jueves, 3 de noviembre de 2011

Manifestación

Estuve contemplando las imágenes que cierta tele local emitió de la manifestación habida en Puerto de la Cruz el 30 de octubre próximo pasado. Y como todos han opinado acerca de las excelencias de su convocatoria, me encantaría darle la vuelta a la moneda y comentar aquellos aspectos que casi todos ven, pero nadie se atreve a sacar a la luz. Porque da la impresión de que los problemas que existen actualmente en la otrora denominada Ciudad Turística, han aparecido de la noche a la mañana, cual una plaga de Egipto, sin que nadie le haya visto las orejas al lobo cuando hace décadas que comenzó la marcha atrás. Y lo que, bajo mi modesto punto de vista, es peor aún: la euforia por pensar que con este proyecto queda todo zanjado.
Hace un rato hablaba con un amigo en un entierro en el barrio de Las Dehesas, que me confirmaba, año arriba, año abajo, el plazo para concluir esta acción, y que yo había estimado en comentario anterior. Y no vayan a creer que ambos estábamos en contra de que se acometiese desde ya, mejor ayer que mañana. Pero mi pensamiento, que me ronda el magín desde ha bastante, va por el qué hacemos ahora, qué lavado de cara hay que darle a Puerto de la Cruz hasta que podamos disponer de esa nueva infraestructura, que conllevará el agravante de dónde demonios metemos todos los coches que ahora hallan allí un estacionamiento más o menos cercano (en malas condiciones, pero aparcamiento, en suma). No atisbo en ninguna formación política un enfoque del panorama a corto plazo (cortísimo, mejor). Alguno lanza propuestas, pero como mal menor, a medio plazo (con la crisis actual, encuadren el muelle deportivo-comercial y no sé cuántas cosas más a muy larguísimo plazo).
Al alcalde villero, Isaac Valencia, escuché hace poco manifestar algo en este sentido: el presente del Puerto. Pero era uno de los tantos que acudió a la Plaza de Europa para enarbolar la bandera de la reivindicación. Y junto a él, toda su corporación, así como la de prácticamente todos los ayuntamientos del norte. Y esa postura, que obviamente no es mala, demuestra un cinismo (político) de mucho cuidado. Porque ninguno de los políticos asistentes (de todas las siglas e ideologías), a tenor de sus declaraciones a la tele de marras, se sentía culpable del meollo de la cuestión. Los mismos que callaron y no pusieron el grito en el cielo cuando el aeropuerto del norte puso el candado nocturno a todo tipo de vuelos, ahora (a buenas horas mangas verdes) reclaman que vuelva a abrirse. Aquellos que se enfrascan en grescas de tres al cuarto a cada instante en El Penitente, salen por la tangente hallando el cabeza de turco en algo llamado Costas. Que debe ser un ente abstracto, al margen de gobiernos y políticos, porque ni PSOE, ni PP, ni el sostenedor de los unos y los otros (palabras suyas, que no mías), es decir, CC, son cómplices de que la ciudad haya ido como el cangrejo. Y los mismos alcaldes o representantes de diferentes fuerzas (políticas o de otra índole) que cerraron los ojos y metieron la cabeza bajo el ala en estas décadas atrás, ahora se alegran, qué procacidad, porque el pueblo haya salido a la calle en una manifestación altamente vinculada e influenciada por los de siempre y para llamar Pinocho a Paulino, porque desde (in)determinado cuarto de comunicación se creó el caldo de cultivo adecuado.
Qué pena contemplar a Marcos Brito diciendo sandez tras sandez y olvidando la sonrisa de oreja a oreja cuando Rivero hizo la tristemente famosa promesa en la Cofradía de Pescadores. Qué lástima observar que Lola se escuda en que formuló una pregunta en el Parlamento a un consejero con el que comparte gobierno. Qué falta de ignorancia la del exalcalde tacorontero, Hermógenes Pérez, con su incontinente verborrea. Y podría seguir con Ledesma (él pasaba por allí, algo que no me extraña, sigue sin habituarse a su nueva residencia), con Luis Miguel, con el matancero Ignacio, con el sauzalero Mariano, con el victoriero Haroldo…
Todos lo dejaron moribundo, pero todos, ahora, como una piña, con este pueblo noble, fiel y guerrero que nos acompaña colapsando las entradas de la ciudad, coincidimos en que el motor del Norte y bla, bla, bla.
Pobres ciudadanos que hemos de recurrir a la recogida de firmas y a manifestarnos en las calles para reclamar lo que creemos justo y necesario. Va siendo hora de que dirijamos nuestras miradas hacia aquellos que dicen representarnos y en los que hemos depositado nuestra confianza a través de las urnas. Empezando por los más cercanos, los que tenemos a las puertas de nuestras casas. Porque no hemos elegido a los concejales (y estos al alcalde) para que se limiten en buscar culpables en otros lugares y en otras esferas. Yo no sé dónde queda Costas, ni tengo que saber a qué organismo compete tal o cual proyecto. Para eso te elegí a ti, que te tengo a medio metro. Muévete que para eso cobras. Y para eso te pago. De no ser así, y como tú no te vas a ir, como no piensas dejar la poltrona, sí que sería conveniente hacer estas asambleas y multitudinarias concentraciones unos días antes de cada cita electoral.
Siento que el pasotismo nos haya invadido en grado superlativo. Y cuando nos movemos, como lo ocurrido en Puerto de la Cruz, esos que nos aventajan en todo, menos en ganas de trabajar, se aprovechan de la coyuntura y arriba pretenden salir reforzados de una situación que ellos han permitido y creado. Los escasos lectores de esta ventana en Internet escogerán la opción de pensar medio segundo con lo de ‘algo de razón tiene’, pero a otra cosa mariposa. Ni siquiera será capaz de decirle al amigo cuando vayan a echarse el cortado, lee tal cosa a ver qué opinas.
Y cuando los otros ocupen su lugar en Costas, se escudarán en la crisis y en lo mal que lo han dejado para que los plazos, más que alargarse se eternicen. Como el cuento de la vieja revejuda. Si quieren lo dejo y hablamos en 2015. Tú y yo habremos envejecido algo; Puerto de la Cruz mucho más, pero ahí seguirán todos los que se lucieron en la pasada manifestación y que ni siquiera tenían que haber aparecido por allí. Pero cuando los propios organizadores propagan a los cuatro vientos que la cosa no está politizada, malo, malo y peor.
Pónganme ya, si les place, en el capítulo de los sospechosos.