sábado, 17 de diciembre de 2011

Un entusiasta dehesero (2)

Y unos días después, Gaceta de Tenerife, 7 de enero de 1928, página 1:
Por nuestros pueblos.  De la vida canaria. Puerto de la Cruz. En Las Dehesas.
La entusiasta y progresiva sociedad Valle de Taoro, del barrio de Las Dehesas, en su última Junta general ha nombrado la siguiente directiva para el año 1928:
Presidente, don Florencio Sosa Acevedo; primer vice, don A. Aquilino Hernández Hernández; segundo vice, don Pablo Delgado Luis; secretario, don Sabas Pérez Correa: vicesecretario, don Antonio Ramón Castro: tesorero, don Santiago Yanes Amador; bibliotecario, don José Delgado Luis.
Comisión de festejos. Presidente don Francisco Hernández Díaz; números, don Pablo Delgado Luis, don Benito García García, don Elías Pérez Delgado, don Agustín Marrero Cabrera, don Tomás Martín García y don Pablo Cabrera Pérez. El corresponsal.
Y una nueva velada es anunciada en Gaceta de Tenerife, 6 de octubre de 1928, página 1. Se palpaba que la impronta cultural era nota dominante en el quehacer de la Sociedad. He aquí la información al respecto:
En el Centro Valle de Taoro. Velada literario-teatral
En los salones de la entusiasta sociedad Valle de Taoro, de las Dehesas (Puerto de la Cruz), tendrá lugar mañana, domingo, día 7 del actual mes una escogida velada literario-teatral .
Dicho festival estará a cargo del Cuadro de Declamación Campoamor del expresado Centro de Instrucción y Recreo, y se celebrará a las ocho y media de la noche.
Primera parte
1. Sinfonía.
2. “En que consiste la dicha”, comedia en un acto y en verso. Reparto: El Sr. Antón, don Eduardo García Carmenate; María, señorita Isabel Garrido Luis; Perico, don Manuel Fernández Fuentes; D. Blas, don Gregorio Fernández García.
3. “Al Valle de la Orotava'', poesía de Guillermo Belmonte Nuller, recitada por don Julián Fernández Calzadilla.
4. “Como rezan las solteras”, monólogo cómico en verso, de Campoamor, por la señorita Dolores García Delgado.
5. “Los tres novios de Petrilla" sainete en un acto y en prosa, original de Magín P. Riera. Reparto: Petrilla, señorita Isabel Garrido Gil; Don Bonifacio, D. Francisco Pérez Correa; Cascarilla. don Julián Fernández Calzadilla; El coronel, don Florencio Sosa Acevedo; Zaragata, don Antonio Rey Alvarez; Cristóbal. don Eduardo García Carmenate; Uno que espera, don Pablo Delgado Luis.
Segunda parte
1. Sinfonía.
2. “Justicia humana", cuadro dramático en verso, original de José Pablo Rivas. Reparto: Blanca, señorita Antonia Delgado Luis: Juan, el reo, don Pablo Delgado Luis: Confesor de la cárcel, Manuel Fernández Fuentes; Hermano de la Caridad, don Eduardo García Carmenate; periodista 1, don Francisco Pérez Correa; periodista 2, don Gregorio Fernández García; Verdugo, XXX.
3. “Unas copitas de más", monólogo cómico, por don Antonio Marrero González.
4. “El anillo de boda”, monólogo dramático en verso, de Campoamor, por la señorita Isabel Garrido Gil.
5. “La venta de la burra”, tragedia sevillana, de Juan F. Muñoz y Pabón. Reparto: un gitano, don Antonio Rey Alvarez; una criada, señorita Isabel Garrido Gil: Don Rafael, don Florencio S. Acevedo.
Resumen de la fiesta, en verso, por don Sabas Pérez Correa.
Hicimos con anterioridad un pequeño comentario acerca de la posición ideológica de Florencio Sosa y su colaboración periodística en un “medio de derechas”. Cuando aún ostentaba la presidencia de la Sociedad Valle de Taoro, en Las Dehesas, nos sorprende con una artículo en el que nos da su versión sobre el Día de los difuntos y la parafernalia que ya se daba a tal celebración, y que trascribo en su integridad. Lo recogió el varias veces mentado periódico (Gaceta de Tenerife) el 2 de noviembre de 1928, página 1:
Una fecha del calendario cristiano: el día de difuntos.
Una lágrima por el muerto, se evapora;  una flor sobre su tumba, se marchita; una oración por su alma, la recoge Dios. S. Cipriano.
Día de difuntos. Tañen los bronces de la torre. Misteriosos instrumentos de la muerte parecen producir el metálico sonido, pausado, penetrante, desgarrador…
El recuerdo taladra nuestro corazón abriendo sepulcros invisibles. Y la que se le estremecieron las entrañas al contener nuestra existencia, aquella de la que somos pedazos desprendidos a fuerza de dolores y sacrificios (imperio de leyes naturales y divinas), viene a habitar en nuestro corazón, que estremecido por el recuerdo hace vibrar todo nuestro ser. La madre, al recordar al hijo muerto, siente un estremecimiento como si a darlo a luz fuera. La que joven aún perdió a su compañero después de haber traído al mundo nuevos seres, enlutada, llorosa acaricia a sus pequeños retoños diciéndoles: rezad, hijos míos, por vuestro padre que está en el cielo.
Todos traen a la memoria, conmoviéndose hasta su última fibra, a los seres queridos que se fueron, pero que viven en un recuerdo torturador, en una tristeza que nos agobia y destroza.
¡Seres que con vuestra eterna ausencia amargáis los instantes de nuestra vida; días felices de nuestra infancia, que ya no volveréis jamás; amores rotos, ilusiones perdidas!... ¿dónde estáis? Un inmenso cementerio es hoy nuestro corazón agrietado por los sepulcros que el recuerdo ha ido abriendo para encerrar tantos seres y tantas cosas que han dejado de ser en la vida material, pasando a las regiones del espíritu. Y mi alma llora sobre esos sepulcros, verdaderas tumbas despojadas de toda vanidad humana y a donde debiéramos ir, no al cementerio material, a dedicar un recuerdo a los que fueron...
El eterno carnaval del mundo no se detiene siquiera breves horas ante el sagrado reposo de los muertos pues entonces no sería eterno... Así el día de difuntos se turba la paz de los sepulcros paseando sobre ellos charlando y riendo. Muy pocos labios se abren para pronunciar una oración por los muertos: reducido es el número de los que guardan un piadoso recuerdo para los que ya no existen: cúbrese, sí, de vanidad sus tumbas como si fuesen altares de boda. Y entonces, cuando la industria y el comercio ha engalanado la morada de los muertos, la multitud va al Cementerio...
El orgullo de los poderosos no se detiene ante la puerta de los cementerios. Siempre erguido penetra hasta, el interior de las necrópolis, construyendo lujosos sepulcros, que, en nuestra opinión, vienen a ser monumentos de ignominia para los muertos, ridícula y triste manifestación del poder del dinero, alarde estúpido ante los humildes nichos y los pequeños sepulcros abiertos en el seno de la tierra.
(continuaremos)