lunes, 26 de diciembre de 2011

Un entusiasta dehesero (4)


Debió escribir Florencio Sosa a lo largo de 1929 un artículo titulado Estampas de la vida rural que fue publicado en La Prensa. Siento no haberlo encontrado, pero me dispensarán ustedes, estimo que sí, porque estos relatos en el blog no pretenden, ya lo indiqué, ser trabajos de investigación (lo dejo para jóvenes más y mejor cualificados), sino meras transcripciones de reseñas periodísticas que ponen de manifiesto la inquietud cultural, fundamentalmente, de quien fuera alcalde portuense y Diputado en las Cortes Generales.
Al contenido del artículo que se alude en el párrafo anterior de Florencio Sosa le replica (ver ilustraciones que se acompañan) José Vázquez y Bello desde Tacoronte y que se identifica, asimismo, como maestro de escuela. El protagonista de La Dehesa, nacido en el seno de una familia de agricultores, debió argumentar que escuela y azada no tenían que ser términos antagónicos (en la época, y hasta hace bien poco, no estudiar significaba ir a jalar por la guataca), y o bien no estuvo muy afortunado en lo expresado o no debió ser interpretado adecuadamente.
A pesar de dejar a la consideración de los que se asomen a Pepillo y Juanillo para que amplíen las fotocopias que se adjuntan y lean cuanto estimen menester, les facilito unas pinceladas:
Hace unos días, el 27 de Diciembre último, vio la luz en GACETA DE TENERIFE un modesto trabajo mío titulado: La Escuela Nacional Graduada y las Escuelas Unitarias (…). Lo tienen ustedes en la primera de las imágenes, por si estiman leerlo en su integridad.
Me ocupaba de la inconstancia en la asistencia a clase, achacando la culpa de esto a los padres de familia que emplean a sus hijos en ciertos quehaceres del campo, ahorrándose así un par de peones, pues ellos, los padres de familia, consideran que la Escuela no da de comer inmediatamente, y creen que estudiando se pierde el tiempo (…)
Si después de cursar la primera enseñanza en un pueblo de campo no tienen, como sucede, facilidad para adquirir otros conocimientos y les sugestionara la afición a ser un buen mecánico práctico, un impresor, o un herrero fundidor, etc., tendrían que dedicarse a la labranza, si sus padres son labradores y si son pobres emigrar o coger la azada (…)
¿Es esto presentar a la Escuela como enemiga de la azada? ¿Es esto mirar las cosas por un cristal muy OSCURO, o ESTAR CIEGO para lanzar a la publicidad CIERTAS COSAS TAN RARAS QUE ASOMBRAN (?); según escribe en un diario de la mañana el señor F. Sosa Acevedo? (…)
Porque si ese señor de Garachico SE PERMITIÓ OPINAR  sobre la no asistencia de los chicos a las escuelas nacionales y dijo «que había que convencer a los padres da que mandando a sus hijos a las escuelas, estos aprenderían a librarse de la azada...», seguramente no lo hizo en el tono despectivo que cree el señor Sosa y Acevedo (…).
Este denominado señor de Garachico tercia igualmente en la ‘polémica’, agradeciendo, obviamente, las atenciones del señor Vázquez y arremetiendo contra Florencio Sosa. Pero, reitero, más que insistir por mi parte en desmenuzar las páginas de los ejemplares de Gaceta de Tenerife, juzguen ustedes mismos tras la lectura de las informaciones que se dejan señaladas. Y no olvidemos que Florencio Sosa simultaneaba su ideología socialista-comunista con una profunda convicción religiosa católica. Lo manifiesto por los enfoques que podamos darle a las opiniones vertidas en estos artículos de opinión. No olvidando, por supuesto, la línea editorial de La Gaceta, y que bien ‘alto y claro’ se expresa en su mancheta.
Seguiremos en una próxima ocasión.