martes, 3 de enero de 2012

Benchi Express

He tenido la oportunidad en estos días pasados de realizar la travesía entre San Sebastián y Valle Gran Rey en el buque que cubre la denominada línea marítima interior y que da título al presente post. Lo había hecho con anterioridad cuando el trayecto lo realizaba la compañía Garajonay Express, por lo que creo hallarme capacitado para emitir el correspondiente juicio al respecto. Será, por supuesto, la opinión que como modesto usuario puedo emitir, sin recurrir a disquisiciones de mayor porte. Dejaré a un lado las sentencias judiciales habidas en un pasado algo ya lejano, la desaparición de la empresa que prestó el servicio en sus inicios, las múltiples declaraciones políticas habidas, las amenazas, los dimes y diretes… Porque quizás sea sano ejercicio recurrir a las hemerotecas para repasar un avatar más de cómo en La Gomera se viven los acontecimientos con mucha mayor vehemencia que en el resto de las islas. Y al final, con el agua de borrajas, a perder todos un buen cacho.

Me soplan que este barco, el Benchi, que ahora ya solo viene a Los Cristianos una vez por semana (ignoro si esas eran las condiciones contractuales; creo que no), es una adquisición de Fred Olsen a una naviera italiana, por lo que el susodicho buque debe andar como un servidor en una edad bastante provecta. No obstante, en la web de la naviera podemos leer en estos mismos momentos lo siguiente:

El barco Benchi Express es la última gran novedad de los ferries de Fred. Olsen Express en Canarias, y cubre la llamada línea interior en La Gomera. Desde el pasado 28 de marzo de 2009, este barco catamarán conecta a diario en tiempos muy cortos y con precios muy reducidos Valle Gran Rey (La Gomera)-Playa de Santiago (La Gomera)-San Sebastián (La Gomera) y Los Cristianos en Tenerife (y viceversa).

La puesta en marcha del ferry Benchi Express supone una gran mejora en el transporte marítimo de la isla de La Gomera, que complementa a los otros servicios de Fred. Olsen, S.A. en la Isla, y que además refleja de nuevo el grado de compromiso existente con sus habitantes.


El Benchi Express es un barco catamarán con capacidad para más de 300 pasajeros y que alcanza una velocidad de servicio de 30 nudos. Tiene 40,20 metros de eslora y 10,10 metros de manga.


Los pasajeros disponen a bordo de este ferry de dos cafeterías, amplios asientos, inmejorables vistas hacia el exterior, terraza, televisión, además de la revista Océanos gratis y zona Wi-Fi, donde los clientes tienen la opción de acceder gratis con sus propios equipos a Internet (ordenadores portátiles, PDA, etc.) mientras navegan en el ferry por aguas canarias.


Cuando el pasado viernes (30 de diciembre) salí a las 10 de la mañana de La Villa rumbo a Playa de Santiago, no hizo falta alcanzar la altura de la Playa de La Guancha para comprobar que la imagen que yo recordaba era mucho más agradable que la nueva que estaba viviendo. No atisbé por lado alguno ese grado de compromiso esgrimido en el texto en cursiva de los párrafos precedentes, y el tétrico aspecto (tanto físico como de vestimenta) de los escasos miembros de la crew (único distintivo que los caracteriza), iba en perfecta armonía y consonancia con el desolador panorama del ‘flamante’ catamarán. Las inmejorables vistas al exterior las encuentras cuando lo abandonas por la elegante y cómoda escalerilla (donde el crew de turno permanece atento y con los brazos bien dispuestos por si es menester echar mano –¡ay, listillo!– a la turista poco precavida con los vaivenes de la mar)… Chiquitos morros, compañeros y compañeras, aquellas cristaleras tienen más mierda (y una especie de plástico adherido) que las primeras guaguas rojas de Hernández Hermanos en este Norte tinerfeño hace una buena purriada de años. Por allí no ves Chinguarime, El Medio ni Tapahúga. Y puedes, tal vez, alcanzar a vislumbrar La Rajita porque en la mugre siempre queda alguna ‘rajita’ que le permita a la retina ejercer mínimamente su cometido.

El tapizado de los amplísimos asientos, la mesilla para ubicar el portátil, la bolsa estilo marsupial que contiene el chaleco salvavidas, ¿terraza?… Penoso, tercermundista…

Nada me extrañó que a la vuelta (cuatro y cuarto de la tarde), contando con la presencia de un grupo de excursionistas de un día (todos comprendidos en eso de la Tercera Edad y que les dieron un garbeo en guagua por la isla), se hayan levantado casi todos para localizar esas magníficas vistas por la única rendija decente que se hallaba justo detrás del televisor. Qué espectáculo. Parecían los presos de una cárcel cuando les pica la curiosidad ante un agujero de la pared de la celda.

Creo que las autoridades gomeras algo deben manifestar al respecto. El que el billete pueda ser barato, merced a las subvenciones establecidas (sobre todo para los que los usamos de vez en cuando), no puede ser motivo para esta prestación tan  catastrófica, tan denigrante. Protestas por ‘boberías’ de índole menor he podido evidenciar en este ya asiduo periplo visitante.

Lo mismo Fred. Olsen pretende retornar con este Benchi a la década de los sesenta del pasado siglo. Qué ilusión volver a ser hippie. Y yo con estos pelos.

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