sábado, 28 de enero de 2012

Aguas revueltas

Menuda polvareda se ha levantado en mi pueblo con cierto acuerdo plenario del pasado jueves. Y eso pasa por empeñarse en ponerle nombres de personas a las calles del municipio, cuando sabemos que el único animal terrestre que se queja por todo es el individuo humano. Y es que por muchos méritos que tenga el designado, siempre habrá otro que se sienta mejor y digno acreedor. Aunque los propuestos sean personajes de Los Realejos, la envidia, pecado capital por excelencia, aflorará a ciencia cierta. Y nada digamos cuando se proponga a un ‘forastero’.

Uno, retirado de casi todo desde ha bastante, ignora cómo se cuecen estos asuntos en el ayuntamiento. Pero me pregunto si para esta clase de resoluciones no sería conveniente ponerse de acuerdo previamente, antes de llegar a este tipo de espectáculos. Y sabiendo los procederes de uno de los ‘elegidos’, hoy mismo los ediles populares serán elevados a los cielos por obra y gracia del todopoderoso, mientras que sobre el resto de concejales caerá un cúmulo de maldiciones que difícilmente podrán salir del Averno en los próximos veinte siglos. A no ser que el Teide reviente antes y acabe con tanta bobería.

Pero voy un poco más lejos: ¿Qué le debemos los realejeros a quien único sabe, amparado en la defensa de su Nivaria querida, lanzar exabruptos, diatribas y ofensas de más que dudosa catadura moral? A un servidor no le gustaría habitar en una calle que lleve su nombre. Así de claro. ¿Por qué no actuaron con mucha mayor ecuanimidad y se acordaron, ya puestos, de don Domingo el de La Hoya?

En fin, aguas turbulentas. Y sin puente. Que también las hallamos en torno al accidentado Costa Concordia. A cuyas ‘míseras celdas’ se retiró cierto cura para sus pertinentes ejercicios espirituales. Me recordó a otro más cercano que, años ha, hacía idéntica jugada con el pretexto de estudiar la religiosidad de otros pueblos, de otras culturas. ¡Ay!, lagartos, dicho, faltaría más, en el sentido coloquial de la palabra (del Olmo dixit), a saber, hombre pícaro. ¿No son ellos los que proponen las amenazas amparándose en lo de Dios te castigó? Pues toma medicina en amplias dosis, caimán (persona que con astucia y disimulo procura salir con sus intentos). Te falló el ídem (intento) y te trincaron.

En la Valencia de cañas y barro no lo llevan mejor. Ayer apareció publicado el manuscrito del jurado popular que declaró no culpable, que no inocente, al señor Camps (y otro). Lo que me ratifica en todo lo expresado en la entrada de ayer. Si el portavoz del mismo –supongo que el más preparado– ha escrito “a deliberado”, perdónenme un fisco que voy a pegarme un tiro de leche en polvo. Mejor, este año, aunque me asfixie hasta reventar, me iré a La Palma a echarme unos buenos polvos con las indianas (que uno sigue siendo tradicional). Chacho, esto es una tomadura de pelo elevado a algo más de la enésima. Hasta el Turia se revolvió todito. Y gracias a los millones de gente de bien que confiaron en mí… Arriba con lecciones de modestia. Así se las ponían a Felipe II, de manera harto “faborable”. Váyanse todos a freír chuchangas.

¡Ah!, Felipe González apoya a Rubalcaba en su decidida apuesta por la renovación y dar los pasos necesarios para que los ‘jóvenes’ accedan a puestos de responsabilidad y tal y cual. Ahora que ya soy capaz de armar el cubo de Rubik sin mayores complicaciones, voy a comprarme unas docenas de boliches de cristal (bidriogas, ¿te acuerdas?) para jugar al piche y palmo con mi mujer. ¡Qué ilusión! Lo vamos a pasar más chachi que el carajo. Y cuando nos cansemos, practicaremos, o lo intentaremos, el del agujero (¿te acuerdas también?). Otro día te lo explico.

Pásenlo bien y cuidado con las lluvias, que bajan las aguas turbias.