas. Todas.