sábado, 29 de octubre de 2011

Sodero

Anoche se presentó el susodicho. Estoy a la espera de que cualquier alma caritativa me remita alguna fotografía. ¡Ah!, mi reconocimiento a Radio Arena por su presencia informativa. Y allí, en la Casa de la Cultura de la Villa de Los Realejos, tuvimos la oportunidad de decir lo siguiente:
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: "Amor, Amor", y que deberían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky (padre de la revolución rusa mucho más que Lenin), estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía:
"¡Envíenme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!"
Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
El 19 de mayo de 1929, en un banquete ofrecido por sus paisanos fuenterinos con motivo del exitoso estreno en Granada de 'Mariana Pineda', Federico García Lorca lanzó la propuesta de crear en Fuente Vaqueros una biblioteca popular; Rafael Sánchez, panadero, organizador del acto, recogió esta iniciativa ofreciendo trescientos volúmenes de su propiedad.
Poco después, el 30 de mayo, la propuesta sugerida por el poeta sería llevada al Ayuntamiento para su aprobación, siendo Federico el encargado de inaugurar oficialmente la Biblioteca pública en septiembre de 1931, durante la Feria del pueblo.
961 meses después, es decir, ahora mismo, tal vez con algún granadino –o granadina– en la sala, aquí estamos, afortunadamente, presentando una nueva criatura literaria. Puede que aún resuenen en no muy recónditos lugares las sentencias de Lorca leídas al inicio de mi intervención. Máxime cuando la crisis, no solo culpable sino también escapatoria y disculpa, unida a los odiosos mercados y a la no menos insaciable y perversa prima de riesgo, es bandera que se esgrime incluso por los que parodian a conveniencia a otro inmortal, Cervantes, cuando en La Gitanilla nos señala: “Y así granizaron sobre ella cuartos, que la vieja no se daba manos a cogerlos. Hecho, pues, su agosto y su vendimia, repicó Preciosa sus sonajas”.
Pero Jesús, es decir yo, no puede quejarse demasiado. Aunque el trecho recorrido hasta esta meta que hoy nos concita no haya sido un camino de rosas, debemos ser capaces de arrinconar los malos tragos, las incomprensiones, los sinsabores y justipreciar esta resultante.
Nace Sodero con el único objetivo de rendir público homenaje al verso tradicional, a la estrofa clásica, a esa que aprendimos en nuestra época de estudiantes y que escandíamos gozosos en lúdicos ejercicios. Que está incompleto, porque faltan redondillas, cuartetas, quintillas y puede que alguna estrofa manriqueña o coplas de pie quebrado. Es, obviamente, otro envite que estoy lanzando a quienes, aun en situaciones comprometidas, son capaces de apostar por atrevidos y por atrevimientos. Ahí estará esa segunda compilación, si ellos, los patrocinadores quieren, y ustedes, mis cómplices, prestan su conformidad.
En esta aventura no me acompañó proyecto editorial alguno, mejor, no me dirigí a empresas editoras que pusieran el nombre, mientras un servidor, al igual que he hecho en solitario, debía rastrear en y a la búsqueda de almas caritativas. Y no me quiero extender para no poner en compromisos y apuros a quienes anhelan abrirse camino. Si me ahogo no recuperando el dinero aportado para cubrir los gastos de la edición que no se pudo alcanzar con las cooperaciones que seguidamente diré, me alegraré de haberme tragado los buches a conciencia, con plena lucidez y en el uso cabal de las escasas facultades o neuronas disponibles.
Por ello, gracias a los ayuntamientos de Los Realejos, La Orotava y Santiago del Teide por su apuesta y comprensión. Espero no haberles defraudado con los renglones del libro y manifestar el deseo de que la colaboración siga siendo una realidad en el futuro.
A las tres empresas que se subieron a este carro, mi reconocimiento y afecto por la osadía. A Isidro, Pedro y Juanjo, cabezas visibles de La Estación El Mirador, Pesegur y Serper, mis felicitaciones por el apoyo. Cuando distribuyan los ejemplares que les han correspondido, indiquen a los destinatarios que los coloquen en cualquier estantería con la contraportada hacia la vista para que se vislumbren bien los logos, algo que hemos querido destacar de manera significativa. A Marianella y a mí no nos va a importar, porque sabemos que cuando les pique la curiosidad les darán la vuelta y entonces los sorprenderemos.
Al personal que trabaja en este edificio que hoy nos acoge también mi gratitud, máxime cuando, tras el periplo perdomero, retornamos, cual hijo pródigo de la parábola, a esta Casa en la que me siento como en la mía propia, y no es porque la placa de su entrada dé a entender que puedo estar pagando yo el Impuesto de Bienes Inmuebles, sino porque me honro con su amistad de ha bastante. Algo que hago extensivo a los Gabinetes de Prensa y Protocolo del Consistorio realejero.
A la empresa familiar Tipografía García, del núcleo villero de La Perdoma, otra de las patrias chicas de quien suscribe, y de la cual debo ser ya socio numerario y confianzudo de honor, mi aprecio más sincero por el trato recibido.
Para Marianella Aguirre, que se embarca ya cual tripulante aguerrida y avezada en esta tercera singladura –y las que quedan–, que me contesta afirmativamente sin saber si la puedo compensar con un euro para el cortado, reiterarle mi amistad en la esperanza de que tiempos vendrán mejores, porque sé que tiene en mente muchas ideas que ojalá se hagan pronto realidad y podamos todos disfrutar de sus artes plásticas.
Álvaro Hernández Díaz, compañero y amigo de muchos gremios, tuvo a bien no solo prologar, y presentar, al recién nacido, sino corregir pacientemente los muchos errores que uno comete, fruto de la pérdida de parte de la sustancia gris y de la envidiable rapidez del método mecanográfico utilizado y que se corresponde con el de quienes hemos llegado tarde a un montón de cosas, entre ellas, la informática, por lo que recurrimos al tecleo con los dedos índices de cada mano, porque, sencillamente, no sabemos dónde demonios meter los ocho restantes. Gracias, Álvaro, por abrir la ventana por la que espero se asomen muchos fisgoneadores.
Cristina Coronado –y Álvarez, por parte de la madre–, joven, guapa y sobradamente preparada, sabe manejar muchas teclas, tantas como las de ese piano que tenemos aquí. Y las combina maravillosamente, las sostiene entre sus dedos echándole muchos bemoles y no fue capaz de negarse a mi solicitud cuando, como contrapartida, le prometí únicamente que le regalaría un libro. Dedicado, eso sí. Con amistades así –gracias, Cristina–, lo mismo estoy dándole la lata a Adolfo dentro de unos meses, con los presupuestos municipales recién salidos del horno.
A partir de hoy podrán hallar el libro en diferentes establecimientos. Porque el que lo haya adquirido esta noche le trasladará al amigo que en aquella décima que apareció en el programa de fiestas se nombra al abuelo del cuñado de aquel pariente lejano del tío político, y que ahora vive en el Sur… Y querrá adquirirlo, claro. Pues puede hacerlo en Tigaiga (las dos, Avenida de Los Remedios y Avenida de Canarias), Yasmín (La Cascabela), Arlequín (San Agustín), Ébano (La Cruz Santa), Internacional (El Toscal), Reyes (Icod el Alto), La Educación (La Orotava, El Puente), La Punta (La Perdoma), Librería Sari (La Guancha) y Calita, en Tamaimo.
¡Ah!, de todas las personas que se mentan en el poemario, permítanme que haga la excepción de rigor para simbolizar esta manía de juntar palabras en la figura de un ser entrañable, optimista, simpático, campechano, en suma, un realejero de honor como lo fue Manolo ‘El marqués’.
Concluyo, que ya he dicho bastante, solicitando mil disculpas por si he dejado a alguien en el tintero. Por ello, a los presentes, a los ausentes con justificación, a los que me llamaron o me enviaron un correo electrónico, a los que he saludado hace un ratito y a los que no, un millón de gracias por hacer posible actos como este. Ojalá nos veamos pronto. Por mí que no quede. Muchísimas gracias.

Y me llegaron unas fotografías de los amigos Carricondo y Peraza. Gracias.