martes, 6 de septiembre de 2011

Terminal

Dícese (a la usanza de los antiguos diccionarios) del lugar de salida o llegada de una línea de transporte público. Y por ahí van hoy los tiros. Espero no herir las sensibilidades de las muchísimas eminencias que existen dispersas por ese ingente campo abonado que algunos conocen por terreno político.
De mi reciente estancia en La Palma irán teniendo ustedes cumplida constancia gráfica en ambos blogs a partir de ya mismo. Hay de todo, como en botica. Los entendidos encontrarán, sin mayores dificultades ni contratiempos, los consabidos desenfoques, horizontes que perdieron la horizontalidad –no, van a perder la verticalidad– (que no la virginidad), o, parodiando a los albañiles, esto no está a ‘escuadro’. Como fiel seguidor de lo de para gustos, colores, que cada cual opine lo que estime conveniente. Y que no se corte, puesto que de hacer comentarios se trata. Es la razón de ser de este blog. Y de todos aquellos en los que se insertan pareceres. Y habemos unos buenos cuantos.
Como la visita reseñada guarda relación el presente post. Aunque la intención primigenia fue la del descanso y desconexión, no fue ello óbice para que se produjeran varios pateos. Cortos, para desentumecer los bastantes kilómetros motorizados. Dada la relativa cercanía del aeropuerto al lugar elegido para el aposento, hacia allí me dirigí en varias ocasiones crepusculares. En ellas tuve la oportunidad de fisgonear en el flamante edificio de la terminal inaugurada no ha mucho. Y modestamente estimo que se pasaron catorce pueblos (ni uno más ni uno menos), los mismos con los que cuenta la denominada Isla Bonita. No digo yo, líbreme la divinidad, que los palmeros no se merezcan unas instalaciones tan dignas como las de cualquier otro lugar. Pero ostentaciones en una época de crisis como la actual quedan en flagrante fuera de juego. En un país que dispone de aeropuerto sin aviones ni vuelos, nada debe extrañarnos el que se despilfarren los dineros en un recinto que ni equiparándolo al de Los Rodeos, por ejemplo (si me apuran, apunto más alto), jamás se alcanzará una ocupación que justifique el gasto habido. Y si por un casual bastante remoto y mucho más que improbable, aquello consiguiera atender simultáneamente cuatro o cinco vuelos, a buen seguro que La Palma se hundiría porque no aguantaría el peso.
Aparecen cerrados a cal y canto unos aparcamientos que estaban en uso hasta el otro día (el año pasado, sin ir ni un tanto así más allá, recogí allí un coche de alquiler), porque, obviamente, la nueva terminal dispone de otros ‘más bonitos’. Olvidamos, además, que existen dos líneas marítimas que diariamente sostiene mayoritariamente el turismo insular, el que lleva su coche, puesto que un par de horas realiza el trayecto. El pasado día 4 (domingo) pudo ser una buena muestra de la eficacia de esta modalidad de transporte. Tanto es así que las dos compañías aéreas que operan los vuelos interinsulares lanzan endiabladas ofertas de vez en cuando para captar viajeros. Por algo será.
Algunos palmeros que puedan asomarse a este vehículo de opinión saltarán con lo de la mentalidad de isla capitalina. Y no es esa la intención del comentario que tienes ante tus ojos. Porque de ese ‘victimismo’, que estupendamente han explotado muchos personajes por la importancia de unos votos, las mal denominadas islas menores disponen de una red viaria, verbigracia, que bien la quisieran Gran Canaria y Tenerife. No, de lo que se trata, a la manera de entender un servidor lo que es la gestión de los dineros públicos (visión de pueblo), es la de saber mantener el adecuado equilibrio. Y cuando una familia no puede (porque sus ingresos no se lo permiten) acceder a determinados ‘lujos’, no parece conveniente endeudarse hasta el cogote para presumir un fisco. Utilizo este símil pues es el que reiteradamente nos están sermoneando en la actualidad los que ostentan responsabilidades –es un decir– en los gobiernos. Debe ser, estimo, en épocas de vacas flacas cuando la imaginación y el buen hacer marquen la pauta para distribuir los escasos recursos existentes.
Creo que en La Palma se les ha ido al garete la visión de futuro. El propio Paulino es el político que más nos indica que no hay territorio para mucha más gente. Pues esta obra viene a significar el envés de su pensamiento. Y no me suelten lo de visitantes ocasionales. Y mucho menos en esta isla en la que el carácter del isleño marca unas improntas bien acentuadas. No sigo, que me conozco.
Tampoco entiendo a qué esperan para el desmantelamiento de los ‘chiringuitos’ existentes en el terreno que a pie de las imponentes columnas de los nuevos accesos dan una nota bastante negativa. Algo que, desgraciadamente, en La Palma abunda mucho más allá de lo que podría  catalogarse como normal. Lo de El Remo es mera anécdota en este contexto de invasión de los espacios marítimos. ¿Ejemplos? Si yo te contara.
No, no escuché nada respecto a una posible moción de censura en el Cabildo, pero ya se sabe, según mean, piensan. Todo es posible en estos peñascos. Hasta luego.