martes, 1 de noviembre de 2011

Las acrobacias de Guadalupe

Ahí la tienen. Bien pertrechada con sus arneses (chacho, ¿se dice así?) y dispuesta a cruzar el río Misisipi, perdón, el barranco de Las Angustias, perdón otra vez, el barranco de  la Malfurada, pasada la Cuesta del Conejo, ahí cerquita de El Pilar, para después del ejercicio mandarse un tentempié con el que apaciguar los tembleques. Demuestra tal dominio de la situación que el encargado que la vigila desde prudente distancia, no presta la más mínima atención. Lo mismo está aguardando a que se pegue el partigazo per se, que ya tendrá tiempo de socorrerla. A no ser que esté dirigiendo la mirada hacia cualquier otro intrépido que haya querido emular a la presidenta del cabildo de la Isla Bonita. No quisiera pensar que a la inauguración de estas nuevas instalaciones haya acudido asimismo el palmero Wladimiro, ahora que debe estar más descansado tras el amplísimo periplo en la institución homóloga tinerfeña.
La foto, como en ella señalo, la obtuve en el periódico grancanario (mis disculpas a los consabidos) Canarias7. Y cada vez que veo a Guadalupe González Taño, siempre me acuerdo, y no me preguntes el porqué, de mi amiga Hermas Concepción Méndez, que también estuvo en eso de la política en su villa natal de Mazo hace unos cuantos abriles. Y creo que también formó parte de la institución supramunicipal.
Lo que no me parece bien es que la señora Taño no haya invitado a este acto, dado que es un parque pionero en Canarias, a sus compañeros presidentes del resto de ínsulas, en especial a los de las mal denominadas islas mayores, a saber, Ricardo Melchior y José Miguel Bravo. A no ser que hayan quedado fuera del encuadre de la instantánea y lo mismo estén –fuera de cámara– haciendo su particular competición para ver el que llega antes sin irse de mandoble al suelo. Entiendo que en ese hipotético caso, la balanza se hubiese inclinado hacia el lado del tinerfeño por amplísima ventaja. El entrenamiento de altura de Melchior no puede ser alcanzado por Bravo en manera alguna y por mucho que suba varias veces al Roque Nublo. Ni comparanza. Me imagino que ustedes se acuerdan de las imágenes con que nos estuvo bombardeando cierta tele local ha un tiempo. Y es que Ricardo subió al Teide tocado con elegante sombrero de tela (blanco inmaculado, cual nieve del susodicho). Mientras ascendía no lo enfocaron, no sea que el cámara le pisara la lengua. Pero bien diferente fue la bajada. Cuando le restaban pocos metros para depositar su trasero en Montaña Blanca (pa´descansar un fisco), agarró el trípode de Manolo (que sí, que yo lo vi), se lo echó al hombro (tampoco es para tanto el trípode de Artiles) y hasta silbaba la canción de los enanitos de Blancanieves porque no le salía la del puente sobre el río Kwai.
Se ha inaugurado, pues, Acropark, un  parque acrobático forestal, un espacio en medio del monte para practicar actividades al aire libre y así potenciar la salud y el bienestar, en el que la diversión y el desafío son los ingredientes de su receta. Estaría yo por asegurar que si Guadalupe no hubiese alcanzado un acuerdo con los socialistas (los no expulsados), ahora mismo estaría pensando celebrar las sesiones plenarias en plena naturaleza para distender algo, o mucho, la tensión de tanto ajetreo capitalino.
Me han dicho que en El Retiro madrileño quieren hacer algo parecido para que los senadores puedan echar fuera toda la adrenalina contenida tras sus agotadoras jornadas en la plaza de la Marina Española, en ese edificio construido sobre el antiguo Colegio de la Encarnación de religiosos agustinos calzados. Tan en serio se ha tomado esta propuesta mi amigo Juan Borges, candidato al cargo por Izquierda Unida, que sube todos los días a Chanajija y se le ve brincando por las mesas y lanzando gritos a siniestro, para hallarse a punto por si salta la liebre (o cae la breva).
Fíjate, Guadalupe, a todo lo que me dio pie tu aventura por los aires. No desmayes: no pares, sigue, sigue…
Como es festivo, lo mismo me voy a descansar bajo un pino.