jueves, 27 de octubre de 2011

De euros y cacas

La Mesa del Parlamento canario, que así se menta, ha decidido trasladarse a El Hierro. No es que se haya roto la que servía de apoyo a las reuniones del Pevolca, ni que el ayuntamiento de El Pinar haya solicitado le repongan la del salón de plenos. Ojalá hubiera sido solo eso, porque con meterla en un barco, asunto concluido. Pero es que la Mesa es un ente abstracto que, como otros tantos, no sirve para nada y nos cuesta un ojo de la cara y parte importante del otro. La forman los señores Antonio Castro (palmero), Julio Cruz (gomero), Manuel Fernández (herreño), José Miguel González (tinerfeño) y Águeda Montelongo (majorera). Y allá se fueron sus señorías para predicar con el ejemplo. Se mandaron unos pescaditos en La Restinga, unas quesadillas en Valverde y el cortadito (con bastante leche y leche, casi tanta como la que ellos tienen) en San Andrés (que los trincaba de paso). Fueron, obviamente, a nada, porque esta institución no pinta un carajo en esta crisis sísmica. Bueno, no pinta en nada, pero en esto menos. Y estando Paulino, quítense los subalternos. Para cualquier novelería no hay debate que valga. A la voz de vamoloslos, arrancan la caña y que se mueran los feos. Que paguen los bobos de siempre.
Ya que mencioné el parlamento, fue en Teobaldo Power donde nuestro querido y estimado (sobre todo por El Día) presidente manifestó que hay por lo menos dos mil médicos que cobran más que él. Vaya mérito tiene eso. Yo juraría que no hay un médico –ni político– que cobre menos que yo. Eso sí que es un logro. Para mí que Rivero piensa que nadie labora más que él. Cree que por estar del tingo al tango todo el santo día, ya es motivo suficiente para que le concedan la medalla al mérito en el trabajo. Chacho, modérate en tus declaraciones públicas (en privado realiza las que te venga en gana). Como dicen los chicos, yo mismo te apuesto un par de sueldos que trabajo mucho más que tú estando jubilado. ¿Te atreves? Espero el envite. De igual a igual, sin asesores, ni secretarias, ni coches, ni escoltas, ni helicópteros. Eso sí, tú pones sobre la mesa tu salario y yo el mío. No te rías antes de empezar, que si no, no juego. Si quieres añadimos los de las mujeres. ¿Cómo, te pasas? Entonces no es una caña ni voy de farol.
Domingo González Arroyo, ese majorero que va y viene, viene y va, parece que lo de no tener papas en la boca le perjudica en más de una ocasión. Está tan acostumbrado a visitar los juzgados que un buen día debe trasladar su despacho. Hace unos días tuvo el enésimo tropiezo con la justicia por unos supuestos malos tratos. No se distingue nuestro hombre por ser gentil y educado con el otro sexo. Tengo la sospecha de que su pensamiento de la mujer es supuestamente similar –intuyo, recelo, entreveo– al de los que la consideran mera máquina de hacer cosas (pon la relación que pasa ahora por tu imaginación), para general solaz y disfrute del macho de turno. Unos dicen que es genético. Otros más barriobajeros, que es cuestión de escrotos. Vale, pues manda eso.
Ayer por la tarde me di una vuelta –hacía muchísimo tiempo que no iba– por el sendero de la costa. Observé que en la zona aledaña a la playa de Los Roques (lo que fue la finca de La Fuente) han procedido a una buena siembra de plantas autóctonas. Y las están regando. Me alegro. Pero no se cansen. Bastantes abandonos ha habido en la parte occidental del Paraje Natural de Rambla de Castro. Lo que me disgustó sobremanera es el lamentable estado del tramo entre ambas Románticas. Ya no es que sean notoriamente visibles las cacas de cuanto animal (racional o no) transita por aquellos lares. La pestilencia es insoportable. Y me temo que si la colonia extranjera de los alrededores no eleva el tono de sus quejas, deberá ser porque los chuchos cagones les deben ser conocidos. Lo malo es que no atisbé en todos los montones de mierda la posible nacionalidad de los excrementos. Pero el hedor lo tuve varias horas adherido a las pituitarias. Cochinos, coño, que son unos cerdos. Mucho más los que sostienen la correa. ¿No me crees? Pues ve y huele tú. ¡Ah!, ten cuidado donde pones los tenis.