jueves, 20 de octubre de 2011

La centralita

La centralita de don José debe ser, como mínimo, tan vetusta como él mismo. Un modelo tan anticuado que está colapsada permanentemente. Y en estos tiempos en los que los adelantos tecnológicos llevan una velocidad de vértigo, no parece ser esta una buena táctica empresarial. Raro es el día (y valga la rebuznancia) que no hallemos cosas parecidas a estas (obtenidas sin orden ni concierto):
“Una vez más la centralita se ha colapsado con las llamadas de apoyo a la defensa que hacemos del pueblo tinerfeño y canario en general”.
“Nuestra centralita se colapsa de tantas llamadas de apoyo y abunda la correspondencia, tanto la convencional como la electrónica, alentándonos a seguir en una línea que no es otra que la defensa de los intereses del pueblo canario”.
“Se sigue colapsando la centralita de nuestra Casa con llamadas de apoyo debido al despótico atropello cometido contra nosotros por quien aspira a ser presidente del Gobierno de Canarias”.
“Ayer se bloqueó la centralita de nuestro periódico ante el elevado número de llamadas de apoyo a nuestro editorial”.
“Sabemos, por las numerosísimas cartas que nos llegan y las no menos numerosas llamadas que algunos días colapsan nuestra centralita telefónica, que cada vez son más los canarios convencidos de que España nos esclaviza”.
“Las llamadas de felicitación por haber incluido en nuestra primera página de ayer el pajarito canario, el cuadro de los guanches, la bandera de las siete estrellas verdes y la oración para que Canarias vuelva a ser de los canarios, colapsaron ayer la centralita telefónica”.
Este prehistórico e inútil aparatejo debe ser el que asimismo utiliza una prima de mi mujer, pues siempre la escuchamos con idéntica cantinela: “Tengo una mamada perdida”.
Hemos, pues, de remontarnos al último tercio del siglo XIX para situar el nacimiento de ese flamante aparato que posee el diario de la Avenida de Buenos Aires (debe ser como aquellos primeros ordenadores que ocupaban una habitación entera), pues, de lo contrario, no se explica el porqué de tanto colapso. Puede que el filtro se haya tupido con la obsesión de poner freno a los que intentan colarse, al igual que ocurre con los comentarios vía Internet (fíjate bien –cuidado que se te parte el ojo– y tienes premio si encuentras uno, solo uno, que contradiga los pensamientos y diatribas del independentista supremo).
Me culturizo un fisco y me entero de que la primera central telefónica fue inventada en 1877 por el húngaro Theodore Puskás, que trabajaba con Thomas Alva Edison quien patentó el teléfono, invento de Antonio Meucci. Y este modelo fue el que heredó el actual propietario del medio de comunicación impreso, sito en la isla más guay del Paraguay (como el anuncio de Renault y su vieja camioneta). Como aquella, y yo no soy tan viejo, que estaba en San Agustín y desde la que Elenita nos ponía en contacto con el gas. Sí, ni número ni nada, simplemente bastaba con “pásame con el gas”. Dicho y hecho, clavija al canto y ya podías solicitar que te trajeran la bombona. Y en la Casona de La Gorvorana estaba el modelo de pared, aún sin disco de marcación y con timbre de campana (chiquito escándalo que armaba). Era el 11, si mal no recuerdo. Y cuando Consuelo (el aparato se hallaba en el corredor) estaba ocupada, teníamos que cogerlo nosotros. Y un buen día tuvo que utilizarlo Siña Frasca, quien ajena a tanto invento moderno lo agarró de tal manera que se ubicó el auricular delante de la boca y el micrófono en la oreja con lo que se hinchó de gritar y la ‘central’, según ella, no la escuchaba. Normal, se le colapsó.
Algo semejante parece estar ocurriendo en cierto local santacrucero. Creyendo poseer un Retro con Bluetooth, lo deben estar trincando por lugar equivocado y, claro, también se les colapsa. Es como el lagarto (o cocodrilo) de ciertas prendas de vestir. Se ve al susodicho con la boca abierta en pose de sufrimiento reiterado. Normal, comenzaron a coserlo por ciertas partes dolorosas de su anatomía.
Como vamos hoy de mayores y de cosas viejas, me acordé, salvando las prudentes distancias, que Elfidio Alonso (exalcalde) e Isaac Valencia (alcalde) ‘presumen’ de no saber nada de ordenadores, que llegaron tarde. Mi amigo Salvador (exalcalde) y un servidor (ídem) navegamos cual avezados marinos. Por lo que es normal el que hallemos anuncios de esta guisa: “¿Su centralita ha quedado obsoleta o muestra fallos y averías? Adquiera la centralita telefónica más adecuada para su empresa, y mejore notablemente su sistema de comunicaciones”.
Existen momentos en la vida en los que uno tiene que ser capaz de dar un buen corte de mangas. No, tirar la casa por la ventana, no; pero actualizarse, sí. Y nunca es tarde si la dicha es buena. O el resto de variantes que torno a dicha sentencia existe.
Hasta mañana. Me están llamado por teléfono y salgo pitando no sea que se me astrinja.