jueves, 8 de diciembre de 2011

Un sueldo normalito


Sus ‘señorías’ (refiérese el vocablo a los parlamentarios –inclúyanse ellas también– que sientan sus  nobles pero depauperadas posaderas en los sillones del expropiado edificio santacrucero de Teobaldo Power –si levantara la cabeza– mediante otra de las múltiples chapuzas habidas en estas ínsulas baratarias) no están dispuestas a prescindir de un euro del mísero sueldo que cobran. Ni, por supuesto, de los otras prebendas (privilegios, Paulino) que tal cargo conlleva y de las que jamás alegan la más mínima palabra.
Ganarían –eterna cantinela– muchísimo más en el sector privado, pero no dudan, ni por asomo, dar el salto a esta frenética actividad por el mero hecho de prestar desinteresados servicios al ciudadano. Pobrecitos, sacrificados, abnegados. Además, trabajan muy duro. Los callos en manos y pies son más ásperos que, cómo te diría, bueno más que el rostro de ellos mismos mismamente.
Justifican estas medidas –la de no bajarse un céntimo– todos los grupos parlamentarios. Para este menester importa un pimiento el ser de izquierdas, derechas, centro o defensa central. José Miguel Pérez, secretario general de los socialistas canarios, consejero de Educación y vicepresidente del Gobierno regional, que cobraría muchísimo más ejerciendo como profesor universitario –y sujeto a las rebajas de rigor–, en un ejercicio de desprendimiento absoluto y de una generosidad singular, también aplaude con las orejas el estatus sagrado de los aforados. Si se sigue recortando la nómina de los servidores públicos, entraríamos en el debate, asegura, de que solo los ricos se podrían dedicar a la política. No, estimado adalid del socialismo moderno, también los maestros van a dar el salto a todas las instituciones públicas. Pero en su caso por lo contrario de lo que sostienes: para cobrar un fisco más. Mera cuestión de lógica. Me avergüenzo de tu discurso, de tus planteamientos. Así les va, sociolistos del tres al cuarto. Al menos permanezcan con la boca cerrada para disimular un fisco. Fíjate, estimado José Miguel, qué difuso se vislumbra el logo del PSOE en la foto. ¿Significativo, no?
Lo de la diputada popular Australia Navarro da la impresión de que la buena señora se halla en las antípodas. Ellos no se subieron, tiempo ha, el 20%; eso es completamente falso, solo actualizaron el IPC. Qué fácil es olvidar. Porque todos los empleados públicos, sobre todo los docentes, vienen reivindicando la pérdida de poder adquisitivo desde tiempos inmemoriales. Y lo que se les ha negado por activa y por pasiva, es argumento válido para los que viajan gratis cada dos por tres, los que tienen una jornada laboral de martes a jueves (y si me apuras, menos) y constituyen  muchas comisiones que les permite estar continuamente del tingo al tango. Pero ellos sostienen que trabajan mañana, tarde y noche. Con toda probabilidad incluyen las labores que sus respectivos partidos les tienen encomendadas. Porque las reuniones de sus formaciones políticas se celebran en horas bien laborables. Ahí tenemos significativos ejemplos en los lunes madrileños. Puedes poner tú los nombres respectivos. Viajan gratis a la capital y les pagan los diferentes organismos: ayuntamientos, cabildos, parlamentos, gobiernos autonómicos… Y durante las campañas electorales te los ves repartiendo propaganda en horario de mañana. ¿O no?
Trabajamos muy duro, dicen. Caras de cemento armado. Si me lo dijera un alcalde o concejal de pueblo (aunque también hay alguna excepción), no solo me lo creo sino que lo ratifico. Porque el ciudadano los conoce y acude a ellos en demanda de ayudas y servicios. Pero ustedes, estimados parlamentarios, solo saben apretar uno de los tres botones que les pusieron delante de sus narices para manifestar la total y absoluta adhesión al jefe que ha leído la perorata de rigor. Y a pesar de haberlos puesto con colores diferentes, alguno se equivoca. Y es que, tras el sueño reparador, las imágenes resultan borrosas. Claro, votar después de tanto trabajo puede provocar tales desaguisados. Gandules. A jalar por la guataca los mandaba yo. Para que aprendan lo que es dar el callo de sol  a sol. Que sí, esto es un discurso retrógrado. Lo de ustedes es suponernos de una estolidez a la enésima. Y en el fondo creo que lo somos.